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Pinar del Río- Cuba

Ventura Adela Vázquez Pozo

Ventura Adela Vázquez Pozo.
Pinar del Río- Cuba
62 años.
Ama de Casa.
47 años de trabajo.

Para Adela es muy fácil no hacerse notar, su menuda estatura, su andar lento y su voz pausada y tenue hacen de ella una mujer común, sin embargo, esta afirmación es verdad, sólo a medias. Poco más de seis décadas ha vivido Adela, y casi cinco de ellas las ha dedicado a trabajar sin descanso para su comunidad desde las filas de La Federación de Mujeres Cubanas.

La Revolución triunfante la sorprendió con apenas once años y cursando el tercer grado de estudios primarios en una escuelita pública, allá en su entrañable pueblo de Cayo Grande, en Consolación del Sur, en su natal provincia de Pinar del Río. Adela es la mayor de diez hermanos. Pronto tuvo que abandonar sus estudios primarios e incorporarse a las labores agrícolas en el cultivo del tabaco para contribuir en el sustento del hogar.

Tita, como la llaman sus familiares o mejor Chicha como la conocen todos en Consolación, nos habla del día en que conoció la noticia del Triunfo de la Revolución. La pequeña Adela estaba en su casa junto a su madre y abuela, jugando con varios de sus hermanos, entonces, escucharon una algarabía procedente del pueblo, los vecinos salían a las calles, corrían y gritaban exaltados. Fue Manolo, el vecino de enfrente quién se acercó al portal dando gritos. ¡Se fue Batista Julia!, ¡Se fue Batista! ¡Ganó Fidel Julia!, ¡Ganó Fidel!, ¡Los barbudos están en La Habana!

Todos salieron corriendo al portal. Adela nos cuenta que con sus escasos once años, ya sabía quien era Fidel y la lucha que desarrollaba en las montañas de oriente para derrocar al dictador Fulgencio Batista. Varias veces había escuchado a escondidas, la conversación de uno de sus tíos, que siempre visitaba la casa con premura, y que hablaba de los alzados, de Fidel y de lo que estaba ocurriendo en el país. Años más tarde supo que su tío luchaba desde la clandestinidad y apoyaba a los alzados con acciones contra la tiranía en las ciudades del occidente cubano. Por eso Adela fue de las primeras en salir eufórica a la calle y gritar junto a sus vecinos ¡Ganó Fidel abuela!, ¡Mamá ganó Fidel!, ¡Viva Fidel!, ¡Vivan los alzados! ¡Vivan los barbudos!

A partir de ese momento su vida cambió, nos dice Adela, como la de muchos en todo el país. ¡Cambió para bien! Terminé mis estudios primarios. Después mientras trabajaba en la escogida del tabaco junto a mi tía y otras mujeres del pueblo incorporadas a las tareas de la Revolución, matriculé la secundaria y alcancé el noveno grado.

Ya con catorce años, Adela se incorpora a la recién creada organización que representaría desde entonces y hasta la actualidad a todas las mujeres del país, La Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

Cada día después de su jornada laboral, Adela visitaba a las mujeres del pueblo que tenían diferentes problemáticas y situaciones que le impedían incorporarse al proceso de cambio que vivía el país. Actualizaba los registros de las madres con hijos pequeños, trabajaba en el censo de los menores matriculados en los círculos infantiles y los que faltaban por incorporar, conversaba con las afiliadas que faltaban por cotizar, convocaba a esposos y familias enteras a participar en reuniones donde se explicaba la necesidad e importancia de la incorporación de las mujeres a las tareas de La Revolución y al trabajo asalariado.

Con brillo en los ojos, Adela nos cuenta como cada sábado al llegar del trabajo, ensillaba el potro que le regalara su padre y montada en el, recorría kilómetros y kilómetros acompañada por otras dirigentes de La Federación para recaudar la cotización, repartir citatorios u organizar alguna actividad festiva para las federadas de Cayo Grande y muchas veces para todas las del municipio de Consolación del Sur. Su despliegue activista fue tan intenso y fructífero en todos esos años que viajaba con frecuencia a la capital para coordinar y participar en actividades a nivel nacional.

Fue así como siendo apenas una adolescente con su menudo cuerpo de niña, se convirtió en una activa dirigente de La Federación en su entrañable Pinar del Río. La provincia más occidental de Cuba, conocida hasta entonces como La Cenicienta. Un calificativo que reflejaba el atraso y abandono de la región pinareña, consecuencia del desgobierno y la corrupción imperante en el país durante todos los años de La República mediatizada. Allí, en aquella provincia olvidada hasta entonces, la pequeña Adela, a la que todos cariñosamente llaman Chicha, se convirtió en referente para todas las mujeres y familias de la zona.

Su trabajo destacado como dirigente de base en La Federación de Mujeres Cubanas, le mereció múltiples medallas, condecoraciones y reconocimientos que atesora con sano orgullo. Así se forjó esta gran mujer, pequeña de estatura, pero gigante en su quehacer.

A la altura de sus 62 años, Adela se lamenta de no tener más energías para entregarle a su Revolución. Una Revolución a la que dedicó 47 años de su vida, trabajando para, por y desde su comunidad. Una Revolución a la que asegura estarle muy agradecida, por permitirle cambiar una realidad de injusticia y hacer posible que personas humildes y de escasos recursos como ella y su familia, puedan ver hoy sus sueños hechos realidad. Sus dos hijas convertidas en excelentes profesionales, son su mayor orgullo.

Adela asegura que de no haber triunfado La Revolución, bien distinta sería su situación y la de sus hijas. Sabe que para las mujeres negras, de origen humilde, nacida en un pequeño y apartado pueblo en la provincia más pobre del país, no había entonces la menor posibilidad de realizar estudios Universitarios.

Es por eso que Adela repite con orgullo que ella fue, es y será una revolucionaria, que por su Revolución esta dispuesta a todo y que por sobre todas las cosas, ella es una Fidelista. Admite que no todo esta resuelto, reconoce los muchos problemas que enfrenta el país y que obligan a tesar los resortes cada día, pero nada la hará desistir. A Fidel y a sus compañeros de lucha agradece todos los días, con la misma devoción que lo hace a Dios, por haber logrado edificar un país, que no es perfecto, pero que lucha y trabaja cada día, por la igualdad y la justicia social para todos sus hijos.

MEDALLAS.

1- Medalla ?Carlos Baliño? del Sindicato Nacional de la Industria Tabacalera.

2- Medalla ?23 de Agosto? de la Federación de Mujeres Cubanas.

FOTO: www.damisela.com