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Un paraíso para pocas. La ?feminización? de la pobreza en el siglo XXI

Durante la última década del siglo XX y principios del XXI América
Latina fue golpeada de modo brutal por un neoliberalismo impuesto
sobre estructuras de desigualdad y miseria. La implementación de
la economía neoliberal causó graves consecuencias, entre ellas el
empobreciendo de millones de hogares en nuestro continente, pero
una de las más perjudiciales es la incidencia que ha tenido sobre las
mujeres, ¿cómo explicar que las mujeres sean más pobres, más
discriminadas en materia laboral, más violentadas que los hombres?
¿Cómo explicar que son todavía casi exclusivamente las mujeres
las que se ocupan de los niños, de las personas discapacitadas, de
los adultos mayores, de las tareas domésticas?

En nuestro país, a partir de la aplicación de las políticas económicas
neoliberales, se ingresó en una espiral de desocupación, subempleo,
precariedad y pauperización en la que se sumió a la sociedad en general
y que trajo aparejado un aumento de las familias y sectores con
necesidades básicas insatisfechas y un proceso de empobrecimiento
de los sectores medios. Se hace mención a esta etapa como la crisis de
la ?década de los 90?, pero, para la mayoría de las poblaciones de América Latina y de nuestro país, la crisis comenzó a mediados de los 70s1, cuando se entró en una pendiente de pérdida de derechos y de
soberanía y, en algunos países, enmarcada en brutales dictaduras.

Los efectos más inmediatos de esta crisis fueron las transformaciones
que trajo aparejada en las estructuras de trabajo, abriendo paso a
nuevas formas de empleo ?atípicas? hasta ese momento y que, bajo
el concepto de ?empleos precarios?, dejaron una secuela de
desempleados/as, subocupados/as y, paradójicamente, miles de sobreempleados/ as que debían cumplir largas horas de trabajo bajo la
amenaza de la desocupación.

Los indicadores de pobreza no alcanzaron para expresar la
gravedad del desaliento y la frustración de las personas y familias
que vieron perdida la esperanza de recuperar sus condiciones de
vida y la expectativa de que sus hijos vivieran mejor, que
encontrasen maneras de insertarse en el mercado de trabajo y
pudieran desarrollar una vida digna.

El proceso de caída en la pobreza no es idéntico para todos los
grupos sociales, ni para las personas que peregrinan por ella; surgen
diferencias según los sectores sociales: por el nivel educativo que
tienen, el género y la generación a las que pertenecen, el estilo
cultural propio y el contexto social donde viven. Las intensidades y
heterogeneidades que condicionan la pobreza -en sus dos dimensiones la estructural y la nueva pobreza- se inscriben en espacios, en
necesidades y en carencias disímiles. Estas diferencias afectaron
históricamente a las mujeres que fueron frecuentemente víctimas
silenciosas de las privaciones y la miseria.

En el contexto en el cual comenzaron los estudios sobre pobreza
urbana, en los inicios de 1960, las mujeres padecían diversas formas
de discriminación: menor retribución salarial que los varones, mayor
desempleo, precarización de los sectores laborales tradicionalmente
femeninos (como el trabajo doméstico), sobreexplotación por la doble
jornada de trabajo2, mayor porcentaje de analfabetismo, violencia
doméstica, e incluso menor y peor alimentación3. Las causas de esta
situación apuntaban a la ancestral división de los roles de ambos
sexos, que siempre estuvo asociada a una jerarquización de los mismos.

Los cambios que se dieron desde mediados de 1970 tuvieron efectos
diferenciales sobre varones y mujeres y mostraron un fuerte impacto
en las estrategias de desarrollo de las mujeres en las distintas
regiones del mundo, en especial en América Latina. En el Informe
de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (Naciones Unidas,
1996), realizada en Beijing, en 1995, se afirma que la recesión
económica de muchos países industrializados y en desarrollo, han
tenido consecuencias negativas sobre el empleo femenino 4

La presencia de las mujeres en el mercado laboral se acrecentó
notablemente en este período, igualmente el número de horas
destinadas por ellas al trabajo no remunerado. Por lo tanto cuando
el Estado se desligó de brindar los servicios y responsabilidades
que, como tal, le competen y comenzó el proceso de aplicación de
las políticas de flexibilización laboral, se aumentó también el
desempleo femenino, especialmente entre las más jóvenes. Esta
situación se vio sostenida en la desigualdad preexistente que produjo
efectos diferenciados en las políticas de empleo con respecto a
hombres y mujeres 5

