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?SUBORDINACIÓN Y VALOR?. LA PRIMERA INCURSIÓN DE LAS MUJERES EN LA POLICIA DE SALTA, 1958-1968.

En Salta, durante el gobierno del General Juan Antonio Álvarez de Arenales se organizó un Departamento de Policía con un Reglamento sancionado y puesto en vigencia el 26 de marzo de 1825. A partir de esa fecha, la institución policial tuvo un lugar en cada uno de los procesos sociales-políticos-culturales que afectaron y transformaron al Estado provincial, un lugar que estuvo regido desde el inicio por un único imperativo, ?Subordinación y Valor para Defender el Orden?, llevado a cabo exclusivamente por varones.

I

Hasta la década del ?50, en Salta era imposible que una mujer pudiese aspirar a ingresar a la institución como agente, profesión cuya injerencia estaba destinada al control de los espacios públicos y grupos de la población calificada como peligrosa. Las mujeres se consideraban personas consideradas ?débiles?, ?pasivas?, ?indefensas? y por lo tanto incapaces de poder enfrentarse con situaciones que alterasen el orden o la tranquilidad social.

Si bien en Estados Unidos ya se contaba con mujeres policías desde 1905 y en la provincia de Buenos Aires desde el año 1947, en Salta las primeras mujeres fueron incorporadas recién en 1958, a través del ?Cuerpo de Policía Femenino?, una división especial creada como parte de una reforma estructural de la Institución, originada esta como respuesta a una fuerte crisis interna, y además como solución a requerimientos de seguridad y ?decencia? por parte de los sectores ?patricios? de la ciudad capital.

Estas primeras policías femeninas emprendieron sus funciones en condiciones de inferioridad en relación a sus compañeros varones ya que eran prácticamente imperceptibles para la institución como también para la población en general.

Hacia 1968 se designó por primera vez al frente del Cuerpo Femenino a una mujer civil y su gestión significó una nueva organización de la estructura de la División, la preparación de personal eficiente y con un gran deseo en lograr lugares destacados en la Policía.

Esta investigación, que se desarrolla en el marco del Proyecto Nº 1584 ?Discriminación y Violencia de Género. Particularidades de la violencia de Género en Salta?, CIUNSa, pretende analizar el período de 1958-1968, la primera década de mujeres policías, desde una perspectiva que considere la noción de género como una categoría de análisis científico, como lo propone Joan Scott en su descripción del género como ?un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y es una forma primaria de relaciones significantes de poder? (SCOTT, 1990.) Este punto de vista permite entender las circunstancias, causas y consecuencias del primer proceso de incorporación de mujeres a una institución dominada por formas de hacer, pensar masculinos, donde el poder de mando, la sujeción a la orden, el dominio de alguien, explicitado por el lema de la Institución, ?Subordinación y Valor?, se ha ejercido desde siempre de manera vertical y a favor de los varones.

Metodológicamente esta investigación recurre a técnicas ?arqueológicas de género? . Ello encuentra su razón en que la Policía de Salta tiene como regla quemar documentación que exceda los veinte años de antigüedad, por lo que todo aquello relacionado con la década de 1958-1968 es casi inexistente en sus archivos. La mayoría de la información de esta investigación ha surgido de una?excavación? en los diarios de la época, censos de población de la provincia, Reglamentos vigentes, registros de trayectoria laboral y los relatos de algunas de las primeras femeninas.
El objetivo principal de este trabajo reside en la intención de ofrecer una reconstrucción de una década importante en la inclusión de mujeres en organismos dedicados a la seguridad pública, destacando la posición de subordinación y la violencia, por acción u omisión, a la que se veían expuestas.

Además, este trabajo aspira a brindar alguna contribución nacida desde la Ciencia Social, para comprender las actuales condiciones laborales de las mujeres policías, a partir de afirmar que los Derechos de las Mujeres son Derechos Humanos.

II

La Policía de Salta desde sus inicios fue una Institución masculina, formada por varones con probada fortaleza física y moral, como así también respetuosa de los mandatos de la familia patriarcal. Por su parte, las figuras femeninas aparecían en las reglamentaciones bajo los títulos de ?Delitos contra la honestidad? y ?Delitos contra las personas?, poniendo de manifiesto representaciones sobre las mujeres que las mostraban como víctimas o transgresoras, sin dejar de lado que además podían ser las hijas, las madres, las hermanas, las esposas, las sobrinas o las tías de los agentes policiales.

Las primeras mujeres que desearon incorporarse a la Policía de Salta lo pudieron lograr a través de la creación del Cuerpo de Policía Femenino, llevada a cabo durante la gestión del Mayor Dn. Carlos Calcina como Jefe de Policía y bajo el gobierno provincial constitucional de Don Bernardino Biella, en el año 1958.

