DEL LIBRO MUJERES DE SALTA TESTIMONIOS DE VIDA

Rafaela Gaspar ? Villa Primavera(1)

Las coplas son mi alegría

mi cajita es mi sentir,

mi tonada un sentimiento

ella me ayuda a vivir.

?La baguala es con sentimiento y alargada y la copla es menudita y rápida?.Apura la aclaración porque así es ella: inteligente, vivaz y aguda en sus comentarios. Heredó de su padre el amor por la copla .Coplas que escuchaba de niña en un pueblito de Santa Catalina, en plena puna jujeña Recuerda como una etapa de mucha felicidad su tiempo de niña, en el campo, colaborando en el acarreo de leña, la siembra y la esquila, ordeñe y pastoreo de las ovejas.?Cuando uno es chico, uno no sabe si es feliz o no. Todo es lindo cuando uno es chico. Cuando uno es grande ya ve cómo es la realidad.? Registra como momentos de angustia, los largos meses en que debían abandonar corderos y ovejitas para acompañar a su padre en las tareas de cosechero golondrina del ingenio La Esperanza.

Finalizado el contrato de arriendo de las tierras que ocupaba la familia, decide, en plena adolescencia, instalarse en Salta para trabajar como empleada doméstica y contribuir al sostén de sus padres. Asegura que sus experiencias como empleada doméstica, fueron felices y cree que se debió a su condición de campesina guapa, obediente y educada. Pero admite que, para otras mujeres la misma experiencia no suele ser tan agradable. Fue en medio de un incidente, en una procesión del Milagro, que conoció a un apuesto joven que sería su esposo, el padre de sus hijos y su compañero de toda la vida. Bagualero él, hombre con virtudes y disposición a recorrer el mundo difundiendo tradiciones y cultura. Asegura que,? en el campo decían que cuando una se casa tiene que hacer por los hijos y seguir al marido?por ello, entre partir y quedarse, siempre eligió quedarse al lado de sus hijos. Don Severo Báez, que de él se trata, tuvo la oportunidad de viajar por todo el país y países lejanos, llevando la música y la cultura de los valles y la puna salteña. A Rafaela, la posibilidad de separarse, aún temporariamente de sus hijos pequeños, le cerraba el pecho:?Ellos han andado viaje y viaje, yo me quedé acá. Algunas veces estaba arriba del colectivo-evoca-miraba mi casa, miraba a mis hijos, prefería a mis hijos, me bajaba y no me iba?Empecé a participar de las presentaciones de copla y baguala hace poco, cuatro o cinco años .Lo acompañaba algunas veces cuando iba a Tucumán, a Tafí del Valle, pero ellos se fueron a Cosquín, se fueron a otros países leeeejos-dice arrastrando las vocales, a Europa, se fueron los bagualeros, pero yo no, como le digo, yo siempre mi casa, mis hijos y ahora los nietos?

En algún momento, una vecina le solicitó autorización temporaria para instalar un comedor comunitario en su casa, sólo por unas semanas. Y las semanas se hicieron meses y los meses años. Mientras, se fueron multiplicando los niños y alguna que otra anciana que llegan hasta allí, en busca de comida.

Su casa alberga, además, el Centro de Residentes Vallistos y Puneños, Bagualeros del Norte Argentino, en Defensa de Nuestra Cultura, del cual es presidenta y su esposo el secretario general. Un espacio desde donde se proponen cultivar y difundir cultura y tradiciones de los que emigran del campo a la ciudad.

Con la voz quebrada expresa que su mayor sueño hubiese sido irse a vivir al campo y sentencia con tono académico que ?el campo es lindo porque hay supervivencia, en cambio en la ciudad no se puede hacer eso. En el campo usted cría sus ovejas, sus gallinas, sus patos; a pesar del clima allá en el campo, tenemos nuestra chacrita, nuestras papas?la comida?? Sólo la añoranza de la tierra la hace llorar. Por lo demás, Rafaela es un canto a la alegría y la ternura. Como la copla.

El comedor Infantil La Esperanza que funciona en casa de Rafaela, da de comer diariamente a 93 niños y dos ancianas. Y no cuenta con ayuda oficial pues ya funciona un comedor sostenido por el gobierno en el mismo barrio. Rafaela desea agradecer a los feriantes de la calle San Martín, próximo a las vías, pues son quienes, solidariamente, donan las verduras para el comedor. También a quienes llevan adelante el ropero y la huerta comunitarios de Palermo, por su permanente aporte a los niños de Villa Primavera.

En el comedor La Esperanza, se imparten conocimientos acerca de la prevención de la diarrea estival, del manejo de los biberones para los niños/as recién nacidos, prevención de embarazos precoces y charlas de Salud Reproductiva.

Dado que el comedor como el Centro Cultural, son sostenidos por el trabajo de la familia y los voluntarios, Rafaela solicita un espacio más grande para que funcione el Centro y mercaderías, chapas, mesas y utensilios de cocina para el comedor. Sabe que la comida del comedor no responde a una dieta equilibrada, que ni siquiera puede acompañar con pan para todos, pero es al menos un plato de comida y dice sentirse muy emocionada cuando ve esa tarea cumplida. Tarea que además de emoción, debe inspirarnos el permanente respeto hacia quien hace de la solidaridad, un canto a la vida.Soñando con la Puna, a la que querría volver, canta una de sus coplas preferidas a modo de despedida:

Cuando muera la pastora

Luto se pondrán los campos,

No han de brotar puya-puya

Se han de secar los airampos.

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(1) Barrio ubicado hacia el sudoeste de la ciudad .Según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001, este barrio cuenta con 4.665 habitantes.

FOTO: www.proteger.org.ar