La difícil situación laboral fue llevando a las mujeres a buscar nuevas
alternativas de empleo; muchas de ellas, aprovechando el dinero de
la indemnización de sus cónyuges al ser despedido, abrieron
pequeñas empresas y comercios. O sea que cada vez fueron más
las que trabajaban, y lo siguen haciendo, por cuenta propia. Pero,
también, incontables se emplearon bajo condiciones especiales: en
el servicio doméstico, en trabajos temporarios, a destajo, por
contrato o en su propio domicilio6 (talleres textiles, muchas veces
en condiciones casi de ?servidumbre?).

En la actualidad en los países de Latinoamérica, especialmente en
Centroamérica, miles de mujeres trabajan en las ?zonas francas?,
donde las grandes empresas tratan siempre de reducir los costos
de mano de obra para obtener más ganancias. Estas multinacionales
han encontrado dos soluciones ?fáciles?: 1) contratar a más mujeres
que hombres y 2) localizarse en estas ?zonas francas? llamadas
maquilas. El auge de la maquila va de la mano con la explotación de la mano de obra femenina. Las condiciones son parecidas a las de la
esclavitud: salarios muy bajos, insuficientes para asegurarle la
supervivencia (cobran un promedio de U$S 4 por día) largas horas
de trabajo (de 50 a 80 horas semanales) ritmo intenso y controles
permanentes, despidos arbitrarios, prohibición de sindicalizarse y
ausencia total de medidas de seguridad7. En algunas empresas las
obreras deben someterse a exámenes de gravidez. Además estas
maquilas son a menudo lugares donde se ejerce violencia sobre las
mujeres, por ejemplo en Ciudad Juárez donde la desaparición y el
asesinato de mujeres se vienen produciendo desde 1993 y
permanecen impunes.

En el 2002 la región fronteriza entre estados Unidos y México tenía
4000 maquilas. La mayor parte de las maquilas de Juárez ensamblan
aparatos eléctricos y electrónicos y piezas de automóviles, actúan
como subcontratistas de conocidas multinacionales: General Electric,
RCA, Philips, Toshiba, Zenith, Epson, DuPont, Johnson & Jonson. EM,
Chrisler; Bombarder, etc. 8

En nuestro país los talleres textiles, en su mayoría, toman mano de
obra extranjera, especialmente femenina y, de manera ilegal, los/as
hacen trabajar en situación de casi esclavitud: encerrados/as con
sus niños/as, comiendo mientras trabajan y obligados/as a utilizar el
sistema llamado ?cama caliente?9.

En este marco y a partir de las firmes y crecientes investigaciones
feministas, que desde los años setenta pusieron sobre el tapete la negación o ceguera de género existente en los análisis sobre la
pobreza, comienza a aplicarse, en las mediciones convencionales
y en las políticas implementadas para tratarla, el concepto de
género. Pobreza y género son nociones que históricamente fueron
empleadas en las investigaciones con bastante autonomía entre sí,
pero desde que surge la necesidad de reconocer que hombres y
mujeres experimentan la pobreza de maneras distintas, los estudios
realizados, especialmente desde el movimiento de mujeres, unen
ambos en sus abordajes.

La perspectiva de género enriquece la conceptualización de la
pobreza al ir más allá de su descripción, de su medición y nos permite
enfatizar en sus causas. Por ello nos lleva a comprender una serie
de procesos que explican por qué ciertos grupos de personas, en
función de su sexo, estén más expuestas a sufrir la pobreza; corrige
el análisis del hogar, al destacar las asimetrías de poder interno por
género y generaciones; enfatiza la heterogeneidad de la pobreza y
la relaciona con otras discriminaciones como las de etnia y edad;
pone en evidencia la invisibilidad estadística de la pobreza, en cuyos
estudios no aparece el papel diferenciado de las mujeres en el
interior de los hogares. Por último, la perspectiva de género
contribuye al diseño de políticas para enfrentar el empobrecimiento,
dirigiendo las intervenciones hacia quienes experimentan estos
procesos con grados significativos de severidad y quienes presentan
mayores niveles de vulnerabilidad.

