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Desaparecido y asesinado en Río Negro

Testigos amenazados en el juicio por el caso Daniel Solano

Fue intimidado otro de los testimonios en la causa que investiga la desaparición forzada del joven. Ocurrió en la misma sede judicial, donde se juzga a los responsables. No fue la primera amenaza, en una historia de violencia institucional.

Para evitar el contacto de policías con testigos la querella pidió la detención preventiva pero siempre se topó con la negación de la fiscalía para comprender y apoyar estos pedidos de la querella. Sin embargo, a fines de abril declaró un testigo que afirmó que uno de los policías acusados lo interceptó en la vía pública un día antes de su declaración, por lo cual el tribunal debió hacer un llamado de atención a los policías acusados con la advertencia de que si toman contacto con los testigos podrían sufrir sanciones o detenciones. Esto que ocurrió, que no estaba del todo claro para la fiscal Giuffrida, respecto a si había (o no) intimidaciones y si eran (o no) obstaculización de la justicia, debió ser explicitado por la querella mediante la presentación de un video en el que un testigo del caso relata los aprietes por parte de un comisario, durante los momentos previos a su declaración en el juicio.

Son varios los testigos amenazados que vinculan la intimidación que sufrieron con el hecho de haber declarado en la causa. Todos se niegan a denunciar porque eso les traería más problemas. Conviven con el miedo. Uno fue visitado, otro fue interceptado en la vía pública por uno de los policías acusados, otro fue increpado por dos personas que lo acusan de haber mentido en la causa, otro afirma que lo están castigando a él hostigando a su hijo con cuestiones de drogas. En el caso de una mujer, relata que ingresaron a su casa y la tomaron del cuello. Ninguno denunció formalmente. Ante el principio de incredulidad que presenta la justicia respecto a los testigos que sufren amenazas, estos recurren a la querella y al Padre Cristian Bonin buscando protección. Puntualmente, en el juicio también declaró un sobrino de Sandro Berthe. A los dos días de su declaración sufrió amenazas. Hizo una presentación judicial pero no dio nombres, no quiso especificar quién lo está amenazando. Este testigo solicitó refugio en la parroquia de Choele Choel, donde aún permanece.

Imagen : : AnRed

Coronando este clima de amenazas, también se allegó a la parroquia un testigo taxista que ya había declarado en el juicio. Relató frente al Padre Cristian Bonin y al abogado Leandro Aparicio la intimidación que sufrió por parte del comisario Gedeón Parra en la misma Ciudad Judicial, momentos antes de que iniciara su declaración. Parra era el jefe de la comisaría Octava de Choele Choel al momento de la desaparición de Solano: intimó al taxista para que no declare haber visto a Berthe en Macuba esa noche, argumentando que él le había dado franco esa noche (a Berthe) y que el juicio ya estaba arreglado, por lo que si él declaraba que lo vio, se iba a ‘comer’ una prisión por falso testimonio.

Cansados del círculo vicioso de miedos provocados por amenazas que generan miedo a denunciar para evitar posibles nuevas amenazas, la querella y el Padre Cristian Bonin, con el consentimiento del testigo, registraron su relato en video y lo llevaron a la sala de audiencias donde tiene lugar el juicio, para mostrarle a la fiscal y al tribunal un relato explícito sobre aprietes y amenazas. Ahora sí era obvio y evidente: el tribunal solicitó inmediatamente la detención del comisario Parra, quien se hallaba en los pasillos de los tribunales. En simultáneo a esta denuncia y detención en tribunales, Cristian Bonin radicó la denuncia en el fiscalía de Choele Choel.

No es una película

El video con el relato del testigo se hizo público vía redes sociales y se viralizó; evidenciando lo que está pasando ahora con los testigos del caso Solano.

“Berthe es al único tipo al que yo le tengo mucha desconfianza, a la familia de Berthe. A los demás policías no los conocía. Pero a Berthe sí. Berthe siempre me castigaba cuando andaba en el taxi. No a mí nomás, a todo el mundo. Prepotente, le pegaba a los chicos, los amenazaba. Y nosotros, con los otros taxistas que estábamos afuera (del boliche) mirábamos. Una vez un taxista le dijo: ¿por qué le pegas a los pibes? Llevalos presos y listo. Él le contestó: hay para vos tambien, si vos queres”, relata el taxista en el video viral.

Si bien el comisario Parra fue liberado en menos de 48 hs, deberá enfrentar una causa por coacción y tiene prohibido volver a las audiencias del juicio. Y ahora, ¿quién va a ayudar a Berthe?

La injusticia mata

Sin encontrar el cuerpo de su hijo ni lograr la condena de los asesinos, falleció en abril pasado Gualberto Solano, el papá de Daniel. Acampó en Choele Choel, hizo huelgas de hambre y nunca dejó de buscar al joven trabajador salteño.

Dicen quienes lo conocían que Gualberto murió en noviembre de 2011, cuando un grupo de policías desapareció y mató a su hijo Daniel, en el Valle Medio de la Provincia de Río Negro. Sin embargo, Gualberto parecía más vivo que nunca: durante estos seis años y medio acampó, toleró los fríos del invierno patagónico, se encadenó y realizó huelgas de hambre, reclamando saber qué habían hecho con su hijo.

Muy lejos de su Tartagal salteño, se convirtió sin quererlo en protagonista de una historia trágica. Y repetida: el Estado se había cargado con la vida de otro joven pobre, y su familia reclamaba saber quiénes y por qué.

Los 2.171 kilómetros que separan Tartagal de Choele Choel se habían convertido en ruta habitual para el pedido de Gualberto. Los recorría semanal o mensualmente, iba y venía, o se quedaba meses, en un modesto acampe en el Valle Medio, apenas asistido por un párroco, un par de abogados y un sector de la comunidad.

Muchos otros, en cambio, prefirieron la solidaridad con los siete policías apuntados como responsables de la desaparición y asesinato de Daniel, quien se había animado a cuestionar la estafa laboral que sufría de parte de Expofrut y la empresa Agrocosecha.

Los detalles de lo que ocurrió esa noche en el boliche Macuba, el traslado de Daniel, el cambio de auto, los golpes y la desaparición, se están ventilando en la etapa oral y pública del juicio, que se está realizando en estos momentos en un Tribunal de General Roca. Otra muerte con el sello del Estado

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