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Córdoba

Un rugbier insultó y golpeó a la dueña de un bar LGBTI

En la madrugada del domingo 6 de mayo, un jugador del Córdoba Rugby Club ingresó con un grupo de varones a una fiesta en el bar LGBTI Casa Warhol de la ciudad de Córdoba y después de una seguidilla de amenazas e insultos, atacó con violencia a una de las dueñas e insultó a su socio. Así lo denunció en la justicia Jorgelina Sapp, la joven agredida, que contó que el rugbier, identificado como Mauro Javier Oviedo (25), la agarró de los pelos y le golpeó la cabeza contra una columna. Ya radicó la denuncia en fiscalía.

Imagen : Facebook

El bar cultural Casa Warhol es uno de los espacios nocturnos elegidos por las sexualidades disidentes en la ciudad de Córdoba. Funciona desde hace dos años en una casona art decó del barrio Alta Córdoba.  Allí trabajan personas de los colectivos LGBTQ, se hacen eventos como la fiesta erótica Amarte, proyecciones de películas y charlas sobre temas vinculados a la diversidad sexual. El sábado pasado a la noche, dos chicas festejaban allí su cumpleaños y entre ambas sumaban unxs setenta invitadxs.

A la 1.30 de la madrugada, un grupo de varones “amigos de amigos de los invitadxs” quiso ingresar con bebidas alcohólicas. Sapp, una de las socias propietarias del lugar, les explicó que podían quedarse pero debían entregar las bebidas que les serían devueltas al retirarse. Con algunas protestas, aceptaron el trato y decidieron quedarse.

En el grupo se destacaba Oviedo: “por su físico de casi dos metros, corpulento y entrenado, por su insistencia y porque se dirigía a nosotros con permanentes faltas de respeto y amenazas”, contó Sapp a Presentes.

“¡Vení, sacame vos, ya que te hacés el machito!”

“Se notaba que era el líder del grupo al que todos lo secundan y le festejan todo –añadió la joven–. En la barra trabaja un compañero gay y Oviedo se le burlaba. Esa se la dejamos pasar, pero después la cosa se puso peor”. El rugbier volvió a insistir en consumir sus propias bebidas, hasta que Sapp y su socio Santi Merlot lo invitaron a irse del bar con sus amigos.

“¡Vení, sacame vos, ya que te hacés el machito!”, reaccionó Oviedo aludiendo a la condición de varón trans de Merlot. A esa altura, sus amigos intentaron que Oviedo entrara en razón y el conflicto se trasladó del patio al salón del frente del local. “¿Quién sos vos para sacarme? ¡Te voy a cagar matando!”, gritaba mientras los demás lo sujetaban para llevárselo. Con el brazo libre agarró a Jorgelina de los pelos y le hizo estrellar la cabeza contra una columna de metal: “Me quedé aturdida, escuché gritos, sus propios amigos se quedaron anonadados. Yo mido 1.65 y peso 72. ¿Qué le podía hacer?”.

Mientras asistían a la joven, el agresor y su grupo se retiraron. Jorgelina valora la solidaridad de quienes la animaron a hacer la denuncia: “Mucha gente, incluso personas que no conocía, me dijeron que me iban a salir de testigos”. Apenas se repuso, esa misma noche se presentó ante la Fiscalía de Instrucción, distrito 3, turno 6, de Córdoba capital.

“En la misma fiscalía me incentivaron a hacer un escrache en las redes sociales, porque ‘le cabe por violento’, dijeron”, recuerda todavía sorprendida la denunciante. Al cierre de esta nota, su posteo en el Facebook con el testimonio, las fotos del agresor y la denuncia penal fue compartido 1748 veces, tiene 801 reacciones y un centenar de comentarios de solidaridad.

El club indagará y promete sanciones

Al difundirse la agresión, la Comisión Directiva del Córdoba Rugby Club expresó ayer la “más profunda preocupación” ante expresiones “donde se implica a un integrante de este club en una acción inaceptable, compatible con la figura de violencia de género”. Las autoridades del club se comprometieron a  “citar a los involucrados de manera inmediata, como primer paso de una indagación que nos permita precisar los hechos y reunir elementos probatorios para  avanzar conforme a las normas disciplinarias de la institución y los marcos legales correspondientes”.

“Agradecemos a la opinión pública que se haga eco de cualquier acción discriminatoria de la dignidad humana que cualquier miembro de la institución pueda haber cometido. Pero rogamos también que esas faltas no se imputen a toda una institución que ya se ha puesto en marcha para esclarecer los hechos y que en caso de confirmarlos no sólo procederá a repudiarlos sino también a sancionarlos de la manera correspondiente e ineludible para quienes deseamos una sociedad justa, inclusiva y respetuosa de toda diversidad”, finaliza el comunicado.

“Lo detonó la misoginia”

En su posteo en Facebook, Jorgelina relata que apenas entraron pudo advertir que “no sería un grupo fácil pues incumplieron desde el primer momento los acuerdos de convivencia del lugar”.

Y explica que, básicamente, se trata del respeto a los demás, y de “no tener actitudes homo-gordo-lesbo-trans-fóbicas”. La mujer también descartó que estuviera borracho: “No parecía. Más bien era un alarde de estatura, cuerpo, fuerza… Yo quiero difundir esto y tengo miedo por las represalias que pueda llegar a tomar, porque creo que lo detonó la misoginia. El no asumir que una mujer lo pudiera sacar del lugar”.