El concebir a las relaciones de género como una construcción
sociocultural, nos permite analizar los roles sociales asignados y
ejercidos por las mujeres y los hombres, no como producto de
diferencias biológicas ?naturales? ni de sexo, sino como el resultado
de la acción humana sobre las diferencias sexuales, en sociedades
históricas y concretas. Abordando desde este enfoque teórico metodológico las relaciones humanas reconocemos las distinciones
y desigualdades entre femenino y masculino.

En los escenarios de exclusión social de finales del siglo XX y
principios del XXI el porcentaje de mujeres en la población
considerada pobre es mucho más alto que el de los hombres, porque
numerosos hogares en condiciones de pobreza están constituidos
por mujeres solas con sus hijos; porque en la mayoría de las familias
en situación de pobreza en las cuales hay un cónyuge, trabaje éste o
no, la mujer privilegia en sus compras el alimento, ropa o útiles
escolares para sus hijos y su marido y al final para ella, o sea que es
la más pobre del hogar. En ese sentido las políticas económicas han
repercutido fuertemente en la población femenina. Repercusión
que no sólo se mide en términos de la disminución del ingreso
económico de las mujeres, sino también cuando la estadística señala
las muertes de mujeres relacionadas con la maternidad, el parto y
el post parto y los abortos clandestinos10. También, entre otras cosas,
porque a muchas de ellas se les dificulta pagar el transporte que las lleve a los hospitales, o no cuentan con buenos servicios de salud y
atención médica-hospitalaria gratuita, porque no pueden comprar
las medicinas o por carecer de conocimientos.

Por todo lo expuesto se habla de una ?feminización? de la pobreza,
calificándola como un proceso direccional que muestra a las mujeres
como principal colectivo afectado, con varios fenómenos que han
ido en aumento: 1) las ?Madres solas jefas de hogar? que tienen una
proporción creciente e importante de embarazos a temprana edad,
con la consecuente vulnerabilidad económica11; 2) Feminización de
los flujos migratorios hacia los países centrales de la economía y su
inserción en los circuitos alternativos (industria del sexo, servicios
domésticos y de cuidados, trabajo informal, etc.); la feminización de
la migración es una estrategia de resistencia de las mujeres ante las situaciones de pobreza y exclusión impuestas a gran parte de la
población latinoamericana; 3) las mujeres que integran las ?clases
de servidumbre?12, dedicadas a realizar trabajos domésticos y de
cuidado que son base de apoyo a la producción eficiente en los
países centrales.

En los numerosos estudios hechos en América Latina desde
una perspectiva de género aparece claramente que el embate de la
crisis neoliberal no se repartía equitativamente entre mujeres y
hombres13 Esta carga se intensificó por el mayor tiempo que las mujeres debieron dedicar a las actividades generadoras de ingresos.

Entretanto, no hubo muchos indicios de la existencia de un aumento
concomitante en el alcance y la intensidad de los aportes de los
hombres a la supervivencia del hogar14.

La situación de empobrecimiento de las capas medias, incluyendo a los/as que aún trabajan y que siguen percibiendo ingresos bastante
magros, no tuvo (y aún persiste en muchas ciudades y barrios)
básicamente el escenario espacial de los pobres estructurales, es
intersticial y resignada, y se oculta en el interior de los hogares. A
diferencia de los pobres históricos, concentrados en áreas
geográficas (las villas), con bajos niveles de equipamiento en
infraestructura, con poblaciones relativamente homogéneas en
términos sociales y ocupacionales, los NUPO15 se encontraban (y
aún se encuentran) intercalados en la trama de viejos barrios
consolidados. Se trata de empleados públicos, taxistas, maestras,
cuentapropistas, pequeños comerciantes, talleristas, funcionarios
de las capas bajas de las diferentes estructuras del Estado, bancarios
y, esencialmente los/as jubilados/as. Hay muchos hogares con
jefatura femenina, ocupando viviendas relativamente adecuadas
pero con carencia de ingresos, en vecindarios no pobres;
trabajadores/as que perdieron su ocupación. No hay barrios
homogéneos de NUPO. Son difíciles de abordar, porque su pobreza
no está expuesta y en muchos casos sólo es claramente
identificable desde los esfuerzos que se realizan en el hogar para paliarla y atenuarla. Muchos de ellos siguen sin reconocerse
subjetivamente en esta condición16.

