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Suboficial principal del Ejército Rodolfo Maguna

Piden juicio oral para militar por crimen de su ex esposa

Se trata del caso de una peluquera que fue asesinada a balazos desde una moto en la localidad bonaerense de San Miguel. El femicidio tuvo lugar en 2015 y la víctima fue Liliana Gotardo.

Imagen : Diario Veloz

 

Una fiscalía de Malvinas Argentinas pidió que se eleve a juicio oral la causa en la que un militar está acusado de haber contratado a dos soldados para que en 2015 mataran a su ex esposa, una peluquera que fue asesinada a balazos desde una moto en la localidad bonaerense de San Miguel.

La solicitud fue realizada por los fiscales de dicho distrito judicial, Ricardo Romero y María Alejandra Burgés, al juez de Garantías de San Martín Mariano Porto, quien ahora deberá resolver si hace lugar al planteo.

Según el requerimiento fiscal, el suboficial principal del Ejército Rodolfo Maguna (49) está imputado de ser el autor intelectual del femicidio de su ex esposa Liliana Gotardo (51).

De acuerdo a la acusación, al momento del crimen, Maguna estaba separado de hecho de Gotardo y se cree que pagó 50.000 pesos a dos soldados que prestaban servicio con él en la Agrupación Aviación de Ejército 604 de Campo de Mayo para concretar el femicidio.

Mientras que los otros dos imputados que tiene la causa son Lucas Ezequiel Palacios (19), acusado de haber disparado contra la víctima; y Gustavo Martín Pérez (20), quien se sospecha realizó tareas de inteligencia cerca de la peluquería los días previos al hecho para conocer los movimientos de Gotardo y se lo considera “partícipe necesario”.

El delito que se les imputa a los tres sospechosos es “homicidio agravado por el vínculo, por precio o promesa remuneratoria y por resultar víctima una mujer en el marco de violencia de género, todos agravados por el uso de arma de fuego”, que prevé la pena de prisión perpetua.

El femicidio ocurrió a las 19.18 horas del 22 de octubre de 2015, en Paunero al 1700 de San Miguel, cuando Gotardo, oriunda de la provincia de Corrientes, cerró su peluquería “Carily” y junto a una empleada cruzó la calle para abrir el portón del garaje donde habitualmente guardaba su camioneta.

De acuerdo al relato de esa testigo, mientras Gotardo se hallaba de espaldas, apareció un hombre armado y a cara descubierta que las miró a ambas y, sin mediar palabra, le disparó a la peluquera cuatro balazos a menos de 50 centímetros.

“Me pudo haber disparado a mi, pero es claro que fue a matarla a ella”, remarcó la empleada.

Luego de rematarla en el suelo, el agresor se subió a una moto en la que lo esperaba su cómplice, que llevaba puesto un casco y no fue identificado.

Una cámara municipal registró el momento en que Gotardo y su empleada cruzaron la calle, y a los pocos segundos la reacción de los vecinos ante la seguidilla de disparos y la fuga del asesino, que llevaba puesta una mochila.

La mujer fue trasladada al hospital Larcade pero murió poco después como consecuencia de las heridas.

Tras el crimen, se determinó que Gotardo se había separado hacía dos meses de su marido y que semanas atrás había hecho una exposición civil para dejar constancia de esto y de que recibía malos tratos.

Por su parte, familiares y amigos de la víctima declararon que ésta sufría reiteradas agresiones físicas y amenazas debido a los celos enfermizos del ex esposo, quien pese a que ya tenía otra pareja la controlaba de manera permanente, incluso con un GPS que le permitía escuchar sus conversaciones.

“Le dijo que de saber que tenía otra relación, la iba a matar, y que estaba limpiando el arma para eso”, declaró la hermana de la víctima que le confió Gotardo cuando se separó.

Por eso Maguna se convirtió en el principal sospechoso y fue detenido luego de concurrir a ver a su ex esposa al hospital y aparentar estar afligido ante las enfermeras.

Para los investigadores, el móvil del femicidio está vinculado a los celos de Maguna y a que éste quería quedarse con todos los bienes gananciales que había que dividir si se concretaba el divorcio y cobrar los seguros de vida y médico que tenía contratados su ex mujer por 400.000 pesos.

Los fiscales dieron por probado que el militar había acordado con los dos soldados que contrató como sicarios pagarles otros 50 mil pesos después de cometido el hecho pero no llegó a hacerlo porque quedó preso.

Mientras que en un allanamiento a su dependencia en Campo de Mayo los pesquisas secuestraron un cofre con 49.000 pesos y otros elementos que lo comprometieron, entre ellos una silueta con varios huecos bajo el nombre “tio diagnóstico”.

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