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VIOLENCIA DE GÉNERO Y SISTEMA DE SALUD

La violencia en sus diferentes manifestaciones es un tema que nos atraviesa a todas y a todos. Tanto las mujeres como los varones suelen ser objeto y sujeto de violencia, aunque la situación de subordinación social de la mujer, favorece que se transforme con mucha mayor frecuencia, en la destinataria de violencias estructurales y coyunturales. Definir la violencia contra las mujeres implica describir una multiplicidad de actos, hechos y omisiones que las dañan y perjudican en los diferentes aspectos de sus vidas y constituyen una violación a los derechos humanos.

Si bien en este trabajo tomo en particular al sistema de salud, debo dejar explícito que no sólo en el ámbito de la salud las mujeres somos violentadas y revíctimizadas de diferentes maneras. Quiero desarrollar este tema a partir de una consigna que une a todas las mujeres que participan del movimiento de mujeres y que se expresa en cada marcha, en las campañas y todos los años en los Encuentros Nacionales de Mujeres: ?EDUCACIÓN SEXUAL PARA DECIDIR, ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR, ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO PARA NO MORIR.? Esta es una demanda sostenida por diversas organizaciones de la Argentina  -cuyas implicancias señalaré en este trabajo- que sigue siendo tema de debate y forma parte de la agenda pública en relación con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, de cuyo cumplimiento depende en gran parte la eliminación de la violencia contra las mujeres. Por otro lado, me centraré en las dificultades a las que se enfrentan las mujeres cuando demandan el derecho a la salud sexual en los servicios de salud: información y acceso a los anticonceptivos. Además, me referiré a la violencia ejercida en relación con este tema cuando se hace presente la objeción de conciencia por parte de los efectores de salud, sin ofrecer alternativas para el cumplimiento de la Ley. Antes que nada cabe aclarar que he tomado el sistema de salud en relación a la sexualidad de las mujeres, al derecho a tener control sobre su sexualidad, su salud sexual y reproductiva, al derecho a decidir libremente al respecto, sin ningún tipo de discriminación ni violencia. En cuanto a las implicancias de la consigna mencionada, se podrían enumerar muchas y diversas, todas en relación no sólo al sistema de salud, sino al sistema en que desarrollamos nuestras vidas; social, política, económica, cultural e ideológica. Desde ahí es donde se plantean las dificultades a las que se enfrentan las mujeres cuando demandan el derecho a la salud sexual en los servicios de salud. ¿Por qué las mujeres siguen solicitando, reclamando, exigiendo, la educación sexual para poder decidir?, tenemos una Ley Nacional, la 25.673 y un Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable para todo el país, pareciera una contradicción pero no es así. ¿Desde que lugar las mujeres pueden y/o deben ejercer su derecho a informarse y a decidir que método anticonceptivo elegir? Es necesario decir que las condiciones de elección y decisión no son las mismas en todas las mujeres. El reclamo histórico de la ?Educación Sexual para Decidir? tiene muchas connotaciones, una de ellas es ¿quién brinda esa educación? Si es el Estado, lo hace a través de la escuela: docentes, profesores/as; o por medio del hospital público con los/as profesionales de la salud: médicos/as, enfermeros/as, psicólogos/as, etc. Otra es cómo se brinda esa educación, de qué manera y por último qué se dice cuando se habla de educación sexual, en el qué se dice, o que decimos se plantean los acuerdos y desacuerdos en relación a si la mujer está en condiciones de decidir y elegir, ¿es ?conveniente? que una mujer decida si quiere o no tener hijos/as y cuantos/as?, en los hechos sigue siendo un tema de debate, porque las mujeres no deciden libremente el método anticonceptivo, como tampoco deciden libremente continuar o no un embarazo. En la Ciudad de Salta realizamos una consejería en Salud Sexual en el Centro de Salud del Bº San Francisco Solano y se ha podido relevar lo que dicen algunas mujeres: ?hace tres años que me colocaron el DIU y el padre de mis hijos no lo sabe?, ?tengo cinco hijos y como tengo veinticuatro años, el médico me dice: sos joven, te vas a arrepentir si te ligas las trompas, tendrías que pensarlo bien?, ?tengo diecisiete años y mi novio no sabe que me coloco la inyección, me dice que sino quiero un hijo de él es porque no lo quiero?, ?a los catorce años tuve mi primer hijo, hoy tengo 28 y ya tengo seis, quiero ayudar a mi hija mayor que tiene catorce años para que no tenga al hijo que está esperando, es muy doloroso decirlo pero es como que se repite mi historia?. Es cierto que en los Hospitales públicos y salitas son