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Congelar ovocitos jóvenes para ser madre a los 40

Óvulos vitrificados: La esperanza congelada de veinte mil treintañeras españolas

La nueva ‘moda’: congelar ovocitos jóvenes para ser madre a los 40.La mayoría de las mujeres han pasado por la universidad y se puede permitir los 3.000 E de helar sus óvulosovulos

Los 12 óvulos que acababan de extraerle estaban sanos y de camino al frío. Paula, al saberlo, respiró aliviada.

-Es una manera de poder alargar el final de mi reloj reproductivo.

Con 32 años cumplidos en enero, 64 kilos y 1,76 de estatura, las semillas de Paula en la actualidad pasan por la etapa más fértil de la vida. Y así, jóvenes y capaces, las quiere conservar. Sabe que a partir de los 36 años -“entonces sí me veo cambiando pañales”- los óvulos van a menos en cantidad y se hacen más viejos. Por eso aquella tarde, recuerda la abogada, salió de la clínica como quien sale de un banco tras haber depositado un tesoro en su caja fuerte. Segura. Había podido congelar su sueño, enfriarlo a 196 grados bajo cero… y esperar. La vitrificación se lo permite. Lo que nació como un experimento para preservar la fertilidad en mujeres que iban a someterse a tratamientos oncológicos (quimio y radioterapia) o a repetidas cirugías de ovarios, hoy triunfa (por motivos sociales) entre las treintañeras españolas. Son las madres tardías, Paula, Irene, María, Olivia… Uncolectivo en auge de mujeres -en su mayoría sanas y sin apuros para llegar a final de mes- que vitrifican sus óvulos a los 30 para ser madres a los 40. El método consiste en una congelación ultrarrápida, un shock de frío intenso que mantiene el óvulo joven hasta el momento de ser resucitado para su fecundación en laboratorio. Las tasas de supervivencia son similares a las de los óvulos frescos y rondan el 90%.

“A partir de los 32 años es cuando las mujeres empiezan a planteárselo”, explica la ginecóloga Elena Carrillo. ¿La causa? “No hay una sola causa. Lo hacen por motivos muy variados. A veces porque no encuentran a la pareja adecuada para ser el padre de su hijo. O porque están en una etapa profesional de su vida en la que pueden ascender y no quieren quedarse embarazadas. O porque simplemente no terminan de verse a sí mismas como madres pero no lo descartan totalmente”. ¿Influye la situación económica? “Esto es diferente”, puntualiza la doctora deldepartamento de ginecología de la clínica Ruber de Madrid. “Las mujeres que se deciden por este método han pasado por la universidad, tienen profesiones liberales y no retrasan la maternidad por una crisis laboral”. Asumen, de hecho, unos gastos que no todas pueden afrontar. Pagan entre 2.500 y 3.000 euros por el tratamiento y al menos 250 al año por mantener sus óvulos dentro de un bidón helado. A lo que habría que sumar, llegado el momento de ir a por el bebé, otros 2.000 euros, aproximadamente, de la fecundación in vitro.

¿Estamos ante una moda? ¿Despunta un modelo nuevo de familia? A sus 41 años, otra Paula, la presentadora de televisión Paula Vázquez, ha optado por seguir los pasos de actrices como Eva Longoria, Jennifer Aniston o Sofía Vergara (todas han vitrificado sus óvulos), rostros famosos que han ayudado a popularizar una técnica de reproducción cuyo uso, no exento de polémica, empieza a calar hondo entre las españolas. “Le di vueltas durante unos años a si quería ser madre o no y finalmente me decidí…”, relata Vázquez a Crónica. “De esta manera me lo puedo seguir pensando otro poquito”. Ella tomó la decisión en noviembre de 2014, el mismo mes que cumplía los 40, cuando la capacidad reproductiva desciende drásticamente.¿Le compensa? “Gracias a la vitrificación, la edad para mí ha pasado a un segundo plano, ha dejado de pesarme ese ‘ahora o nunca'”, remata vía email la presentadora ferrolana.