En ese año, Argentina era gobernada por Arturo Frondizi, proveniente de la Unión Cívica Radical Intransigente, aunque su autoridad era ferozmente puesta en cuestionamiento por sectores conservadores, peronistas e inclusive radicales. Los niveles de inflación eran alarmantes y hasta se vivieron momentos de desabastecimiento de productos básicos de la canasta alimenticia.

En Salta, el gobernador constitucional Biella, radical intransigente también, no era ajeno a esa tensión generalizada que estallaba cada tanto en diferentes espacios y con un grado mayor o menor de virulencia. Es así que a principios de septiembre de 1958 se produjo un amotinamiento de efectivos policiales en Jefatura, que duró un par de días, motivado por un conflicto entre el Jefe policial, Mayor Juan Calcinas, y el personal, además de un reclamo salarial importante. Para noviembre, aún se sentían las repercusiones de esa crisis, por lo que las autoridades de la plana mayor de la policía y del poder Ejecutivo dieron a conocer una reforma que apuntaba a mejorar la situación del personal y la institución. Entre las modificaciones, la más trascendental fue, sin lugar a dudas, la creación del Cuerpo Femenino de Policía.

La incorporación de las mujeres a la Policía se consideró como parte necesaria para la renovación y modernización de la institución. Además, la necesidad de contar con mujeres en las filas respondía paralelamente a objetivos relacionados con formas de control a determinados grupos sociales considerados peligrosos, cuando no molestos para la ?gente de bien? de la ciudad de Salta, que lo manifestaban en los diarios más importantes.

La mayor visibilidad de la marginalidad y prostitución femenina, sumado al mayor consumo de drogas y el juego clandestino incontrolable, llevó a que el diario ?El Tribuno? inicie una ?cruzada salvadora?, denunciando esta creciente indecencia imperante en la ciudad. La preocupación cobró tal volumen que la Policía de Salta se vio obligada a llevar adelante lo que se llamó ?Campaña Moralizadora?, cuyas tácticas consistían sobre todo en procedimientos de allanamientos y detención de mujeres en locales sospechados, para posteriormente identificarlas y trasladarlas a las instituciones pertinentes (Hogares, Hospitales, Cárcel).

Para poder realizar todas esas tareas se hacía necesario un personal adecuado para tratar con mujeres y niños, sin ser proclives a un comportamiento sospechoso. Hasta esos momentos, la Policía había mantenido lo que llamaban ?un entorno parental? dedicado a los menores huérfanos, a través de educar en oficios ?útiles? y alimentación, pero luego de los hechos de septiembre, el personal masculino fue percibido como sedicioso y violento, por lo que se hizo necesario la incorporación de personas idóneas, ya que ?la Policía no podía abandonar esta tradición protectora y en estos tiempos modernos la suplió creando un cuerpo especializado femenino para paliar las necesidades de los carenciados. La sección policial femenina tenía la delicada misión de prevenir la contravención y el delito producido por la mujer, el menor y el anciano, a la vez de proyectar la asistencia social, velando por la integridad de la familia, el núcleo central de la sociedad? .

Por todo esto, la incorporación de esas primeras femeninas a la Policía de Salta en el año 1958, respondía a fines útiles para las autoridades masculinas más que a propiciar a las mujeres nuevos espacios para su crecimiento profesional o económico, apelando a los principios de una ?maternidad social?, tal como lo plantea Farge, es decir que en el proceso de conceder lugares en el espacio público a las mujeres (en este caso referido a tareas de seguridad), esos lugares estuvieron relacionados con el socorrer, educar y controlar a las poblaciones consideradas amenazantes o necesitadas . Es por ello que al respecto del primer grupo de femeninas se decía que debían estar dispuestas a realizar un trabajo que ?les exigía las prácticas de las virtudes de la ternura, la psicología, la aguda inteligencia, la voluntad, la buena educación, para cumplir limpiamente con los objetivos perseguidos de proteger al desamparado, no solo a través de la aplicación de la ley fría y ecuánime, sino también con la potencialidad del sentimiento puro y humano? .

A mediados del mes de noviembre de 1958, la Policía procedió a la selección mujeres para ocupar unos veinte cargos para desempeñarse como policías. Dichos cargos no estaban sujetos a concurso pero suponían una breve capacitación en la Escuela de Policía. Se presentaron un total de 400 aspirantes, pero el cupo establecido se mantuvo. Mediante Decreto de Gobierno provincial Nº 3948, del 15 de diciembre de 1958, se designaba a partir del día 1 de ese mes, en Jefatura de Policía, en el cargo de agente en comisión y en vacante de presupuesto, a 24 agentes mujeres. Este primer grupo tuvo que esperar hasta mayo del año 1960 para ser confirmadas en el cargo mediante Decreto Nº 1832.