Esta situación de pauperización familiar, afectó y afecta la vida
diaria, trastornando el universo significante de los individuos. En
efecto, todas las prácticas cotidianas directa o indirectamente
relacionadas con lo económico, tuvieron que ser evaluadas,
modificadas y a veces suprimidas. Hombres y mujeres debieron
modificar aspectos de su cotidianeidad como una necesidad de
remontar la desposesión a que fueron sometidos; hablamos de
desposesión en muchos sentidos: económica, de pertenencia,
identitaria, de construcción de representaciones. Estas
transformaciones producen conflictos y tensiones, abriendo la
posibilidad de un replanteo en las relaciones sociales de género.
La crisis económica y los efectos de las políticas de ajuste
estructural, especialmente sobre el empleo y los ingresos, fueron
elementos decisivos para el ingreso de las cónyuges y de los hijos
adolescentes de muchas de estas familias al mercado de trabajo.
Asistimos, por lo tanto, a un fenómeno social en crecimiento: una
mayor presencia laboral de las mujeres de los estratos medios,
muchas de ellas que sólo eran ?amas de casa? o cuyos salarios
solamente tenían el carácter de complementarios. Ahora, con
frecuencia, son el único aporte económico para el sostenimiento
del grupo familiar. Estas características no sólo se manifiestan en las
mujeres consideradas jefas de hogar, sino también para aquéllas
cuyo marido se encuentra en la categoría ?desocupado? o cuyo
salario es tan escaso que no alcanza para sostener al núcleo familiar
sobre la ?línea de pobreza?.

Las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres de los
sectores medios empobrecidos se enmarcan en el contexto general
de caída en la vulnerabilidad y la pobreza que ya ha sido descripta Se constatan, padecimientos específicos de la población femenina:
profundización de la sobrecarga de trabajo (empleos precarios y
con flexibilidad horaria, aumento del trabajo doméstico por
restricción de acceso a todo tipo de servicios, horas destinadas a
la búsqueda de mejores precios en pos de una mejor
administración del magro presupuesto familiar, cuidado de niños
y ancianos/as); incremento de las jefaturas femeninas en hogares
monoparentales con más de dos hijos a cargo; dificultades severas
para acceder a cuotas alimentarias por precarización o desempleo
de los ex-cónyuges o por desentendimiento de éstos de las
responsabilidades hacia los hijos; vuelta a la casa paterna por
dificultades de sostener una vivienda propia; interrupción de
proyectos vitales propios y de los hijos e hijas; altos niveles de
conflictividad familiar y sufrimiento subjetivo (dificultad de cambio
de roles cuando el cónyuge está desempleado, violencia,
migraciones, desempleo, quebrantos económicos, enfermedades,
depresiones).

Muchos proyectos familiares de progreso y bienestar se fueron
esfumando al ritmo del desempleo y la subocupación. Cuando el
principal ingreso familiar desaparece o disminuye de tal manera
que destruye los sueños familiares, se desencadena una caída:
profunda, descarnada, que puede ir erosionando la vida familiar a
través del tiempo17.

Con sus años 56 años a cuestas y la pérdida de horizontes frente a
su situación de ?desocupada? con grandes problemas de reinserción,
Beatriz se siente ?vieja para trabajar y joven para jubilarme?, y
reflexiona, preocupada, ?Poco a poco nos sacaron las conquistas sociales y las fuentes laborales. Los que mueven la sociedad son los asalariados, ¿o es que nosotros no hicimos el país?? ?? yo ya no aprendo computación, tengo más de cincuenta… ¿cómo voy a conseguir trabajo??18. Rita (52 años, un hijo de 28), ?? Con el sueldo que tenemos ahora no podemos mantener una casa así, tenemos un lavarropas automático, heladera con freezer…, y ahora qué hago?, clausuramos todo? Ya bajé el nivel de vida que teníamos, no puedo bajar tanto?.? Marta (32 años; dos hijas de 4 y 10 años) ??En el invierno de las grandes inundaciones de Rosario, me cansé de pelear con el de la inmobiliaria para que me hiciera los arreglos en el techo, porque me caía agua por las paredes, hasta que no pude más y me fui?.

?En la edad normal en que todo se abre… yo estoy con mi suegra…; mi
hermana con mi mamá (en la parte del terreno que les cedió)?
Agrega en forma de sentencia: ?… Al final la cosa no va para donde
tiene que ir!19.

