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¿Dónde está Santiago Maldonado?

Santiago, el brujo vikingo

El artesano que tatuaba a cambio de comida. El cocinero de chapatis de polenta. El brujo que curaba con aceites naturales. El vikingo valiente que se animó a apoyar al pueblo mapuche en una represión. Santiago Maldonado, según sus amigas.

Imagen : AM990 Formosa

“Con el Brujo nos conocimos hace tres meses, a partir de un amigo en común. Lo conocí por su laburo, porque es tatuador”, dice “A”. “Al Brujo lo conocí en la feria, un día que estaba por irme, desarmando el puesto. Me acerqué, me atrajo su energía de buena onda. Él estaba con otros chicos, mostrándoles un block con las fotos de los tatuajes. En ese instante empezó a pasar más gente, y todo el mundo le elogiaba sus trabajos, que son hermosos. Tatuaba muchos animales, naturaleza y colores. Así de golpe fue la conexión”, nos dice B. Nos los contaban en la Feria de El Bolsón hace un par de semanas. Sin decirnos sus nombres. Preferían refugiarse, protegerse. La Gendarmería no solo se había llevado a su amigo Santiago y permanecido en la entrada de la Pu Lof durante 15 días. Las fuerzas de seguridad también las vigilaban a ellas. Es que desde la desaparición de Santiago varias veces vieron pasar, como sagaces felinos, unos autos inusuales. Vidrios polarizados, agazapados, que estaban cerca de sus casas, que daban vueltas. Autos que antes no veían. Autos que son mirados, pero que también miran. Ruedan y dejan marcas en los caminos de barro, y vuelven a pasar y pisar sobre sus mismas huellas, haciendo zanjas. Buscando, quién sabe qué. Pero la intuición avisa con apretujones en el vientre. El instinto no las traiciona. Lo saben, y se refugian.

El Bolsón descansa su silueta bien al sur, del suroeste de Río Negro, casi coqueteando con Chubut. Un paraje que -reparado entre montañas- existe como protegiéndose, como ocultándose bajo el ala de la Cordillera de los Andes. Quizá Santiago Maldonado haya sentido de la misma forma, más allá de ir tras la Meca de los artesanos por excelencia. Es decir, quizá haya viajado desde 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, desde la casa de los viejos en el Barrio Obrero, a este recóndito paraje de una belleza natural perpetuamente inimaginable, en busca de protección, y de proteger; de refugio, y refugiar; de acompañar y ser acompañado. Buscar por buscar es, en definitiva, el norte en la brújula de los nómades.

Allí abajo, como versos de un poema, un conjunto de empedernidos artesanos, paño en el piso, despliegan un arco iris de mantas con ingeniosas creaciones. Y ahí también armaba Santiago su sinfín de dibujos, con destino de tatuajes. Sus imaginaciones, sus destrezas, sus dones, sus Bellas Artes. Santiago es mochilero. Le gusta viajar. No se queda mucho en ningún lugar. Y en ese devenir, hacía tres meses que andaba por El Bolsón.

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Ahí nomás de la manta de El Brujo, las chicas arman lo propio. Dos chicas. Digamos A y B. No sabemos sus nombres. Tanto en la redacción de esta narración, como en la charla con las amigas de Santiago, existe un singular y cuasi anacrónico denominador común: un choque de tiempos verbales, que anuda una soga que viaja desde el estómago hasta la garganta. Saltos temporales inconscientes. Se habla en presente y pasado al mismo tiempo, incluso dentro de la misma frase. Es que estar desaparecido lleva -al habla cotidiana- a esa encrucijada. A estar presente, y a la vez no. Al impacto constante de sensaciones que debaten entre sí el desesperado anhelo de que Santiago regrese con vida, y la posibilidad fehaciente y dolorosamente pragmática de que no lo haga.

Y toda la charla transcurre así. Los pensamientos y sentimientos padecen de la misma cruel dualidad verbal.  “Lo invité para que venga a mi casa a cenar, charlamos de tatuajes; después pegó onda con otra gente que también estaba, y empezó a venir cada vez más seguido”, recuerda A el día en que conoció a Santiago. “La primera vez que me tatuó, él necesitaba la plata, y yo hacía rato que me quería tatuar. Entonces coordinamos y lo hicimos. Después me tatuó una segunda vez, pero yo no tenía la guita, y él necesitaba comida. Entonces hicimos un trueque por unos dulces caseros, nueces y hongos de la zona”, explica.

