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Violencia simbólica y mediática

“Niñas, adolescentes, mujeres, adultas mayores: todas estigmatizadas y sin derechos”

Titulares como “Un joven mató a su novia y se suicidó”; “Violencia familiar: salvajismo y amenazas contra su pareja y su bebé”; “Orán: Violencia intrafamiliar termina con el crimen de una anciana”. En tanto, en la televisión se ve la imagen de una niña de espalda tapada con una campera con capucha (al lado su madre) y el periodista de frente (mirando a la cámara acongojado) le pregunta: “¿el novio de tu mamá te tocaba solamente?, ¿intentó violarte?; sé que es difícil hablar de esto pero ¿cuántas veces pasó?”. La niña -entre sollozos- responde a todo.violmed-flyer-tetasmas-bajo

Es moneda corriente la violencia mediática en informativos y programas de radio y televisión de la provincia de Salta. No cesa la violencia machista en los medios de comunicación audiovisuales, gráficos y digitales. La reproducción y fomento de los estereotipos de género bajo la lupa de los prejuicios; o la estigmatización de las niñas y/ o adolescentes en situación de vulnerabilidad social es la cotidianeidad en los medios de mayor audiencia de la radio y televisión salteña.
La información es abordada sin el enfoque de los derechos de las mujeres, de manera discontinua se utilizan términos como violencia machista o violencia de género para describir o relatar los hechos de violencia hacia las mujeres. En su mayoría, los medios y periodistas tampoco describen la información como un delito que deba prevenirse o una problemática social naturalizada; no agregan mayor información sobre el contexto en el que se genera la situación de violencia. En las notas no hay datos estadísticos, datos de prevención, ni datos informativos o de ayuda. Se utilizan informaciones extras como los apodos de las víctimas, su actividad privada, manera de vestir, el uso de las redes sociales, estado civil, entre otros; y buscan mostrar los motivos que justifiquen la violencia a la que fue sometida la mujer.
Por otra parte, las campañas audiovisuales de prevención de violencia de género por parte del Estado o de los medios de comunicación son prácticamente nulas; y en el caso que hubiere alguna, no se sostienen en el tiempo. Si bien hay que destacar que la marcha de # NI UNA MENOS generó un discurso mediático acorde y sensible a la problemática de las mujeres, no se sostuvo en el tiempo y decreció el tratamiento informativo al respecto.
Desde Red PAR Salta trabajamos apelando a la responsabilidad social de los medios de comunicación, promoviendo la difusión y el conocimiento de la Ley 26.485 respecto a los diferentes tipos de violencia de género, puntualmente el referido a la violencia mediática. Además, de sumarnos al compromiso profesional de más de un centenar de periodistas que integramos desde hace 10 años esta Red en Argentina, con el objetivo de desnaturalizar las violencias contra las mujeres y para promover una comunicación no sexista.
Entendemos a la violencia simbólica como la cosmovisión de diferentes formas de dominación invisibles y sutiles que tiene nuestra sociedad, desde donde se perpetúa el maltrato, la subordinación, la opresión, la descalificación, la humillación, es decir, la violencia hacia las mujeres en todas sus formas. Y es por ello que instamos a comprender la urgente necesidad de trabajar profundamente en las creencias, en las representaciones sociales, el imaginario colectivo de las audiencias.
Si los medios de comunicación son unos de los principales reproductores de la violencia de género y de la dominación machista, es allí donde hay que redoblar los esfuerzos con intensas campañas audiovisuales de prevención que visibilicen y pongan en cuestionamiento de manera constante las creencias, estereotipos, estigmatizaciones y prejuicios hacia las mujeres, es decir, el universo simbólico de nuestra sociedad.
Las leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual, la 26.522, y la de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales, la 26.485, establecen la realización de campañas de bien público de prevención a la violencia de género. Pero no existe un correlato en su real aplicación para que se ejecuten dichas campañas y menos aún para que se sostengan en el tiempo.
¿Cómo lograrlo? ¿Siendo más específicos en la ley? Que estipule que los medios de comunicación cedan minutos del espacio publicitario para campañas de bien público, tal como lo hacen a los partidos políticos, tras la reforma de la Ley Electoral realizada en 2009. ¿Por qué podemos conocer hoy ante cada elección la oferta electoral para el sufragio?, porque la ley generó una acción democrática que es la difusión de la oferta electoral de todos los partidos políticos que compiten, donde la televisión y las radios están atestadas de las propuestas electorales de manera previa al acto electoral. Entonces, ¿por qué no puede ocurrir lo mismo con las campañas de bien público? y más aún con campañas destinadas a prevenir la violencia de género.
 
En la mayoría de los medios de comunicación, las niñas, las adolescentes, las mujeres, las adultas mayores, todas somos estigmatizadas, discriminadas y no se respetan nuestros derechos. Entonces, ¿cómo podemos promover que la sociedad modifique sus creencias, su manera de mirar, sus consumos, sus patrones de conductas respecto a las mujeres? Quizás una forma sea  establecer que los medios de comunicación cumplan con su rol social, el de la responsabilidad informativa, la reflexión, la mirada no prejuiciosa ni discriminadora, la prevención de la violencia machista, la promoción de los derechos, la construcción de una ciudadanía democrática, más igualitaria. Y que se entienda que los medios de comunicación también son parte del problema.
Basta de difundir fotos e imágenes que denigran a la mujer y a su cuerpo como un objeto descartable y de diversión. Basta de hablar sobre su vida privada. Basta de suponer como era en su vida sexual. Basta de decir que se murió por amor o que la mataron por celos. Basta de pensar que se merece que la maten o que haya muerto por haber abortado clandestinamente. Basta de ayudar a construir machos que se burlan, denigran, violan, humillan, juzgan, se adueñan, golpean, matan.
Son muchos los prejuicios que tenemos que romper para comunicar sin violencia. Es una gran responsabilidad, nuestro desafío y compromiso como profesionales de la comunicación. Es urgente informar en el respeto a los derechos de las mujeres.
Imagen : Red PAR