Pero no podemos pensar a las mujeres solamente y colectivamente
como víctimas, porque en este proceso de transformaciones
económicas, también se han producido, paradójicamente, notables
cambios en el orden de género. La misma incorporación de las
mujeres al mercado laboral estuvo acompañada por una creciente
conciencia de su situación de desigualdad en la sociedad; esta concientización definió el papel activo y protagónico de las mujeres
en las luchas sociales.

Existen muchos ejemplos de luchas conocidas en África, en Asia20 y
en América Latina, en donde las mujeres han jugado un rol decisivo:
uno de los más conocidos es el del EZNL en Chiapas México
Sabemos en nuestro país el papel que desempeñaron las Madres de
la Plaza de Mayo. En la actualidad, en cada barrio, cotidianamente,
son las mujeres quienes se mueven a fin de paliar la pobreza en sus
hogares con la búsqueda de ayuda alimentaria en las agencias
estatales, realizando trabajos comunitarios: comedores populares,
copas de leche, con actividades en las Vecinales; lo que ha implicado
para las mismas una tercera jornada de trabajo. También, en cada
barrio y desde el 2001, son las mujeres quienes convocan asambleas
populares, una nueva forma de democracia, directa. Están al frente
de la formulación de alternativas, como el sistema de trueque.

Además, la entrada masiva al mercado de trabajo permitió el manejo
de dinero propio, lo que les ha dado una mayor autonomía y ha
fortalecido la autoestima. Todas estas modificaciones son formas
nuevas de resolución de la tensión entre emancipación y
domesticidad. Los impactos de estas modificaciones, económicas y
culturales en las mujeres, tienden a impulsar una mayor capacidad de negociación, en la medida que les permiten acceder, mucho más
que antes, a ideas de emancipación, individuación, libertad, igualdad,
modificando su auto percepción y su condición de sujetos de
derecho21. De hecho las mujeres en los últimos cuarenta años han
ganado en autonomía y si están peor en términos generales, es porque
muchos sectores de la sociedad se han empobrecido. O sea, se ha
deteriorado la vida de todo el mundo.

Por último vemos que se fue produciendo una mayor afirmación de
los derechos de las mujeres, que se evidencia en los diferentes
instrumentos22 que se han generado a nivel nacional, regional e
internacional. La afirmación de estos derechos ha debilitado las
fronteras entre lo público y lo privado, generando nuevos fenómenos,
no sólo en lo económico sino también en lo político y cultural. En
nuestro país, entre desde fines de 1970 y principios de la década de
1990, además de organizarse por el reclamo por sus familiares
desaparecidos, presos y torturados, fue el período de las conquistas
de derechos civiles fundamentales: el divorcio vincular, la patria
potestad compartida, las leyes relativas a la violencia doméstica,
aspectos parciales relativos a derechos sexuales y salud reproductiva23.

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* Docente-Investigadora de la Escuela de Antropología. Directora del
Departamento de Antropología Sociocultural, Fac. de Humanidades y Artes.

Coordinadora del Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre Mujeres (CEIM)-UNR. Coordinadora del Plan de Igualdad de Oportunidades y de Trato entre Varones y Mujeres (PIO) del Área de la mujer de la Municipalidad de Rosario.

1 Coraggio, José Luis, Alternativas en la lucha contra la pobreza y la exclusión, Ponencia como experto internacional en la sesión plenaria del Eje 3: ?Lucha contra la pobreza y la exclusión?, del DIALOGO NACIONAL, Quito, 21-23 enero de 2003.

2 Se denomina ?doble jornada de trabajo? a las horas que se cumplen, por un lado, en el empleo remunerado y por otro las que se desempeñan en el interior del hogar.

3 Naciones Unidas, 1995, Situación de la mujer en el mundo, 1995. Tendencias y estadísticas. Nueva York: Naciones Unidas.

4 Esta Conferencia fue muy importante en la promoción de la mujer, en especial por la aprobación de la Plataforma de Acción de Beijing, a partir de la cual 189 países se comprometieron a implementar en sus respectivas naciones. Cabe destacar que tal Plataforma contempla doce objetivos prioritarios en el desarrollo de la mujer, entre los cuales se destacan para los efectos de esta investigación, la situación de la mujer en la economía y las condiciones de las mujeres pobres.

