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8 de marzo,Paro Internacional de Mujeres

Parar un 8 de marzo

 No es una simple coincidencia que el 8 de marzo, fecha en la que en todo el mundo se conmemora el día de la mujer trabajadora, se esté convocando un Paro Internacional de Mujeres. El 8 de marzo lleva en su sangre la lucha de las mujeres trabajadoras que en Nueva York murieron quemadas en una fábrica luego de reclamar condiciones dignas de trabajo y mejoras laborales. Hoy, más de 100 años después, las mujeres seguimos levantando reclamos similares.

Imagen : Partido de los Trabajadores Socialistas

Las mujeres en el mundo del trabajo

Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en los últimos 10 años la tasa de participación femenina en la fuerza de trabajo cayó del 52,4% al 49,6%. Si bien la de los varones también bajó, a escala mundial, la probabilidad de que las mujeres participen en el mercado laboral sigue siendo casi 27 puntos porcentuales menor que la de los hombres. Las mujeres, además, tenemos más posibilidades de estar desempleadas: la tasa mundial de desempleo de los varones es de 5,5% contra un 6,2% en las mujeres.

En todo el mundo las mujeres constituimos el 57% de quiénes realizan trabajos a tiempo parcial, y además tenemos más posibilidades de sufrir subempleo (es decir, trabajar menos horas de las deseadas). Paradójicamente, si sumamos las horas de trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres realizamos jornadas de trabajo más largas que las de los varones. Según un informe del 2015 de Naciones Unidas, sobre una muestra realizada en países en desarrollo, el tiempo total dedicado por día al trabajo (remunerado y al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado) se sitúa en siete horas y nueve minutos en las mujeres, y en seis horas y 16 minutos los varones. La diferencia se explica sobre todo porque las mujeres dedicamos en promedio 2,5 veces más tiempo que los varones al trabajo doméstico y no remunerado.

Las mujeres, además, nos concentramos en empleos con salarios más bajos que los varones, y estamos sobrerrepresentadas en áreas como salud, educación y trabajo social, que puede atribuirse a construcciones sociales sobre las competencias de las mujeres para dichas tareas. Esta tendencia no se ha modificado en décadas.

La brecha salarial es del 23%, es decir, las mujeres ganamos el 77% de lo que ganan los hombres. Si bien esta tendencia se ha reducido en los últimos años, según la OIT a este ritmo, la igualdad de remuneración entre mujeres y hombres no se podrá alcanzar hasta 2086.

Estas diferencias no se saldarán solas. Es necesario que desde el Estado se produzcan políticas públicas que corrijan estas desigualdades. Es urgente que se estimule a los niños y niñas desde pequeños en la escuela a estudiar y formarse sin estereotipos. Debemos promover la inserción de jóvenes en campos laborales y profesionales sin diferenciación de géneros: las mujeres podemos ser ingenieras y los varones pueden ser maestros. Debemos igualar las licencias por maternidad y paternidad para que las tareas domésticas y de cuidado no recaigan solo sobre las mujeres: la responsabilidad debe ser compartida y de esa forma, evitaremos la discriminación en los lugares de trabajo. El Estado además, debe generar una red de cuidados que permita a las mujeres volver a trabajar plenamente luego de un embarazo si así lo desean, y no tener que reducir su horario laboral para poder congeniar ese aspecto de su vida con su maternidad o con el cuidado de un familiar mayor o enfermo.

Estas transformaciones no se realizarán solas. Debemos exigirlas. Por este motivo es que cada día más y más mujeres nos sumamos al reclamo de igualdad de derechos. El movimiento de mujeres creciente en el mundo es el que permite dar visibilidad a estas problemáticas y es el que está a la cabeza del paro planteado para el próximo 8 de marzo.

La historia demuestra que los derechos se arrancan, no se mendigan. Por eso estuvimos en las calles el 3 de junio gritando Ni Una Menos. Por eso paramos el país el 19 de octubre al grito de “Mientras la CGT toma el té, nosotras paramos”. Por eso este 8 de marzo debemos estar en las calles y en nuestros lugares de trabajo remunerado y no remunerado, parando por la igualdad