Sin principe azul

A Olivia, que trabaja de bióloga en un hospital madrileño, la espera de un príncipe azul que la haga madre dejó de preocuparle hace tiempo. Tuvo parejas -algunas con hijos de anteriores relaciones- y ninguna la convenció: “Yo era de las que no tenía claro si quería o no ser mamá, aunque algo me decía que tarde o temprano llegaría el momento”. Y con 34 años empezó a hormonarse y a fabricar los suficientes óvulos para guardar. Le vitrificaron 15. La experiencia la marcó. “Al salir del quirófano sentí una inmensa tranquilidad, todas mis dudas desaparecieron”, recuerda ella. “Era como si acabase de suscribir un seguro que me garantizaba la fertilidad al margen de mis años”. Y al margen, también, de desengaños. “Ya no tenía que darle vueltas a si encontraba o no al hombre adecuado como padre de mi hijo”. El 26 de enero, con 40 años, Olivia se convirtió en madre primeriza. Había dado a luz a una niña, fruto de aquellos óvulos que ella había vitrificado de treintañera. Y aún le quedan siete en la reserva.

-¿Irá a por el segundo?

-No lo descarto totalmente.

-¿Se ve entonces con más de 40 cambiando pañales de nuevo?

-Lo bueno de esto es que puedes llegar a los 50 y ser madre con los óvulos de cuando eras más joven y más fértil. ¿Por qué no? La opción está ahí, depende de cada mujer elegir…

Alrededor de 20.000 treintañeras, según estimaciones de algunas clínicas de fertilidad, han vitrificado ya sus semillas con vistas a una maternidad futura. Una posibilidad que las empresas, multinacionales sobre todo, no han pasado por alto. Facebook y Apple han sido las primeras en ofrecer a sus talentos femeninos -las compañías lo llaman “incentivo”- el tratamiento para congelar su fertilidad y así posponer la llegada de los hijos. El plan, muy criticado dentro y fuera de Estados Unidos, supone el desembolso por parte de los gigantes tecnológicos de 7.900 dólares por persona (unos 7.000 euros), que es lo que cuesta el proceso en EEUU, y 390 euros más al año por el mantenimiento en frío de los óvulos de sus tabuladoras.

Un disparate

“Es una medida machista y disparatada”, tercia la antropóloga Elena Hernández Corrochano, coautora de un estudio reciente de la UNED sobre familias tardías. “Más útil sería para las mujeres que defendieran la conciliación entre el trabajo y el hecho de ser madres, cosa que el mundo laboral hoy no permite”. Harrier Minter, la responsable de la sección Mujer en The Guardian, no hace mucho se sumaba a las críticas. “En lugar de decir “ten hijos y te apoyaremos con una baja maternal bien pagada y subsidios para el cuidado de los niños”, ellos (las empresas) lo que dicen a sus empleadas es que trabajen duro durante sus años fértiles, y cuando no sean capaces de tener hijos, pueden probar con los óvulos que les han congelado como incentivo laboral”.

Más optimista es la escritora y columnista del New York Times y de la revistaonline Salon, de corte abiertamente femenino. Según ella, las empresas “no sólo están diciendo a las mujeres que si trabajan para Facebook o Apple conseguirán cobertura financiera para vitrificar sus óvulos; están dejando claro a mujeres y hombres por igual que dar un tiempo razonable para tener hijos -en cualquier momento- es parte de la personalidad de la compañía. Es la mejor manera de Lean In (Vayamos adelante, el polémico lema feminista de la escritora Sheryl Sandberg)”. Además de ayudar con los tratamientos de fertilidad, Facebook aporta un cheque-bebé de 3.159 euros para gastos por el nacimiento de un hijo.

A Paula, la abogada con la que arranca esta historia, nadie la ha presionado para que postergue la maternidad y se centre únicamente en su carrera. Tampoco a Celia, economista y directiva de una multinacional en Madrid. Ella es el ejemplo de que la realidad no siempre pinta en rosa. “Yo veía que se me pasaba el arroz y lo intenté”. Lo hizo al volver a Madrid tras ejercer en Francia, Inglaterra y Estados Unidos desde los 23 años en que terminó la carrera hasta que regresó con 34. Lamaternidad ya empezaba a rondar su cabeza. Tuvo varias parejas y cuando pensaba que la última sería la definitiva la relación se quebró. Y también su sueño. Los óvulos que había vitrificado al final no pudieron hacerla madre. “Fue mala suerte”, se lamenta Celia, hoy con 40 años.

