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Venezuela: La masculinidad hegemónica en tela de juicio

Caracas, julio (Especial de SEMlac)..- ?Mi expectativa de lo que debe ser un hombre es uno sensible, comprometido, revolucionario, en contraposición al machista, irresponsable, descuidado, misógino y homófobo. En Venezuela estamos lejos de lograr que haya hombres con un sentido de la masculinidad diferente y, aunque puede haber cada vez más de ellos que quieren ser así, siguen siendo, lamentable y gravemente, una minoría?.

Quien habla no es una mujer soñando con su hombre ideal sino el asesor de planes y proyectos del área de equidad de género y masculinidades del Instituto Nacional de las Mujeres en Venezuela, Héctor Gutiérrez García.

Encargado de impulsar programas de gobierno que promuevan ?el cuestionamiento de la masculinidad patriarcal y capitalista y dar paso a nuevas formas de ser hombre; hay que sacar del clóset al hombre no violento y paritario que podemos ser?, afirma.

En entrevista con SEMlac, enlista un tétrico panorama de fenómenos sociales generados por esa terrible masculinidad dominante: el machismo.

?Tenemos un país donde, de cada 10 hogares, siete y hasta 10 ?dependiendo del sector social? fueron abandonados por el padre; también, la tasa más alta de embarazo adolescente en América Latina; el teléfono de ayuda a mujeres recibe 700 llamadas diarias, de las cuales 30 por ciento son específicamente para denunciar y pedir apoyo por situaciones de violencia?.

En un año, las venezolanas se han realizado 30.000 operaciones de mamoplastía (aumento de senos) y es altísima la cifra de consumo de cosméticos. ?También es machismo que las mujeres tengan que cambiar su rostro y su cuerpo al gusto de los hombres?, señala.

Los hombres venezolanos se están muriendo por accidentes viales y cirrosis hepática, ambos relacionados con el alto consumo de alcohol, registrándose hasta 6.000 al año. Los homicidios de hombres llegan a los 8.000 anuales. De cáncer de próstata, casi 2.000 al año.

Las infecciones de transmisión sexual, las tasas de aborto inseguro y los embarazos no deseados son provocados por el ejercicio de una sexualidad irresponsable.

El sexismo en el lenguaje y en los medios de información, la promoción de la violencia, la misoginia y la homofobia como formas legítimas de ser hombres en la educación y costumbres sociales podrían cerrar un panorama que no concluye. ?La situación es de emergencia?, afirma.

Desde los propios hombres, han sido menos las iniciativas para el cambio en materia de género. ?Venezuela tiene una historia de hombres solidarios con los movimientos feministas, pero han sido los menos y no alcanza a llamarse movimiento masculinista?.

Algunas iniciativas que intentan poner en tela de juicio la masculinidad dominante, como procesos de formación y capacitación en género y derechos humanos, están siendo impulsadas por organizaciones no gubernamentales, con apoyo de instituciones del gobierno, desde finales de la década de los noventa.

También desde el gobierno se han aprobado algunas leyes, como la Ley de Paternidad, que promueve permisos laborales para padres, y el reconocimiento constitucional del aporte económico del trabajo doméstico, garantizado por el artículo 88.

A nivel de los medios de comunicación, ?es obligación regirse por la Ley de Responsabilidad Social de los servicios de Radio y TV, que ordena contenidos no sexistas?, según lo dictamina la ley respectiva.

Para el entrevistado, algunos frutos se están dando: ?desde el año pasado se incrementó en 40 por ciento la solicitud de talleres y cursos de formación en género por parte de organizaciones mixtas de base, como el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora, y consejos comunales de todo el país?.

En los talleres, encuentros y procesos formativos sobre estos temas también hay más hombres. ?Yo diría que hasta 30 por ciento más?, Eso, ?bien puede interpretarse como una manifestación pública de que ese hombre quiere cambiar?, comenta.

Reconoce que en los jóvenes se están creando otros referentes de masculinidad, ?más humanistas y revolucionarios?. ?Una identidad no marcada por el mercado?, subraya. Y también afirma que en una franja de la población adolescente, sobre todo urbana, las expectativas de una relación están cambiando. No sólo respecto al sexo, sino también afectivas.

Y a hombres jóvenes, muchos de ellos ya casados y con hijos, ?uno los mira cargando a sus hijos y acompañando a sus compañeras a los talleres. Ser padres de manera responsable es un primer gran cambio?, señala.

Más recientemente, en abril de este año, en el Encuentro Internacional de Equidad de Género y Masculinidades, Venezuela invitó a especialistas de todo el continente a intercambiar experiencias con instituciones y organizaciones de base venezolanas.

?Creo que esa es una experiencia que está influyendo positivamente en las acciones de gobierno y de otros hombres que desde aquí impulsemos?, reflexiona.

Sin cantar victoria, Gutiérrez reconoce que estos hombres son minoría y que ?aún es débil el debate público sobre ser hombres machistas y sobre la sexualidad del varón relacionados con el capitalismo patriarcal?. Todavía falta reconocimiento social a otras formas de ser hombres, no son cambios en lo hegemónico. Son minorías, reconoce.

Saca a relucir la otra lista, la de los pendientes y prioridades. No alcanza para nombrarlo todo, pero sí hay temas urgentes: ?necesitamos que el proyecto revolucionario venezolano y bolivariano asuma la igualdad socialista no sólo en los lugares ?públicos?, sino en los lugares ?privados?; requerimos la revaloración de la memoria popular e historia de las mujeres y de los pueblos como punto de partida del proyecto de nación; discutir la ideología, la teoría y la moral social y sexual hegemónica vigente, y contraponerle una moral y teoría revolucionaria socialista feminista?, comentó.

Más concretamente: contar con datos desagregados por género y por etnia y pueblo, y es ineludible la crítica a las industrias culturales capitalistas y patriarcales, así como el control popular de las mismas., añade.

Al mirar la importante lucha de las mujeres por una sociedad paritaria, reflexiona: ?¿Por qué tendríamos que quedarnos nosotros, los varones venezolanos, rezagados e inertes? No habría que retroceder ante los desafíos de la equidad y la paridad, pues practicarlos nos mejorará la vida al liberarnos de la opresión y de nuestro papel en ella?.

Su invitación a los hombres es provocadora: ?salir del clóset? porque también desde los hombres sensibles, paritarios y no violentos la sociedad puede cambiar.