Por una cultura de mujeres, juegos y pelotas

Mónica Santino dirige el equipo de la Villa 31 del que participan 60 mujeres. Su sueño es fundar un club profesional donde abordar el género y el deporte. Con el Mundial de fondo, habló con Rosario3.com.

En el año 1994, un trabajo de campo de la carrera de Trabajo Social de la UBA puso de manifiesto los escasos espacios de expresión y la casi nula oferta deportiva destinada a mujeres en situación de exclusión.

Con ese antecedente, Mónica Santino, que se desempeña desde 2003 en el Centro Municipal de la Mujer y Políticas de género del municipio bonaerense de Vicente López,  tomó la posta de la primera entrenadora y se hizo cargo del equipo de fútbol femenino de la Villa 31.

La experiencia de Santino fue el disparador que alentó a Gabriel Balanovsky y Ginger Gentile a filmar el documental Mujeres con pelotas.

“Empezamos a trabajar a fines de 2007. Lo primero fue conocernos, establecer el vínculo”, reseñó Santino a Con los tampones de punta, la sección que las mujeres de Rosario3.com llevan adelante desde el inicio del Mundial. “Las Aliadas” surgió como el significante capaz de anudar a las chicas que estaban desde el principio con aquellas que se habían sumado a partir de la llegada de la nueva entrenadora.

“Una alianza entre esas dos miradas devino en «aliadas»”, sintetizó quien es también una de las referentes de La Nuestra Fútbol Femenino, organización que promueve un espacio para la práctica que trascienda lo deportivo hacia otras áreas, como la educación y la salud, con perspectiva de género.

En la entrevista surgieron distintos aspectos relacionados con su experiencia al frente del equipo y la cultura del fútbol, como hecho social propiamente dicho.

Los ejes de la charla pasaron por lo institucional –la AFA y el anhelo del club propio–; el deporte –el juego y la educación física–; la posesión de la cancha –un lugar sagrado en la villa y reservado a los chicos–, el cuerpo mismo de la mujeres –“lesbiana”, “machona” y el resto del cotillón–; la solidaridad y el equipo; la maternidad y la crianza compartida; la división de los roles esperados para nenas y nenas (los géneros); y hasta el ración de machismo del fútbol.

El fútbol. ”Es un coto con una identidad masculina tan fuerte que lo vuelve un terreno sagrado donde no te podés meter y la identidad de género se reproduce casi de manera brutal. Nosotras no queremos jugar como los varones, sino como lo que somos, mujeres, que no nos corran con la cuestiones biológicas de «que si aguantás o no un partido», «que si un hombre tiene más fuerza». Y la verdad es que eso no te resta para jugar un partido. Algunas lo hacen no tan bien y otras dejan pintado a más de un tipo. Me parece que tanto en lo técnico como en lo táctico no hay diferencias entre hombres y mujeres. Sí en lo físico. Pero eso no determina si podés jugar o no al fútbol”.

El equipo. “El fútbol genera pertenencia y plasma un proyecto colectivo, al tiempo que derriba uno de los grandes mitos del género: las mujeres no podemos hacer nada juntas. Además, revierte la inercia de los procesos sociales que fueron atravesando la villas en Argentina, tanto con la dictadura militar como con los años y años del neoliberalismo en los que primaba la individualidad”.

Todo juego es político. “Lo que me parece que se constituye en un hecho político es que las chicas puedan jugar en la cancha, que no es algo menor porque cuando sos una chica joven o una niña en situación de exclusión, se toman conductas adultas muy tempranas: se hacen cargo de tareas pesadas en la casa, cuidan hermanos más chicos o hijos propios. La posibilidad del juego está anulada, ni siquiera se lo plantean dentro de la estructura familiar. Entonces, salir a ganar la cancha, que es el espacio público más importante en las villas –no se avanza ni se construyen casas en ellas, son como terrenos sagrados–. Eso se fue logrando de a poco, a medida que las chicas se sumaban, íbamos corriendo a los varones, hasta que logramos un horario. Fue casi como una batalla cuerpo a cuerpo. Pienso que es clave el acceso de las mujeres al deporte en general. Si no tenés educación física en la escuela o no pertenecés al alto rendimiento, la mayoría de las mujeres no jugamos a nada. Y la actividad física está emparentada más con una cuestión estética, con el ideal de belleza de la mujer que toma yogurt. Y la verdad ahí no está el placer de jugar, de jugar nomás, como cuando sos chiquita”.

