Libertad para Higui

Prefieren llorarnos: cuando ser mujer y sobrevivir no garpa

Analía Higui de Jesús lleva más de 100 días presa por defenderse ante un intento de violación. “Por momentos pareciera ser que tanto los medios como cierto sector de la opinión pública prefieren llorarnos”, señala la autora.

Imagen : Agencia Paco Urondo

“Te vamos a violar así te corregimos” había sido la advertencia previa de la patota que solía acosarla en el barrio de Marilo, Bella Vista, San Miguel. “Te voy a hacer sentir mujer, lesbiana” fueron las palabras de Cristian Rubén Espósito ese 16 de octubre antes de tirarla al suelo a los golpes, mientras junto a los demás agresores le arrancaban la ropa para proceder a violarla. Fue entonces cuando Analía “Higui” de Jesús, temiendo por su vida, tomó el cuchillo que cargaba consigo por seguridad y lastimó a Cristian con intención de que la soltaran, sin saber en ese momento que lo había herido de muerte. Desde ese entonces ya pasaron cuatro meses. Higui lleva más de 100 días encarcelada en un destacamento femenino de Villa Maipú, San Martín. Su delito: estar viva, ser una sobreviviente. Haber tenido la osadía de defenderse de sus atacantes ante un intento de violación y empalamiento.

2.

Y es que sobrevivir no garpa. No vende tanto en los diarios. Menos aún cuando la víctima es mujer, lesbiana, morochita, pobre. Por momentos pareciera ser que, de alguna manera, tanto los medios como cierto sector de la opinión pública prefieren llorarnos. Cada vez que alguna publicación online anuncia la aparición de alguna chica buscada hace varios días, salta la turba enfurecida: “seguro estaba enfiestándose por ahí”, “se nota en la foto que es medio puta”, “a los padres también hay que meterlos presos”, etc. Entonces, mujer, acepta tu destino: sumisa, o adentro de una bolsa. El caso de Higui no trasciende porque está viva, porque no pudieron violarla, porque no lograron empalarla, porque eligió enfrentar a sus atacantes y pelear por su vida. Las imágenes del rostro y cuerpo de Higui llenos de moretones, estando ya detenida y luego de habérsele denegado su derecho a la revisión médica correspondiente, no cotizan tanto como las fotografías del doble femicidio de Varela, viralizadas por el morbo mediático para alimentar el morbo social.

3.

El 15 de septiembre de 2016 el presidente Mauricio Macri manifestó su posicionamiento en relación al polémico caso del carnicero que, actuando en “legítima defensa”, persiguió atropelló y mató a un ladrón en la localidad de Zárate: “quiero decir que más allá de toda la reflexión que tenga que hacer la Justicia, la investigación, si no hay riesgo de fuga, porque es un ciudadano sano, querido, reconocido por la comunidad, él debería estar con su familia, tranquilo, tratando de reflexionar sobre todo lo que pasó, mientras la justicia decide por qué sucedió la muerte que hemos tenido”, declaró el jefe de Estado.

Analía de Jesús no tuvo la misma suerte. Ningún funcionario público se solidarizó o posicionó en relación a su causa. ¿Será porque aparentemente tan sólo los hombres tienen derecho a la legítima defensa? Tampoco obtuvo mucha atención por parte del Poder Judicial. De nuestra (in)justicia Argentina: clasista, misógina, machista, selectiva.Tanto es así que la causa apenas alcanza las 190 fojas, con algunas pocas declaraciones de allegados a Cristian Rubén Espósito. Es decir, sus atacantes. Al día de la fecha no hay peritajes ordenados. Los atacantes de Higui están libres mientras que la defensoría no apeló la preventiva de la joven, solicitada por el fiscal Germán Muñoz, de la UFI 25 de Malvinas.

4.

2017. Contabilizamos 58 femicidios en 45 días. Cada 18 horas una mujer es asesinada en manos de la violencia machista en nuestro país. Al mismo tiempo, el gobierno decide, “por error”, recortar 67 millones de pesos al Consejo Nacional de las Mujeres (CNM) y a la implementación del Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la violencia contra las mujeres (PNA). Y es que este accionar, que bajo ninguna circunstancia podría considerarse un error, es la evidencia incuestionable del desinterés real por parte de este gobierno para trabajar en pos de la erradicación de la violencia de géneros. Su eventual rectificación, imprescindible claro está, tan sólo da cuenta del temor respecto al costo político que pueda tener desentenderse del tema.

Estamos ante una gestión que pretende mostrarse como primera y principal embanderada de la lucha por la igualdad de géneros, desconociendo tanto nuestras conquistas previas como el hecho de que las mismas fueron posibles luego de un arduo camino de organización y lucha transitado por nosotros y nosotras. Una gestión que hace foco en la necesidad e importancia de denunciar, pero no garantiza a través de políticas públicas la contención y acompañamiento sostenido en el tiempo para que aquellas mujeres que hayan tenido el coraje de hacerlo puedan construir proyectos de autonomía a salvo de la violencia machista. Una gestión que habla de prevención pero desfinancia y desmantela el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, herramienta esencial para combatir la violencia de géneros en tanto cuestiona los estereotipos de género, plantea el respeto a la diversidad sexual, el papel central de los sentimientos y la dimensión afectiva de las relaciones, así como la perspectiva de derechos humanos.

5.

Faltan muchas entre nosotras. Nos duele Melina Romero, nos duele Lucía Pérez, nos duele Luz Villafañe y nos duelen todas aquellas que no son nombradas, que hoy por hoy están desaparecidas por una red de explotación sexual, muertas por abortar clandestinamente o presas injustamente como Higui de Jesús. No nos resignamos a aceptar el destino que esta sociedad heteropatriarcal pretende imponernos. La convocatoria al Paro Internacional de Mujeres da cuenta de ello. Este 8 de marzo paramos para denunciar, paramos para recordar, y paramos para exigir.