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Sara Delgado/ Tiempo Sur

VÍCTIMA DEL CURA PARMA HABLÓ SOBRE LOS ABUSOS EN PUERTO SANTA CRUZ

Llegó en 2009 para hacer el postulado en Puerto Santa Cruz y vivió junto al cura cuatro años. Hoy, con la detención del sacerdote, el joven que declaró en su contra en la causa por los abusos a menores, relató cómo fue su experiencia a TiempoSur .

Imagen : GK

Jonathan es uno de los chicos que en agosto de este año se presentó en la provincia para declarar en la causa contra Nicolás Parma, el sacerdote acusado de abuso sexual agravado y corrupción de menores, que pasa sus días detenido en una comisaría de Puerto Santa Cruz, por los hechos que acontecieron entre los años 2009 y 2012.

Es de una familia humilde, tiene varios hermanos y sus padres ayudaban con la capilla de su pueblo, en el conurbano bonaerense. En el año 2009, después de un periodo de experiencia vocacional, Jonathan fue enviado a la casa de formación para postulantes que la congregación Discípulos de Jesús San Juan Bautista tiene en Puerto Santa Cruz.

Llegó en marzo de ese año para hacer el noveno grado en el Colegio María Auxiliadora. En la casa no había entonces otros chicos, sólo el presbítero Nicolás Parma, a quien la comunidad conocía como el “Padre Felipe” y Juan Deguer, un hermano profeso.

“Cuando llegué a Santa Cruz tenía 15 años y mi mamá había firmado un permiso para que yo pudiera ir. Les entregó toda mi documentación a ellos y yo nunca más tuve acceso, la guardaban bajo llave” cuenta.

Dice que Parma no era un hombre de buenos tratos. Que hacia afuera podía ser muy carismático pero que hacia adentro tenía arranques de ira, era malhumorado y podía responder a un ¿cómo le va? con un ¿y a vos qué mierda te importa?

“La primera vez que me tocó fue en 2009. Me empezó a llamar a la pieza a jugar. Yo estuve un tiempo sólo porque no había más chicos y el otro hermano que estaba tenía 26 años y se peleaba mucho con Parma, al punto de insultarse y tirarse cosas”, recuerda.

Como la relación era demasiado violenta con el profesor, Parma pide que lo saquen de la casa y es así que durante un tiempo Jonathan se las tuvo que ver con el sacerdote a solas.

“Yo en ese momento no me di cuenta porque él hacía todo como si fuese un juego. Recién cuando me escapé pude saber que Parma ya tenía antecedentes en la congregación, que desde el noviciado venía tocando a otras personas o mordiéndolas. Las primeras acusaciones que tuvo son de ocho años antes de atacarme a mí. Yo averigüé esto porque necesitaba comprender por qué me hizo las cosas que me hizo”, aclara.

¿Pudiste contarle a tu mamá lo que pasaba en la casa?

_No, nosotros no nos podíamos comunicar con nuestra familia. Era un domingo al mes que te podían llamar. Si tu mamá te quería hablar antes, a veces no te pasaba la llamada, les decían que estabas ocupado y te retaban. Entonces tu familia terminaba llamando una o dos veces al mes, cinco o seis minutos, porque cuando hablabas pasaba él y te señalaban el tiempo.

Relato coincidente– Sin embargo ese no era el principal problema, sino el hecho de que a esa edad, ni Jonathan ni el resto de los chicos lograban comprender del todo que eran víctimas de abuso sexual.

Su relato coincide con el de Yair Gyurkovits, un adolescente que llegaría un tiempo después a la casa, pero que fue el primero en romper el silencio y llevar el caso a la Justicia. A comienzos de este año Yair le dijo a TiempoSur que al principio, los abusos se daban en medio de juegos que Parma proponía, incluso en los ratos en los que les prestaba su teléfono para distraerlos.

La escalada de violencia subía y recién luego de aquellos episodios vendrían otros más explícitos, bajo amenaza y zamarreos.

Cuando llegaron los demás chicos – cuatro en total- los abusos a Jonathan mermaron durante un tiempo.

“Ya no me buscaba a mí para hacer su ‘juego’, ya no era yo quien entraba a la pieza. Empezó a estar más solo con el resto de los jóvenes” dice, sobre los chicos con los que compartía la obligación de todas las tareas de limpieza y lustre de la casa, pero además, de tener que dejar todo listo para las ceremonias del día siguiente en la Iglesia Exaltación de la Cruz, misión que a veces le demandaba estar despierto hasta las 3 de la madrugada y después levantarse temprano para ir al colegio.