En su narración, “A” cuenta que el Vikingo es una persona que vive con cosas naturales, que no come carne porque no comulga con la idea de que los animales sean lastimados. Por eso es vegetariano, “y elige comer así porque no quiere que lastimen a los animales y se haga negocio a partir de eso. Es parte de sus ideales”.

“Siempre estaba con el tema de que él era un vikingo. Le ponía humor a la jornada en que estábamos juntos. Se ponía a rappear: alguien hacía una basecita y él se ponía a tirar sus letras, y nos matábamos de risa”. “Es una persona que se interesa por diferentes culturas, como la de los vikingos. Se interesa por las cuestiones naturales, y al ser los mapuche ‘la gente de la tierra, le surge ese interés. Esto lo sé por las cosas que charlábamos en casa. Un día tuvimos una conversación de varias horas, donde hablamos del parto natural. Él estaba a favor. Todos sus pensamientos eran naturalistas, de interesarse por lo primitivo, por las cosas dadas en su inicio’, explica.

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-¿Cómo viven ustedes la angustia de la ausencia de Santiago?

A- Desde que me enteré, vi su foto y lo empezaron a nombrar por la radio, la rutina es despertarse todas las mañanas, mirando el Facebook, para ver si hay alguna novedad. Y acostarse todas las noches, viendo por internet, averiguando, buscando páginas, para saber quién informa algo que sea verdad. Porque ¡veo cada barbaridad! Leer los comentarios de distintas páginas me hacen mierda. Una lo conoce al Brujo, y sé que no es la persona de la que están hablando. Están diciendo cualquier barbaridad. Que es un terrorista, cuando sé que es una persona que no va a lastimar ni a un animal. Entonces, todo eso me hace mierda. Todos los días es una constante de idas y vueltas, de marchas, de convocarse, de acercarse, de conocernos entre nosotros a partir de todo esto, una angustia constante. Y a la vez me pasa, que salgo a la calle y siento una persecución. Sentí una persecución cuando lo fueron a buscar a la casa en la que él estaba viviendo, en lugar de ir a buscarlo a donde lo secuestraron. ¿Por qué no lo buscan en las camionetas donde se lo llevaron? ¿Por qué no indagan en Gendarmería? ¿Por qué no apuran los resultados? Eso no se entiende. Para mí, lo que están haciendo es una persecución. Lo persiguen en vez de buscarlo.

-¿De qué temas solían conversar?

B: Mucho de política no hablamos. Sí lo hacemos sobre conciencia solidaria. Somos dos personas solidarias, y por eso me siento muy identificada con él. El día en que se supo por radio que había mujeres y niños solos (en la Pu Lof Cushamen) todos sabíamos que era real la persecución. La gente que apoya a la Pu Lof recibe mucha persecución de diferentes formas. A Romina Jones Huala le bajaron dos dientes después que fue golpeada por la Gendarmería, y siendo mujer. ¡El 10 de enero (durante una de las represiones al pueblo mapuche) esposaron a una nena de 9 años! Sabemos de la violencia de Gendarmería, son lo más turbio que hay. Nunca tuve la valentía de enfrentarme a ese poder, es decir, ir a apoyar y estar en el lugar en sí.

-¿Ustedes sabían que podía haber un ingreso de Gendarmería a la Pu Lof?

B: Estaban por entrar. Sabíamos que habían detenido nueve personas en Bariloche, y que no había hombres. Porque la realidad es que es muy poca la gente que le hace el aguante al pueblo mapuche. En verdad es mucha, pero es poca la que se anima a ir a los lugares, en momentos de represión. Porque -es lógico- la fuerza que tiene Gendarmería es brutal, y ya sabés que -si vas- mínimamente te vas a comer una re paliza; te van a re cagar a palos; te van a bajar un par de dientes; te van a hacer pasar horas detenida. Y yo, al tener hijos, no podía. Escuchaba la radio y tenía ganas de ir, pero no quería exponer a mis niños. Tampoco conseguí quién se quedara con ellos. Y al final, una se termina sintiendo una hipócrita, porque no pudo ir.

