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¿Por qué la mujer maltratada no denuncia?

La vergüenza de reconocer todo lo que ha llegado a tolerar y el deterioro psíquico que sufren las inhabilita para buscar salidas a su situación.

Intentamos no hacerlo, pero cuando vemos algunos casos de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas, a veces es inevitable el preguntarse por qué no paró esos golpes, por qué no acudió en busca de ayuda, por qué no denunció. Preguntas fáciles cuando a quien se le cuestionan es una persona que se encuentra bien, que no tiene excesivos problemas, que se siente querida por los suyos. Pero de las más difíciles de contestar si a quien se le inquiere es a una mujer maltratada, dominada, atemorizada y cuya autoestima está literalmente en el suelo. En la mayoría de los casos, la respuesta siempre es la misma, el miedo.

Esta es la principal conclusión del estudio Sobre la inhibición a denunciar de las víctimas de violencia de género, elaborado por la delegación del Gobierno para la Violencia, presentado ayer por la secretaria de Estado de Igualdad y Servicios Sociales, Susana Camarero. Este trabajo intenta entender el motivo que lleva a una mujer a soportar el maltrato año tras año y que sólo el 28,6% delas víctimas de la violencia machista se haya atrevido a dar el paso de acudir a la policía o al juzgado. Los investigadores querían saber qué mecanismo es el que falla, si la información actual no es suficiente o la existencia de situaciones de especial vulnerabilidad social o económica les impide dar el paso.

Las conclusiones apuntan a un poco de todo. Pero es cierto que el principal motivo para no denunciar se encuentra fundamentalmente en el interior de la propia mujer, en el miedo visceral que las atenaza. No es sólo miedo al maltratador, es miedo incluso a los demás, al qué dirán, a perder a sus hijos, a no saber cómo sobrevivir cuando se acabe la relación¿ El miedo en su más pura esencia.

El trabajo es cualitativo. Se ha realizado tras entrevistar a cuarenta víctimas de violencia de género que no han interpuesto denuncia. La investigación se ha completado con entrevistas a profesionales del ámbito jurídico, sanitario y social que trabajan con mujeres maltratadas.

Lo primero que hay que entender, explican desde la delegación del Gobierno, es que una mujer que sufre malos tratos tarda tiempo en decidir dejar esa relación tóxica que vulnera los derechos más elementales del ser humano. Es un proceso largo en el que él intentará por todos los medios evitar que ella tenga una red social y familiar en la que protegerse, mientras su estado mental se va deteriorando poco a poco. Tanto que en muchos casos, “ese deterioro psicológico las llega a inhabilitar para tomar decisiones y buscar salidas a su situación”, indica el estudio.

A esa precariedad psicológica, presente en la gran mayoría de los casos, se suma la percepción de soledad (creada por él) y el temor a no poder sobrevivir económicamente sin el maltratador.

Ese deterioro mental en gran parte se explica por el miedo que las atenaza y que las impide denunciar, poner fin a ese drama. Según el estudio, el primero miedo es al maltratador y a sus reacciones, a sus represalias, a si las perseguirá, si la cogerán en plena calle y las matará o hará algo a sus hijos. Porque, hay que reconocer, tal y como apunta el trabajo, que el poner fin a una relación no acaba con el estrés. La mujer tarda un tiempo en rehacer su vida y superar el temor y la angustia.

Otros de los miedos que más mencionan es al propio hecho de acudir a denunciar y no ser creídas. Pese a que está más que demostrado que las denuncias falsas son mínimas, las campañas que desde determinados sectores machistas (hombres y mujeres) alertando de las mentiras de las maltratadas han calado y ellas tienen miedo a ser consideradas unas farsantes, sobre todo, en el caso de que no haya violencia física. También temen perder a sus hijos, a no tener medios económicos para poder atenderlos, a no encontrar un empleo. La inseguridad es otra constante que se extrae de sus discursos.

Y, por último, la vergüenza a reconocer todo lo que ha tolerado y a la estigmatización que eso supone. Hasta cierto punto, cuando uno denuncia se ve obligado a explicar por qué ha tolerado determinados comportamientos, por qué no se marchó…Y eso conduce en cierta manera a la culpabilización de la víctima.

¿Qué hacer ante esta situación? El estudio aporta propuestas de soluciones, como el que la infraestructura judicial, la denuncia y la protección de la mujer, son elementos realmente imprescindibles para eliminar esta violencia. En palabras de Susana Camarero, “las mujeres deben estar acompañadas en el proceso por profesionales que deben contar con la formación adecuada”. Además, considera necesario fortalecer a las víctimas para que sean capaces de entender qué les está pasando y hacer frente a los malos tratos. Otras medidas que pueden contribuir al incremento de las denuncias como la inserción laboral de las mujeres que han sufrido estas agresiones, ya que el empleo es imprescindible para reforzar su autonomía.