Una solidaridad palpable. “El fútbol te hace sentir que vos en la cancha, sin una compañera, no sos nada. Así se va generando un movimiento de mujeres en torno a la pelota. A eso le sumás las alegrías que el futbol produce: abrazarse con una compañera o asistirla en la cancha. A las chicas (Las Aliadas) les abrió la posibilidad de empezar a mirar sus vidas de otra manera. Y no creer que en la maternidad como el único fin o la única manera de ser mujer, que es una cuestión cultural muy fuerte en el barrio y en las chicas. Un hijo es lo primero que se tiene y lo primero que se posee y a dónde toda la cultura del barrio te lleva o apunta”.

La camiseta. “Son los colores, es lo que te identifica; es simbólico. Sobre todo si pensás que un jugador de fútbol besa la camiseta cuando hace un gol. Además, a esta camiseta (Nota: la que viste Las Aliadas) la diseñaron ellas. Es como la bandera. Explica lo que sos, aunque sea una sensación difícil de explicar”.

Las nenas y los nenes. “Desde hace un tiempo que se están sumando nenas más chiquitas, entre 6 y 10 años, que no es algo que fuimos a buscar sino que apareció. Y no es el único cambio. La familia también acompaña el rato de entrenamiento, algunas adolescentes vienen con los papás o sus compañeros que se hacen cargo de los chicos mientras ellas están jugando a la pelota”.

Crianza compartida. “Son muy pocas las chicas que dejaron de venir tras ser mamás. Este año empezamos a ver también cómo el papá sale de trabajar y pasa a buscar al hijo o la hija por la cancha y se la lleva a casa. Es una tranquilidad para la mamá que se queda porque tiene los cinco sentidos puestos en el juego”

Los discursos y el cuerpo de las mujeres. “Está eso de que «si jugamos al fútbol, nos queremos parecer a un hombre», o las afirmaciones en torno a la sexualidad, y desde un lugar peyorativo: «todas las mujeres que juegan al fútbol son lesbianas».

El género.”Me parece que esta es una batalla, como la que libraron las sufragistas a comienzos del siglo XX, cuando nos decían que no podíamos votar y que no podíamos participar en la vida política. Bueno, tenemos una Presidenta. Y pasaron generaciones de mujeres hasta que eso ocurrió. En las historias de las mujeres, los hechos siempre se produjeron así. Quizás mis nietas disfruten del fútbol a secas, ni femenino ni masculino.

—¿Qué cambios notás entre la práctica de fútbol femenino cuando vos jugabas y ahora?

—Que hay cada vez hay más mujeres que le dan más visibilidad a la práctica y que esta atraviesa todas las clases sociales. Pero los prejuicios, te diría que están casi intactos. Cuando yo jugaba en AFA, había una cantidad de equipos porque había televisión. Hace años que la cantidad de equipos es la misma y que sigue la misma persona al frente del futbol femenino. Hay que dar un empuje y una estructura para que se desarrolle. Por eso nosotras insistimos en fundar un club donde el deporte principal sea el fútbol femenino y no, como ocurre ahora, que es el orejón del tarro de las instituciones. Por ejemplo, un club que tenga un lugar para desarrollar inferiores o un espacio donde alojar a las chicas que no son de la ciudad; un lugar en el que puedan estudiarse el género y el deporte, y donde empezar a pensar en una cultura de mujeres alrededor del fútbol.