Modelo Cambiemos

PepsiCo: facilitar los despidos hoy, justificar la flexibilización mañana

Al gobierno le sirven estos despidos. Como le sirven los contratos precarios. Como le sirve la anemia sindical.

Imagen : resumenlatinoamericano.org

Le sirven y no. El gobierno quisiera que no haya despidos, está claro. Pero los hay y no hace nada para impedirlo.

No le sirven como imagen. Pero le sirven para abatir pretensiones laborales. No le sirven a la economía inmediata. Pero le sirven para modelar el sistema emergente.

Lo que ocurrió en Florida no fue macrismo. No lo fue como ideología, como concepción de la política. La represión y el silencio ministerial son, en todo caso, presupuestos básicos del modelo Cambiemos. Pero no un modelo en sí mismo.

El macrismo sabe que no le alcanza con reprimir trabajadores y esconder a su ministro. Al debate público sobre las inversiones se le sumará, después de octubre, el factor laboral.

Y allí tomará forma lo que de momento es apenas la piedra fundacional: dejar que las empresas -sobre todo las grandes- dispongan del personal dependiente como les plazca.

Eso siempre está garantizado. Basta con que el sistema funcione en piloto automático. La Argentina es uno de esos tantos países que protegen con mayor énfasis a la propiedad que al trabajador.

Y el gobierno forja por ahora el resto: veto a la ley antidespidos, freno de convenios colectivos, persecución a jueces y abogados, intervención de sindicatos, aval ante despidos masivos, represión.

Sobre esto se montará la atracción capital: el desmembramiento del sistema protectorio. A la Argentina de Mauricio Macri le falta flexibilización. No hay nada que le resulte más atractivo al empresariado que la posibilidad de utilizar al trabajador como a un recurso.

Para que eso suceda, el oficialismo necesita facilitar el despido, implementar mecanismos laxos de contratación, reducir la injerencia gremial y priorizar los convenios de empresa. Hacer de cada establecimiento un mundo, con sus propias normas, sus propias escalas salariales, sus premios, sus castigos, y con una alta tasa de rotación.

Y eso no por maldad siniestra, sino por convicción ideológica. El gobierno está convencido de su receta, que no es más que la ortodoxia económica que lidera el mundo. Figuración: si no hay leyes de aplicación universal, si no hay influencia sindical, si cada empresa puede ofrecer las condiciones de contratación a su gusto, el mercado hallará un punto de encuentro entre la oferta y la demanda laboral.

Y así la libertad se vuelve engañosa. Razonan en Casa Rosada: no es que las empresas no quieran contratar nuevos trabajadores, sino que no pueden hacerlo con los costos y las leyes actuales.

Por eso el gran objetivo es la transformación del universo normativo. Pero con una condición: para que suceda, el oficialismo no sólo necesita imponerse en el Congreso, sino que ello requiere también una verdadera crisis laboral. Ejército de reserva y disciplinamiento social, aunque en léxico neoclásico.

Que los trabajadores -despedidos, desocupados, empobrecidos- estén dispuestos a aceptar esos nuevos puestos. Que soporten la inestabilidad, la desprotección, la descomposición salarial. Que se convenzan, en definitiva, que su única opción es aceptar el trabajo flexible.

Y los despidos, como los de PepsiCo y tantísimos más, de envergadura funesta, favorecen esa idea.

*Federico Dalponte/Abogado Laboralista UBA

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