Todo lo contrario a la letrada Paula. “Ni me sonaba lo de la vitrificación”, admite ella. “Fui al diccionario y, para mi sorpresa, tampoco encontré la respuesta”. (Para la RAE significa “convertir en vidrio una sustancia”). La curiosidad le había picado al ver un anuncio en una revista. Decía: Vitrifica hoy para poder ser madre mañana. Y con todo ese lío en la cabeza, a los dos días Paula se fue pitando al ginecólogo.

Sacó en claro al menos que lo que ella andaba buscando gozaba de una ventaja: los óvulos, tras ser descongelados, siguen intactos, como si el tiempo no hubiera pasado por ellos. Tenía 31 años, una carrera que apuntaba a próspera y en sus planes de familia sólo veía a dos personas: ella y un hijo. Una semana después de la visita a la clínica empezó a hormonarse durante 10 días. Le extrajeron 12 ovocitos sanos. “Fue como aquello de la caja fuerte del banco que hablábamos antes, una alegría y un alivio”, dice. En septiembre del año pasado, ya con 36 años, le descongelaron ocho, los fecundaron con el esperma de un donante y crearon otros tantos embriones. Todos ellos viables. Con la mitad Paula se quedó embaraza. Está de casi cuatro meses.

-¿Tiene pareja?

-Sí, está contento.

-Claro, va a ser padre…

-Digamos que será padre sin él ser el padre.

-¿Quiere decir que él no puso su parte en la fecundación?

-Eso es. Él tiene dos hijos de un anterior matrimonio y yo lo que quería era tener un hijo que fuese sólo mío. No sé cuánto podemos durar como pareja y tampoco quiero líos.

-¿Y qué dice él?

-Lo entiende. Respetará a mi hijo igual que yo respeto a los suyos. Es otra manera de vivir en familia. Y a mucha gente puede que le resulte difícil de entender, pero nos va bien. Por qué no.

Eso, por qué no…

El método frío que nació como experimento

En finos tubos, similares a los de la ilustración superior, se guardan en frío los óvulos vitrificados. Se trata de un proceso distinto a la congelación lenta, la clásica, que se aplica para conservar el semen. La alta velocidad de enfriamiento de la vitrificación evita la formación de cristales en el interior del óvulo, pues se trata de una célula grande (si se compara, por ejemplo, con un espermatozoide) con un alto contenido de agua. Si se forman cristales en su interior, estos pueden dañar las estructuras celulares e impedir que el óvulo pueda ser utilizado en un futuro. Después de la vitrificación, sobreviven entre el 90 y el 95% de los ovocitos, con una alta tasa de fertilización y de gestación. La técnica esrelativamente nueva. En 2012 la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva le retiró la etiqueta de “experimental”. Había sido concebida como un seguro de fertilidad para aquellas mujeres que iban a recibir tratamientos contra el cáncer o someterse a la extirpación de sus ovarios. Se recomienda vitrificar antes de los 37 años. El dato lo explica: a la pubertad se llega con unos 400.000 de promedio, y en cada ciclo menstrual se pierden unos 1.000, de forma que a los 35 años queda sólo el 10% de la reserva total, aproximadamente. Menos cantidad y también más viejos. Es frecuente que una mujer de 38-40 años haya agotado la reserva (crédito) de óvulos capaces de dar lugar a un niño sano. Para llevar a cabo la vitrificación de óvulos es necesario pasar antes por una estimulación ovárica (hormonarse). El mismo día de la extracción los ovocitos maduros se vitrifican y quedan almacenados en bidones de nitrógeno líquido, a 196 grados bajo cero, sin que exista un límite de tiempo para descongelarlos.

 

Imagen : El Mundo.es