El 15 de abril de 1959, mediante Resolución de Jefatura Nº 161, emanada por el nuevo Jefe de Policía, Dn. Olber Dominiquelli, se estipulaba que un grupo de doce de estas agentes fueran designadas como pertenecientes al ?Cuerpo Femenino de Policía?; las restantes estuvieron destinadas a las Direcciones de Investigaciones y de Seguridad.

Para este reducido grupo de mujeres la situación presentó desde sus inicios matices particulares que las diferenciaban y disminuían frente a los ?masculinos?. Un ejemplo de esto es que esas primeras femeninas no contaban con autorización para usar un uniforme con atributos, ni portar armas de fuego al igual que un policía varón. El estar autorizado para ello posibilitaba un ejercicio de poder sobre el medio, sobre las personas; el no portarlas, por el contrario, las situaba en el lugar de los que padecían ese ejercicio de poder. Para las autoridades policiales y gubernamentales, todos ellos varones, las ?femeninas? estaban destinadas a cumplir tareas acordes a su condición de mujeres: maternales, sensibles y delicadas.

Desde la perspectiva de las veinte mujeres policías, si bien las razones humanitarias de prestar un servicio a la comunidad hayan estado presentes al momento de elegir ingresar a la Policía, creo que es útil lo sugerido por Álvarez al respecto del acceso de los sectores medios a la administración pública en Salta para la década del 50, como forma de ascenso social o de mejora de sus condiciones económicas (ALVAREZ, 2003). La crisis económica por la cual atravesaba el país por ese entonces era importante, lo que pudo motivar el ingreso a la fuerza como oportunidad de poder contar con una cierta estabilidad laboral e independencia económica, además de una eventual carrera ascendente en la Institución.

III

La edad promedio de las mujeres al momento de la incorporación rondaba alrededor de los veinte años, en su gran mayoría nacidas y residentes en la ciudad de Salta, con una instrucción del nivel primario completo, aunque se presentan casos de secundario incompleto , o de conocimientos en mecanografía, taquigrafía, cocina o corte y confección. En su mayoría, se trataban de mujeres solteras y aquellas que no estaban casadas tenían a su cargo familiares directos (padres, hermanos menores).

Sobre las tareas que les fueron asignadas a las mujeres que se desempeñaban en la Dirección de Investigaciones estas estaban relacionadas a trabajos en ?Gabinete?, trabajos en oficinas, realización de prontuarios. Por el contrario, las actividades que les tocaron realizar a aquellas que se desempeñaban en el Cuerpo Femenino, se encontraba relacionadas con el servicio general de calle y con el traslado de detenidas a instituciones como el Hogar del Tránsito.

A lo largo de cinco años, en el caso del Cuerpo Femenino de Policía, este no tuvo una continuidad segura en su existencia, dejando de funcionar en algunos momentos y retornando en otros. Además el número de efectivas menguaba por renuncia o cesantía, o por el traslado a otras dependencias de la administración pública provincial, seguramente en búsqueda de un mejor espacio y oportunidades laborales, ya que las diferencias en cuanto a los salarios entre varones y mujeres eran abismales. Para 1958, un agente varón cobraba $4000 moneda nacional al momento del ingreso a la Institución, mientras que una mujer recibía una remuneración de $2200, diferencias que desconocían que las femeninas tenían el primario completo y otras instrucciones, a diferencia de los varones, que de acuerdo al Reglamento general que estaba vigente, solamente debían saber leer y escribir. Esta situación se mantuvo hasta 1962 en que mediante el Decreto Nº 6619 todos los haberes de los agentes, mujeres y varones, fuero igualados. Esa falta de interés y desigualdad se tradujo inclusive en los datos que la Dirección de Estadísticas y Censos elaboró sobre la Policía de Salta para 1961, al no considerar a las mujeres como grupo diferenciado de los agentes varones en categorías que expliciten su presencia en la Policía de Salta.

Para 1963, el total de efectivas que conformaban el Cuerpo Femenino era de aproximadamente diez mujeres, de estas, solamente cuatro habían formado parte del grupo del 58. Desde ese año y hasta 1968, el destino del Cuerpo Femenino, como así también el de las mujeres que se encontraban trabajando en otras divisiones fue incierto.

En abril de1968, siendo Jefe de Policía el Vicecomodoro (R) Luís Herrero, se convoca a la Sra. Francisca Barberá de Zuviría para asumir como Jefa del Cuerpo Femenino, suceso trascendental porque hasta ese momento la dirección solamente estaba bajo al mando de un varón, policía o militar.
Mediante un contrato convenio Decreto Nº 9095/68, se la designa como Directora del Cuerpo de Policía Femenina, hasta el 31 de diciembre de ese mismo año. No obstante este contrato, la Sra. de Zuviría exigió para sí el otorgamiento de la máxima jerarquía a la que una mujer podría aspirar, como manera de garantizarse el respeto del personal masculino. Es por ello que mediante Resolución de Jefatura Nº 126/68 del 2 de abril de ese año, se le otorgó la jerarquía extraordinaria de Comisario Inspector, siendo la primera mujer dentro de la Policía que detentaba ese cargo y la primera incluso en el resto del país.