Y Santiago fue.

Y, siendo la persona que es el Brujo, como yo lo conocí, alguien sensible, solidario y consciente, sé que sintió lo mismo que sentí yo. Y él, al estar solo, y no tener hijos, fue para allá. Porque los llamados eran desesperantes. Había detenidos en Bariloche. Y hay que aclarar una cosa: para mí esto fue TODO ARMADO. Lo hizo el Estado Nacional. Porque esto fue todo junto: Benetton, Macri, Bullrich, Guido Otranto, todos están de la mano.

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La conversación vuela libre. Incluso hay risas, que descargan inocentemente, recordando a Santiago, anhelando su regreso. Entre recuerdos y reflexiones, “B” confiesa que “entre el Brujo y yo siempre tuvimos una conexión mística. Nos juntábamos y hablábamos sobre las misiones que a cada uno -suponíamos- nos tocaban en la vida. Charlábamos sobre el momento presente. Compartíamos la sensibilidad con la que veíamos el mundo. Él trabajaba con plantas, hacía aceites naturales, tinturas, medicina natural, por eso le decíamos el Brujo. Era brujito con las hierbas. Es una persona muy sensible”.

“B” también refrenda la característica de Santiago de ser una persona amiguera, de juntarse a tocar la guitarra en grupo, comer algo, rappear, y reír todo el tiempo. “Nos llamábamos y nos preguntábamos qué estábamos haciendo, y nos juntábamos a tomar mate. Él hacía chapatis de polenta, que eran su especialidad. A veces llegaba a casa, y si yo tenías los platos sucios, él se arremangaba y se ponía a lavarlos, o a barrer”.

Entonces “A” se sale de la vaina, y precisa agregar un dato que le parece trascendente: “La imagen que se tiene de él, que se lo ve con barba, rastas y el pelo largo, es un aspecto que contrasta con su pulcritud. Una vez vino a casa, con sus herramientas para tatuar, y su mochila con ropa. Me pidió permiso para bañarse. Tenía una pulcritud para ordenar todo que no cuadra con la imagen que una ve, o la imagen que dicen de él ahora”.

Es verdad“, agrega “B”.  “A veces yo tenía quilombo en casa, con los nenes, y me cagaba a pedos por el desorden“.

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¿Qué reflexión les queda ante todo esto que está ocurriendo en torno a la desaparición forzada de Santiago?

B- Además de hacer responsable al Estado Nacional por la desaparición de Santi, quiero repudiar que (Pablo)Noceti sea Jefe de Gabinete de Seguridad de la Nación. Es una persona vinculada a la dictadura militar y claramente, la desaparición de Santiago, es una consecuencia de que esto se haya permitido. Porque lo supimos desde el primer momento. Se denunció públicamente, y la gente lo aceptó. Entonces, seamos conscientes de que nosotros elegimos a este Gobierno. Permitimos que se ponga como Jefe de Gabinete de Seguridad a una persona que estuvo vinculada a la dictadura militar. Entonces, no debiera sorprendernos que estén haciendo esto. No solamente desaparecieron a una persona, sino que además están investigando a todos sus vínculos cercanos. Nos están haciendo sentir personas que deberíamos estar escondidas, cuando nosotros somos amigos de él, y no tenemos nada que ocultar. Por lo tanto, tenemos miedo. Nos vamos a cuidar por nuestras familias, pero vamos a seguir luchando para que esto se esclarezca. Y que jamás se manche el nombre de nuestro amigo.

La ocupación humana en la zona de El Bolsón sólo fue posible cuando se retiraron los hielos de la última glaciación pleistocénica, la cual data de unos 14 milenios. Sin embargo, hoy corre un frío salvaje en esta ciudad cordillerana. Protección, refugio, albergue. Así lo buscan, y así lo siguen sintiendo muchos de sus habitantes. Quizá Santiago Maldonado lo haya sentido así, más allá del anhelo de viajar a la Meca de los artesanos por excelencia. Quizá. No lo sabemos. Ojalá podamos preguntárselo. Ojalá el Estado lo devuelva.

Un comentario

  1. Excelente y emotiva nota. Me encantó haber podido leerla. Celebro encontrar personas que se jueguen escribiendo así!!!! Gracias. Gracias. Gracias! Gra. (Lanús)