gratuitos los métodos anticonceptivos, pero también es cierto que miles de mujeres no ejercen de manera libre su sexualidad. En la ciudad de Salta un aborto realizado por un médico cuesta entre 800 y 1000 pesos. Y miles de mujeres mueren en la Argentina por abortos clandestinos cada año, lo cual revela dos realidades: la mujer que puede pagar un médico interrumpe su embarazo y la que no, también lo hace, sólo que en otras condiciones, en ambos casos la mujer decide, en un contexto cargado de miedos, desesperación, presiones de todo tipo y en la más absoluta soledad. El derecho a decidir sobre el propio cuerpo es una opción y un derecho personal. Y legalizar el aborto es una necesidad porque son las mujeres pobres quienes sufren o mueren por abortos realizados en la clandestinidad, la ilegalidad da lugar a prácticas diferenciadas según la condición socioeconómica de la mujer y la falta de información, mientras que la mujer mejor posicionada social y económicamente acude a un profesional, las más pobres acceden a procedimientos caseros y de baja calidad, lo cual hace que ponga en riesgo su salud y su vida. La realidad que vive cada mujer cuando continúa a su pesar con un embarazo indeseado, cuando no usa un método anticonceptivo porque a él (su pareja) no le gusta, cuando se sigue ligando la sexualidad sólo a la reproducción, o cuando simplemente no se protege porque nos educaron desde el seno de la familia y pasando por la escuela y otros ámbitos que las mujeres estamos destinadas a ser madres y nos impusieron este mandato social, entonces, ¿qué debemos hacer para romper y terminar con esta sentencia?. Romina Tejerina fue sentenciada a catorce años de prisión porque ?apuñaló lo que nunca pudo reconocer como hijo, con quien nunca pudo construir un vínculo de amor, sino de odio, locura y muerte.(1) Romina no tuvo la posibilidad de elegir porque fue violada y ni de decidir que hacer con el embarazo que jamás deseo y que negó, ella es la expresión de cómo la violencia es ejercida contra las mujeres, de la impunidad y de la doble opresión. Las mujeres sufren una doble opresión, de género por ser mujeres y de clase por ser parte del pueblo, son víctimas de acoso, abuso sexual, violaciones y violencia, cada vez más avanza la prostitución, la trata de mujeres y niñas/os, y la pornografía. Las trabajadoras no tienen igual salario por igual trabajo, ni las mismas oportunidades que los varones y cumplen una doble jornada, fuera y dentro del hogar. Las mujeres consiguieron a lo largo de la historia los derechos civiles, el voto, el divorcio, la igualdad de los hijos/as ante la ley, la patria potestad, las leyes de salud sexual y violencia, pero aún hoy la mujer no puede decidir libremente sobre su maternidad, la interrupción del embarazo está penado por la ley y las prácticas de anticoncepción quirúrgicas no se cumplen en todos los casos. Sigue vigente esta relación dialéctica entre el pasado y el presente de las mujeres, donde predominan las relaciones patriarcales en la familia, los lugares de trabajo, en las instituciones educativas y en el seno de la sociedad toda. ?La interrupción del embarazo es un derecho inalienable de las mujeres como individuas libres y responsables, las discusiones sobre el aborto parten de mantener a las mujeres en una situación de irresponsabilidad, la situación de los niños o los locos. Se supone que la mujer individual no puede decidir si seguir adelante con un embarazo o interrumpir un embarazo indeseado. Se pretende que son padres, maridos, sacerdotes o abogados, o peor aún, médicos, quienes pueden y deben tomar la decisión en vez de la mujer, afectada directamente por el problema en su vida personal y familiar?(2) Son las mujeres, que disponiendo y accediendo a la información necesaria, las que pueden discutir la cuestión del aborto, como una opción personal ante un embarazo no deseado, un embarazo fruto de la desinformación o del fallo de un método anticonceptivo o de un embarazo como resultado de una violación. La situación económica, los modelos de familia sostenidos en una sociedad, los valores y creencias, los mitos y prejuicios, el entorno social y el acceso o no a la información y a los servicios de salud influyen cuando una mujer decide planear un embarazo o interrumpirlo. Por otro lado están los obstáculos y dificultades presentes en el momento en que una mujer demanda sus derechos o cuando solicita información sobre su salud reproductiva. ¿Qué ocurre en el hospital público, en el centro de salud y en la salita?, en Salta existe la Ley 7311 de Sexualidad Responsable, en el último párrafo del Art. 5 dice ?Los profesionales médicos podrán prescribir todos los métodos autorizados por el organismo competente con arreglo a la presente Ley, sin perjuicio de ejercer el derecho de objeción de conciencia.?