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El trabajo doméstico no es amor, es explotación

Otra cara de la violencia de género: el desigual uso del tiempo

El 2 de Octubre se presentaron los resultados preliminares de una nueva encuesta del uso del tiempo. Esta vez, el operativo lo llevó adelante la Dirección General de Estadística y Censos (DGEC) de la Ciudad de Buenos Aires. Las estadísticas del uso del tiempo se reconocen como una herramienta necesaria para magnificar el uso diferencial del tiempo y la carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que llevan adelante de manera injusta las mujeres. Esta es la segunda vez que se realiza en la Ciudad de Buenos Aires.
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Una nueva encuesta del uso del tiempo, llevada a cabo en 4.500 hogares de Ciudad de Buenos Aires, revela y confirma una cuestión conocida: el desigual uso del tiempo entre varones y mujeres dadas las cargas de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Según el estudio, los varones dedican a los trabajos remunerados en promedio 8 horas y 52 minutos mientras que las mujeres 7 horas y 59 minutos. Sin embargo, la brecha anterior se invierte y acrecienta en tanto las mujeres destinan mucho más tiempo al trabajo no remunerado doméstico -3 horas y 27 minutos contra 1 hora y 57 minutos- y al cuidado a miembros del hogar -5 horas y 27 minutos contra 3 horas y 42 minutos- respectivamente.


Estos datos, que visibilizan de forma contundente el peso desigual de las jornadas diarias de trabajo son para la economía desde una perspectiva feminista clave para entender los vectores de reproducción de desigualdad. Los hogares que más recursos monetarios tienen, pueden pagar por terciarizar los trabajos de sostenimiento de la vida o bien comprando trabajo doméstico y de cuidados, generalmente en manos de otras mujeres -limpieza en el hogar, cuidado de niños y niñas, personas enfermas o adultas mayores- o bien adquiriendo productos en el mercado que contienen varios procesos de trabajo incorporados -comprar verduras limpias, cortadas y listas para ser cocidas, comidas en diferentes casas de comidas, arreglos y quehaceres del hogar, entre tantos otros trabajos-. En tanto, los hogares de sectores sociales más precarios el peso del trabajo doméstico y cuidados no remunerado recae mucho más fuerte en las mujeres que viven en el hogar. 

En la zona norte de la CABA los varones dedican al trabajo no remunerado 2 horas y 27 minutos y las mujeres 4 horas y 9 minutos, mientras que en el centro el tiempo aumenta a 2 horas 36 minutos y 5 horas 8 minutos, siendo significativamente desigual en las zonas sureñas donde el tiempo es de 3 horas 36 minutos y 6 horas 27 minutos respectivamente.

Si se analizan los datos por quintil1 de ingresos, mientras que las mujeres del primer quintil -menores ingresos- le dedican 7 horas y 32 minutos a las actividades de mercado, las del quinto quintil le dedican 8 horas y 19 minutos, ahora bien, si comparamos el trabajo no remunerado le dedican 7 horas y 7 minutos y 3 horas y 18 minutos respectivamente. Esto quiere decir que aunque las mujeres del quinto quintil trabajan un 10,2% más en actividades remuneradas, las mujeres más empobrecidas trabajan más del doble del tiempo en trabajos no remunerados. Para el caso de los varones, los del primer quintil le dedican al trabajo remunerado 8 horas y 57 minutos y los del quinto quintil le dedican 8 horas y 24 minutos. En contraposición, si miramos la dedicación en los trabajos no remunerados respectivamente utilizan 3 horas y 40 minutos y 2 horas y 8 minutos. Estos números arrojan que los varones -comparados entre sí- del primer quintil trabajan en promedio un 6,5% más de tiempo por día en trabajos remunerados y un 72% más de tiempo en trabajos no remunerados.


El informe oficial presentado por la DGEC concluye que “la interrelación entre las modalidades del uso del tiempo y las diferencias socio-económicas, los ingresos del hogar, la existencia o no de ayudas para sostener las tareas de cuidado, la zona de residencia y las situaciones ocupacionales” son determinantes para entender la injusta organización social del cuidado que se basa fundamentalmente en la intensidad de uso del tiempo no remunerada. Otra de las conclusiones, reafirma que “las jornadas de trabajo son más largas para las mujeres que para los varones, fundamentalmente por la diferencia de uso destinado al trabajo no remunerado”. Esto último establece y profundizar las desigualdades intra-géneros e intra-clase.

Si bien la tasa de participación en el mercado laboral es más baja para las mujeres2 -45,9%- que para los varones -58,1%-, las mujeres se involucran en un 90,8% en el trabajo doméstico no pago y el 30,8% del total al cuidado de personas del hogar mientras que en el caso de los varones, participan en 82% en el trabajo doméstico y un 21,3% en cuidado de miembros del hogar.