Parma en cambio no hacía estas cosas. En los testimonios, los chicos dicen que el cura solía levantarse al mediodía y que muchas veces cuando algún vecino o vecina lo necesitaban, los mandaba a decir que estaba ocupado, cuando en realidad no se quería levantar.

¿En ese tiempo había rumores en el pueblo?

Es que nosotros no teníamos permitido hablar con nadie, ni siquiera podíamos decir que comíamos mal o que no teníamos calzoncillos, nada. La gente nos preguntaba cómo estábamos y nosotros teníamos que decir que estábamos re bien porque si no él te retaba, te humillaba en frente de todos.

Llegó un momento en la casa que eran tantos los chicos haciendo el postulado que el Instituto Discípulos de Jesús San Juan Bautista les dijo que no podía costear ni la cuota del colegio ni sus ropas, ni nada. Por eso, a los eclesiásticos se les ocurrió pedirles que salieran a buscar “padrinos”.

Algunos de ellos fueron: Alejandra S, Andrea C, María F, Martín S, Graciela B, Liliana I, Oscar R, Edgardo M y Beatriz S.

No sólo eso. En cierta ocasión, Parma dijo que se había roto el vehículo de la Iglesia, y entonces –según los chicos- la operadora Pérez Companc le propuso pagarle uno. Así, en octubre de 2010, Parma se vino hasta la concesionaria de calle Urquiza de Río Gallegos y compro una Hilux 4×4 blanca.

 

Nadie supo nada– En los cuatro años que Jonathan estuvo en Puerto Santa Cruz, hizo lazos de amistad con algunas familias. Por eso, cuando en agosto volvió para declarar ante la jueza Noelia Ursino, aprovechó a visitarlos y contarles su verdad.

“Era un pueblo muy hermético y lamentablemente nadie supo nada. Cuando fui a declarar visité algunos hogares que eran como mi familia y les conté lo que había pasado. Lloraban de bronca. Pero si a nosotros, los que salimos de esa congregación, nos preguntamos cómo no nos dimos cuenta de la manipulación, de los abusos, a ellos les pasa lo mismo”, explicó.

Por estos días, la comunidad de Puerto Santa Cruz difícilmente pueda obviar el tema en las conversaciones y todavía hay quienes no creen en la palabra de los chicos.

TiempoSur contó el martes pasado que un grupo de feligreses le contrató a Parma los servicios del abogado penalista Carlos Muriete y que incluso el actual párroco de la localidad sería uno de los que le lleva comida al lugar de detención.

“A nosotros nos conoce toda la gente de ahí, es un pueblo chiquito. Vivimos nuestra infancia, nuestra adolescencia junto con ellos. Es un dolor enorme que algunos no nos crean y que haya gente que lo está ayudando. ¿Por qué le creen a un pedófilo?” se preguntó Jonathan.

En su declaración, y al igual que Yair en la suya, quedó claro que hay más víctimas del presbítero, entre otras cosas, porque también el sacerdote los obligó a participar de tríos y de vez en cuando cambiaba a sus preferidos para que durmieran con él.

“La mayoría en cierta medida fueron abusados por él. Creo que somos más las víctimas de Parma pero también creo que cada uno tiene su tiempo para hablar de lo que sucedió” asegura.

Como el de Yair, el camino de Jonathan no fue sencillo. Primero acudió a la Iglesia Católica y presentó una denuncia canónica en Buenos Aires. Lo llamaron para la Doctrina de la Fe porque la causa ya estaba iniciada por la denuncia de Yair, pero lo único que sucedió fue que lo re-victimizaron haciéndolo declarar lo mismo en cuatro oportunidades.

“Me pedían que buscara gente que hablase bien de mí. Me pareció una ridiculez total” dice y se lamenta de que los Discípulos de Jesús San Juan Batista sigan funcionando como congregación.

“Nos humilló”– En diciembre de 2016 Jonathan hizo la denuncia penal, en Salta. Como el Juzgado se declaró incompetente la causa giró a Santa Cruz, aunque se tomaron su tiempo: Un año y medio para que llegue a manos de Ursino.

¿Qué le dirías a los vecinos de Puerto Santa Cruz?

Que lo único que deseo es que vean a qué persona apoyan. Muchos de ellos nos brindaron todo a nosotros siendo niños. Sepan que el ‘Padre Felipe’ que ellos adoraban no es el mismo que estaba con nosotros. Nos humilló, nos insultó, abusó sexualmente de nosotros y es muy doloroso porque realmente pensamos que era nuestra familia. Igual creo que la verdad sale siempre a la luz. Ninguno de nosotros tiene abogados, él sí, porque lo necesita.