Al momento que ella asumió, se encontró con una División casi devastada, con femeninas que se encontraban lejos de las funciones de bien público para las cuales habían sido incorporadas diez años antes y con condiciones deplorables para las mujeres detenidas. En el tiempo en que duró su contrato, la nueva Directora buscó darle una nueva dinámica de trabajo al personal a su cargo, capacitándolas e instruyéndolas en la mejora de su labor. Las tareas de las cuales se hacía cargo esta renovada División estaba orientado, además de las detenciones y traslados a los Juzgados de mujeres o menores, a brindar una especie de asistencia social, una nueva proyección de esa ?maternidad social? , encontrando en la Directora su mejor ejemplo. En esos pocos meses logró cimentar las bases de un grupo de mujeres policías calificadas, que ?hicieron carrera? dentro de la Institución, llegando a alcanzar altas jerarquías, dentro de los límites impuestos por la Institución.

A partir de 1968, los sucesivos Jefes a cargo de esa División Especial fueron policías varones y hubo de esperar hasta principios del siglo XXI para que nuevamente una mujer esté al frente de esta.

IV

Al día de hoy, las cifras de la cantidad de personal policial en Salta reflejan una sensible desigualdad entre masculinos y femeninas. Esto torna visible que ?tanto las relaciones de clase como las de género se reproducen en las organizaciones a través de estructuras o sistemas abstractos sobre supuestos de género que implican subordinación y exclusión de mujeres?.

En este sentido, creo que es fundamental entender a la Policía de Salta como una Institución donde se pone de manifiesto una representación que apela a una ?masculinidad hegemónica? , que sostiene y legitima por una parte el lugar de poder de la policía en tanto administradora del orden y la seguridad pública, como también la sumisión de los civiles o de las mujeres que se desenvuelven en su interior.

Esa ?masculinidad hegemónica? está presente desde los inicios mismos de la Policía y ha guiado el desenvolvimiento laboral de todas las femeninas desde 1958. Si bien la inclusión de mujeres supuso un des-orden al orden policial establecido, las razones para sus incorporaciones y las labores que debían llevar a cabo conducían a una exaltación de las cualidades que el género, como representación social e histórica, asignaba a las mujeres. Esto constituyó una muy buena estrategia para establecer un control sobre la participación y las actividades de las ?femeninas?, excluyéndolas de las jerarquías que implicaban mayores niveles de complejidad, habilidades y responsabilidades.

Por otra parte, el valerse de mujeres para controlar mujeres, más allá de haber sido una propuesta ?moralmente adecuada? (por el contacto corporal, sobre todo), conducía también al rompimiento de la solidaridad femenina, suplantada por una forma de compensación a la dominación de los varones, bajo la forma de permitir a las policías la posibilidad de ejercer un tipo de poder sobre mujeres situadas en lugares considerados ?bajos? desde valoración social del momento (prostitutas, dementes, ancianas). Para 1968, las realidades de las femeninas y las detenidas eran prácticamente iguales, ningunas eran beneficiarias de un buen trato por parte de las autoridades masculinas, pero sin embargo las policías no cuestionaban las malas condiciones de las presas y por el contrario se sumaban al maltrato que se les brindaba a estas.

Desde 1958, muchas mujeres policías han cuestionado los lugares que se les había asignado y lograron subvertir ese ordenamiento. Ejemplos de ello lo encontramos en aquellas que alcanzaron un alto nivel profesional en la Policía, la puesta en discusión del acoso sexual como una falta que se debe considerar, la revocación de lo establecido por la Carta Orgánica que limitaba la carrera de las mujeres pertenecientes al personal superior, como así también la aceptación de los años requeridos para los ascensos en las mismas condiciones que los varones.

Por último, si bien hay mujeres que se re-plantean la ?naturaleza? de su condición de policías y les indigna el trato que reciben a diario por parte de sus compañeros o superiores varones, ellas aún son presas de la ilusión de la necesaria complementariedad de las tareas dentro de la Policía, ilusión exaltada en cada uno de los emotivos discursos dados en cada aniversario policial existente. Esa complementariedad oculta la segregación de las mujeres, la exclusión?y tal como dice Farge ?papeles complementarios quizás, pero subordinados el uno al otro? . ?Subordinación y Valor para defender el Orden? reza el lema institucional, doble subordinación por ser mujer/policía y valor para soportarlo.

BIBLIOGRAFÍA

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-www.polSalta.gov.ar

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