Masacre de Avellaneda

MAXIMILIANO KOSTEKI Y DARÍO SANTILLÁN ¡PRESENTES!

La mañana del 26 de junio de 2002 los movimientos sociales estaban organizando una gran jornada de protestas en los accesos a la Ciudad de Buenos Aires y en el resto del país. Apenas habían pasado seis meses del Estado de sitio, la represión y la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
El gobierno nacional, a cargo de Eduardo Duhalde, elaboró un operativo récord. Por primera vez, actuarían las tres fuerzas federales de forma conjunta. La Gendarmería, la Prefectura y la Policía Federal se sumaron a la policía bonaerense; además de personal de inteligencia y brigadas de civil. Oficialmente, más de dos mil efectivos estaban desplegados en los ingresos a Capital. Extraoficialmente, en Avellaneda participaron muchos más agentes que los reconocidos por las autoridades.
A las 12.42 Maxi cayó de rodillas sobre la vereda de Pavón al 200. Parte de una lluvia de perdigones impactó en su pecho y en una pierna.
La policía seguía disparando. Un militante del MTD, Héctor Fernández, agarró a Maxi del hombro y lo ayudo a caminar durante las tres cuadras que hay hasta la estación de Avellaneda, que se llenaba de militantes buscando refugio. Unos minutos después, Maxi agonizaba en el piso del hall cuando Darío Santillán entró a la estación junto a dos compañeros.
Sobre la avenida Pavón, los manifestantes corrían para protegerse, pero la Policía continuaba tirando gases y se escuchaban disparos. Un grupo de policías se separó y se dirigió hacia la estación.
El comisario Fanchiotti iba al frente. Al ver a los policías entrar con las armas en la mano, varios de los militantes decidieron correr. Darío Santillán se quedó al lado de Maxi, junto a un compañero. El resto logró escapar en un tren que pasaba justo en ese momento. El grupo comandado por Fanchiotti ingresó a los gritos. Con él iban el cabo Alejandro Acosta, el principal Carlos Quevedo, el cabo Lorenzo Colman y el suboficial Marcelo de la Fuente.
El comisario y el cabo le apuntaron a Darío Santillán y su compañero. Les gritaban que se fueran. El compañero de Darío Santillán corrió, pero fue alcanzado por unas postas de goma. Entonces Darío se paró y a los pocos pasos recibió un balazo de plomo en la espalda. Los fotógrafos Pepe Mateos, del diario Clarín, y Sergio Kowalewski estaban en el lugar. Sus fotos serían claves para luego determinar las responsabilidades policiales y desbaratar el relato oficial que señalaba que los piqueteros se habían asesinado entre sí.
Ese día hubo 160 detenidos, más de la mitad mujeres y menores de edad. Según un informe del hospital, durante ese día ingresaron 34 personas con impactos de balas de plomo
Según el informe del hospital, durante ese día ingresaron 34 personas con impactos de balas de plomo.
Cuatro años después, el Tribunal Oral número 7 de Lomas de Zamora sentenció a pena de prisión perpetua a Fanchiotti y a Acosta por los homicidios de Darío y Maxi. Fue la primera vez en la historia que la Justicia argentina condenó a un comisario mayor a perpetua por un crimen sin relación con la dictadura militar. Vega, Quevedo, de la Fuente, Sierra y Colman recibieron entre cuatro y dos años de prisión.
Fuente: CELS – Centro de Estudios Legales y Sociales