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Reflexiones en torno a las imágenes fetales en la esfera pública y la noción de ‘vida’ en los discursos contrarios a la legalización del aborto”

El artículo aborda los principales aportes teóricos en torno a la dimensión visual del debate por el aborto legal en diferentes partes del mundo, especialmente acerca de las imágenes utilizadas por quienes se oponen al derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. El análisis incluye los planteos iniciales de fines de los años ?80, vinculados con las imágenes fijas publicadas en medios gráficos y continúa con las imágenes editadas en videos y documentales, como el clásico ?El grito silencioso?. Luego, se detiene en las nuevas tecnologías de visualización obstétricas, que ?desde el campo científico-tecnológico- contribuyeron a invisibilizar el cuerpo de la mujer embarazada y otorgaron vida propia al feto. Se analiza la aparición de estas imágenes en escenarios clave de la política argentina por parte de los autodesignados sectores ?pro-vida?, en el marco de la disputa por el significante ?vida? en juego. Por último, se esbozan algunas propuestas para contribuir con las significaciones que discuten las analizadas.

Los debates teóricos: breve estado del arte a circulación de imágenes prenatales flotando libremente en diferentes superficies y espacios públicos ?entre ellos, medios de comunicación, afiches colocados en tribunales de justicia o carteles de movilizaciones callejerasgeneró desde los años ?80 un conjunto de reflexiones críticas respecto de la dimensión visual de la contienda vinculada con el derecho de las mujeres a decidir sobre la
interrupción de embarazos. El análisis abarcó, en primera instancia, aspectos vinculados con la producción de sentidos desde las imágenes mediáticas en la cultura moderna y, luego, se abocó a las representaciones generadas desde las tecnologías de visualización obstétricas.

Rosalind Petchesky (1987) fue pionera al advertir acerca de las significaciones construidas y puestas en juego en torno a imágenes fetales desligadas del cuerpo de la mujer que inauguraron la noción del feto como sujeto autónomo, independiente de la mujer gestante y con derecho a reclamar por su vida en los EE.UU., durante la era conservadora presidida por Ronald Reagan.

En ese contexto, la autora evaluó la aparición pública del video ?El grito silencioso? en 1984 como una pieza clave de propaganda de los grupos contrarios al derecho a decidir de las mujeres en la década de los años ?80. Destacó en primer lugar su aporte singular en la disputa del imaginario sobre el aborto, por ser el primero en trasladar las hasta-entonces imágenes fijas del feto, en ilustraciones o fotos, hacia imágenes en movimiento del presunto ?bebé? vistas en la pantalla de un televisor. Además de ?dar vida? a la imagen fetal, el pretendido documental desplazó la retórica antiaborto del campo religioso al del médico-tecnológico a través de la cultura visual mediática.

Así, las interpretaciones de las imágenes mostradas en el video por el narrador médico, un ex practicante de abortos ?arrepentido?, en calidad de ?evidencia? o ?información médica?, fueron de inmediato criticadas por paneles médicos, editoriales de diarios como el New York Times y por la asociación Planificación Familiar (Planned Parenthood).

En síntesis, éstos indicaron que un feto de doce semanas no tiene corteza cerebral como para recibir impulsos de dolor como sostiene el relato; que tampoco es posible que ?grite? sin aire en sus pulmones; que los movimientos en esa etapa son reflejos y sin propósitos; que la imagen de movimiento frenético del feto (en supuesta ?defensa? por la intromisión de instrumental para quitarlo del útero) se deben haber generado por
aceleramiento de la película y que la imagen mostrada en la pantalla del televisor es casi el doble del tamaño de un feto de doce semanas.

Estos señalamientos, junto al singular deslizamiento de sentido operado en el campo lingüístico donde en reiteradas ocasiones se identifica ?feto? con ?niño?, ?ser humano? o ?persona?, permitieron situar las significaciones en juego en el audiovisual en el campo de las representaciones culturales o, mejor dicho, en el de las ?construcciones? culturales; más que en el de la evidencia médica como intentó forjarse desde la voz legitimada de la palabra médica.

Ahora bien, al indagar en construcciones previas de imágenes de un feto independizado del cuerpo de la mujer que posibilita su existencia, como si fuese autónomo, Petchesky destaca como antecedente la edición de junio de 1962 de la revista de circulación masiva Look, donde se publicó la historieta. Los primeros nueve meses de vida, con cuadros que secuencian imágenes de un día, una semana, 44 días, siete semanas, etc. En todos los cuadros, el feto aparece solitario, pendiendo en el aire (o en su saco), sólo conectado a un sistema generador de vida mediante un ?cordón umbilical claramente definido?. Al mismo tiempo que en los globos de diálogo de la historieta se lo llama ?el bebé? (nombrándolo como ?él? aún cuando al nacer es una niña); no existen referencias a la mujer embarazada, salvo en el cuadro final, donde se muestra a la recién nacida al lado de su madre, mirando hacia el padre. Se podría afirmar entonces que desde el comienzo, en este material gráfico de circulación masiva de los años ?60 se representa al feto como principal y autónomo; mientras que a la mujer como ausente o, en el mejor de los casos, secundaria.

Vinculando esta historieta con las imágenes del documental precedentemente analizado, la autora enfatiza que el feto no podría experimentar por sí mismo estar flotando en el espacio si no estuviese en el útero de una mujer, alimentado mediante un torrente sanguíneo. En este punto, Petchesky considera que se produce una analogía con ciertas significaciones instituidas en el imaginario estadounidense en torno a la experiencia grandilocuente de la llegada del hombre a la luna, imágenes asimismo presentes en ?El grito silencioso?, y trae a colación una cita de Barbara Katz Rothman, para quien ?el feto en el útero se volvió una metáfora del hombre en el espacio, flotando libre, solo vinculado por un cordón umbilical a la nave espacial?, donde la mujer gestante es mero ?espacio vacío?.

A la vez, Petchesky llama la atención respecto de un segundo desplazamiento acaecido en la década de los años ?80, vinculado con las imágenes en el campo de la obstetricia, donde circularon las imágenes de ultrasonido, conocidas como ecografías.

A partir de entonces, las tecnologías de visualización obstétricas contribuyeron con ese cambio de sentido estratégico en la argumentación al borrar desde el principio las fronteras entre el feto y el bebé, reforzando la idea de la identidad del feto separada y autónoma de la mujer gestante (…)

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*Prof. Asociada regular a cargo de Teoría Sociológica y del Seminario ?Miradas de Género en la Comunicación?, Lic. en Comunicación Social, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Entre Ríos. El presente trabajo fue elaborado durante una licencia por año sabático otorgada por el Consejo Directivo de la Facultad. claudialaudano@yahoo.com.ar

FOTO: www.abortoinformacionmedica.es