(3) ¿Cómo es posible prescribir todos los métodos sin perjuicio del derecho de objeción de conciencia del efector de salud? Los derechos sexuales y reproductivos deben ser respetados por todas las personas, por las instituciones y además deben ser protegidos por el Estado. La salud pública es pata todas y todos y no debe vulnerarse el derecho a la información, porque de esta manera se está violando un derecho. El ejercicio de los derechos, en este caso de las mujeres cuando acuden a solicitar información sobre su salud reproductiva, no debe estar subordinado ni supeditado al derecho de la pareja, de la familia, de la comunidad y del estado representado por el efector de salud. Una vez más, se impone el patriarcado y la idea de qué es la autoridad y quién la ejerce en esta sociedad, el predominio del hombre está presente todavía en la esfera pública y privada. Así nació la subordinación y opresión de la mujer por el hombre, ?la violencia contra las mujeres está inscripta en relaciones de dominación patriarcal. Estas relaciones patriarcales están basadas en el dominio de los varones heterosexuales adultos sobre las mujeres y las niñas/os. La violencia es constitutiva de toda política de opresión y sirve, en el caso de la opresión de género, para reafirmar la posición de inferioridad sexual y social de las mujeres?se trata de una cuestión estructural, constitutiva de la dominación?.(4) El lugar de la salud, que debiera estar garantizado en todas sus formas desde el estado, se convierte en otro de los ámbitos donde actúa la violencia de género, ya que las mujeres acceden desigualmente a los recursos básicos de salud y experimentan limitaciones para decidir sobre su vida sexual y reproductiva. Los recursos humanos que pertenecen al sector salud, así como los de la justicia y la educación, lugares concurridos por las mujeres que solicitan algún tipo de ayuda, están cargados de mitos, prejuicios, estereotipos, preconceptos acerca de las mujeres, es por ello que cuando una mujer acude desangrada al hospital es maltratada y denunciada antes de ser atendida. Lo mismo ocurre cuando una mujer denuncia una violación, antes de ser asistida se juzgan los pormenores y los detalles en que ocurrió el hecho: la edad, el vestido, el lugar, etc. Capacitar desde la perspectiva de género a las personas que ocupan puestos en los diferentes espacios de la salud, la justicia y la educación porque en estos espacios se reproduce la violencia, y se victimiza doblemente a las mujeres, una de las estrategias fundamentales a plantear en los servicios de salud es efectuar la sensibilización y capacitación del personal de salud en todos los niveles. Los servicios considerados más eficaces son aquellos que no se rigen por mandatos sociales institucionalizados y su flexibilidad les permite tener en cuenta las situaciones y necesidades individuales. Son los proveedores de servicios de salud los que pueden desempeñar una función esencial al detectar, enviar y atender a las mujeres que sufren y viven con violencia y deberían adoptarse políticas explícitas que aborden la atención de los casos de violencia contra las mujeres y entender que la violencia sexual, física y psicológica es un serio problema de salud pública. Los servicios de salud deben coordinar acciones con otras instituciones estatales y organizaciones no gubernamentales con el objeto de brindar un enfoque integral en la atención a las víctimas y en las actividades de prevención de la violencia. Una cuestión a tener en cuenta cuando hablamos de la salud es la necesidad de incrementar los presupuestos para la atención de salud primaria, dando especial importancia a la salud sexual y reproductiva de niñas y mujeres, de esta forma se garantiza el acceso a servicios de salud gratuitos y de buena calidad. Por último, quiero destacar que siguen abiertos varios debates alrededor del lugar que ocupamos las mujeres dentro de la familia y de la sociedad, y continúan también diversas ideas naturalizadas y arraigadas, de un orden patriarcal para el cual los placeres son de los hombres y los deberes de las mujeres. Así es como la violencia contra las mujeres es ejercida de diferentes formas, de manera desigual acceden a la salud, al trabajo, a la educación, a la información y viven en carne propia la carga de ser mujer y madre. La maternidad no se elige, en esta sociedad se impone.
————————————————————————————(1) Vargas Mariana. ?Romina Tejerina Una historia de miles de mujeres. Agora, Ed. 2006(2) Cifrián,Martinez Ten,Serrano. ?La cuestión del aborto? ICARIA Ed. 1986.(3) Ley Provincial nº 7311 de Sexualidad Responsable.(4) M. Bellotti y M. Fontenla, ?Políticas feministas, antiviolencia y estrategias legales? Travesías nº3 Violencia sexista Control Social y resistencia de las mujeres. Doc. del CEDYM, años 1995.

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