Un dato llamativo pero que se constata en las diferentes encuestas de uso del tiempo es que a pesar de estar desocupados, en promedio los varones le dedican menos tiempo al trabajo no remunerado -2 horas y 37 minutos- que los ocupados -2 horas y 51 minutos-, mientras que por el contrario las mujeres le dedican 5 horas y 2 minutos y 5 horas y 29 minutos respectivamente.

Esto último vuelve a reafirmar que no importa la situación ocupacional, las mujeres en los hogares cargan con mayor peso de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Tomando las palabras de Carla Zibecchi en ¿Cómo se cuida en Argentina? es importante considerar que el cuidado -independientemente del ámbito en el cual se efectúe- es un trabajo, en tanto involucra esfuerzo y desgaste de energía (corporal y emocional), tiempo, además genera valor para la sociedad en su conjunto. No hay posibilidad de que las personas puedan realizar tareas cotidianas, como trabajar y estudiar -entre otras- sin la provisión de cuidados, sostén principal de la reproducción de la vida.

En este sentido, es llamativo cómo esta temática de la desigualdad de género, clara, visible y que se suma al engranaje de las violencias cotidianas es sistemáticamente dejada de lado. En la sociedad no existe una política de toma de conciencia para desestereotipar estos trabajos, ni tampoco existe desde el Estado políticas públicas de promoción de corresponsabilidad y de servicios públicos que puedan contener y redistribuir de manera social y equitativa el trabajo de doméstico y de cuidados. Así, es alarmante saber que en la presentación preliminar del Presupuesto 2018 a ser votada por el Congreso no aparece ninguna partida específica para financiar políticas que busquen disminuir la violencia de género en nuestro país, como tampoco una partida para el Plan Nacional de Acción (PNA) para la Prevención, Asistencia y Erradicación de las Violencias contra las mujeres y la disminución de 2 millones de pesos en el presupuesto asignado para el Instituto Nacional de las Mujeres que no tiene en cuenta la inflación estimada para el 2018, que según el Poder Ejecutivo Nacional será del 15,7%.

Si bien hoy las encuestas de uso del tiempo tienen mucho para mejorar, son útiles para magnificar de alguna manera posible el desigual uso del tiempo. Existen diversas recomendaciones internacionales que han destacado la importancia de contar con información estadística sobre el trabajo no remunerado que se realiza en los hogares, con el fin de hacerlo visible y reconocer su valor, sin embargo el país no cuenta dispositivos que recopilen y produzcan esta información de forma regular y con una misma metodología en todo el territorio nacional de forma que pueda ser analizada de forma dinámica y comparativa. Esta es la segunda vez que se realiza en la Ciudad de Buenos Aires (la primera fue en 2005) y la cuarta en un territorio nacional (anteriores experiencias se dieron en Rosario 2010 y en algunos aglomerados urbanos dentro del módulo de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos INDEC en 2013). Aunque de una forma binaria3 como la mayoría de las estadísticas, son una herramienta para entender que la violencia de género también es económica y tiene cara no solo de desigual distribución de recursos monetarios sino de tiempo ¿Cúal es el valor del tiempo?

(*) Patricia Laterra es feminista, lesbiana y Lic. en Economía por la FCE-UBA. Es integrante del Espacio de Economía Feminista de la Sociedad de Economía Crítica.

1 El quintil es un término para analizar la distribución del ingreso se calcula ordenando la población (de una región, país, etc.) desde la persona más pobre a a la más adinerado, tomando como parámetro los ingresos monetarios para luego dividirla en 5 partes de igual número de personas; con esto se obtienen 5 quintiles ordenados por sus ingresos, donde el primer quintil representa la porción de la población más empobrecida y así sucesivamente hasta el quinto quintil que representante la población con más recursos monetarios.

2 Vale aclarar que existen serias condiciones de adversidad para las mujeres en el mercado de trabajo en Argentina. La brecha salarial en promedio es del 27% (ganan menos que sus pares varones) en el mercado formal y de 40% en el mercado informal donde se encuentran más de un tercio del total de las trabajadoras. Las tasas de desempleo son mayores para las mujeres, siendo las jóvenes menores a 29 años las más afectadas, con una tasa del 20,1% cuando el promedio nacional es del 9.2%

3 Es una necesidad, para poder conocer de manera más certera, que las estadísticas públicas incorporen la autopercepción de género. Además avanzar en materia de reconocimiento simbólico y no reproducir violencias al asignar géneros que están por fuera de las autopercepciones personales, esto nos permitiría cuantificar pero también conocer las diferentes vivencias en términos de trabajo remunerado y no remunerados de las autopercepciones sexo-genéricas y cuales son sus necesidades y formas de cuidado.