5 Arriagada, Irma, 1997, Realidades y mitos del trabajo femenino urbano en América Latina, SERIE MUJER Y DESARROLLO, NACIONES UNIDAS Agosto de 1997, Santiago de Chile, LC/L.1034.

6 Naciones Unidas, 1995, Situación de la mujer en el mundo, 1995. Tendencias y estadísticas 1970-1990. Nueva York.

7 CEPAL, 2002, Panorama social de América Latina. Edición 2002 (LC/G.1768), Santiago de Chile.

8 CEPAL, 2002, Op. Cit, Santiago de Chile.

9 ?Cama caliente? se denomina la estrategia de empleo en la cual los/as trabajadores/ as deben cumplir muchas horas de trabajo reemplazándose en el uso de la cama, por lo que la misma está siempre ocupada o ?caliente?.

10 Sobre esta problemática hay profusa bibliografía. Ver, entre otros: Gomez Gomez, Elsa, 1994, ?La salud y las mujeres en América Latina y el Caribe. Viejos problemas y nuevos enfoques?, Serie Mujer y Desarrollo 17, ponencia presentada como Contribución del Programa Regional Mujer, Salud y Desarrollo, División de Salud y Desarrollo Humano, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a la sexta Conferencia Regional sobre la Integración de la Mujer en el Desarrollo Económico y Social de América Latina y el Caribe (Mar del Plata, Argentina, 25 al
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11 KLIKSBERG, Bernardo: Discriminación de la mujer en el mundo globalizado y en América latina, la: un tema crucial para las políticas públicas /.- Barcelona: PNUD ; Instituto Internacional de Gobernabilidad , 2002.

12 Saskia Sassen, Los Espectros de la Globalización , Fondo de Cultura Económica, 2003.

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de Encuentro, inédito.

15 NUPO es la sigla que ejemplifica el concepto de Nueva Pobreza o Nuevos Pobres.

16 Feijoo, Ma del Carmen: ?Los gasoleros. Estrategias de consumo de los NUPO?, en Minujin, Alberto et alt, 1992, Op. Cit.

17 Lew, N. y A. Rofman, 1997, ?Los nuevos pobres en la comunidad judía? en Realidad Económica, Nª 148, Buenos Aires-

18 de Castro, Rosa; Koldorf, Ana Esther, 2000, ?La cosa no va para donde tiene que ir?. Desempleo y transformaciones familiares en sectores medios empobrecidos?, en Escuela y ciudad. Exploraciones de la vida urbana, CEACU; UNR, Editora, Rosario.

19 de Castro, Rosa; Koldorf, Ana Esther, 2000, Op. Cit. UNR, Editora, Rosario.

20 en Kenia son las mujeres quienes, desde 1980, están al frente de la lucha contra las empresas globalizadas. Las Freedom Corner Mothers (Las madres de la esquina de la libertad), se manifestaron contra la detención de sus hijos que se habían opuesto al programa neoliberal de las empresas desde 1990; su oposición desencadenó la ola de apropiación de tierras, en Kenia y en el resto de África, por las campesinas sin tierra. Los tribunales penales internacionales para Ruanda y para la antigua Yugoslavia fueron principalmente impuestos por mujeres que rechazaban los genocidios, las violaciones, la limpieza étnica. En Filipinas, las mujeres forzaron el cierre de bases militares americanas, lo que liberó para su país enormes cantidades de dinero. (María MiesColonia, en Las Penélopes agosto 2001. Traducción de Karla Jasso.

21 Vargas, Virginia, 2003 ?Los feminismos latinoamericanos y sus disputas por una globalización alternativa?, en: Daniel Mato (coord.): Políticas de identidades y diferencias sociales en tiempos de globalización. Caracas: FACES ? UCV, pp: 193 – 217.

22 Entre otros: Convención sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación contra la mujer aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1979 y que entró en vigor como Tratado Internacional el 3 de septiembre de 1981; Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, órgano creado en virtud de la Convención; Convencion Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. o “CONVENCIÓN DE BELEM DO PARÁ”, adoptada por la Asamblea General de la OEA, el 9 de junio
de 1994. Ratificada por nuestro país el 5 de julio de 1996 y convertida en Ley Nacional número 24.632.

23 D?Atri, Andrea, 2004, ?Entre la insolencia de las luchas populares y la mesura de la institucionalización?, Revista Lucha de Clases N° 2.