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Mujeres rurales invisibilizadas

Faltan estadísticas adecuadas sobre la participación femenina en las explotaciones rurales y el impacto de la pobreza en esas actividades. Un estudio relevado por el Observatorio de Género y Pobreza, logra establecer con los datos disponibles que la inserción de mujeres productoras es baja y están más representadas en las unidades de producción descapitalizadas. La falta de recursos impacta en su acceso a la salud, educación y condiciones materiales en torno al trabajo.

La investigadora de la Universidad Autónoma de Buenos Aires Marcela Roman elaboró un informe sobre la fuerza de trabajo femenina en áreas rurales y profundizó sobre la huella de pobreza en ese sector. Si bien utilizó datos del censo de población de 2001 y otras estadísticas agropecuarias, la experta aclara que no hay estudios cuantitativos adecuados en este tema. Estos registros no individualizan por ejemplo las actividades domésticas y de autoconsumo donde las mujeres cumplen un rol importante.

El informe ?Una mirada con enfoque de género sobre el trabajo rural? indica, en primer lugar, que la participación de las mujeres como productoras (pueden ser propietarias u estar a cargo de la producción directa o indirectamente) es baja, algo más del 11 por ciento (839 mil personas). Pero crece un punto (12 por ciento) en el caso de explotaciones familiares donde no se contrata personal permanente, significando 9.011 mujeres. En las explotaciones descapitalizadas o pobres el porcentaje de productoras crece casi a 15 por ciento.

Luego describe diferencias regionales. Por ejemplo, en las provincias del NOA, en especial Jujuy y Salta, la participación de la mujer en las explotaciones totales y familiares es de casi 35 por ciento, sobre todo en áreas de acción de las mineras.

En el caso de las explotaciones familiares descapitalizadas, la cifra de 15 por ciento ?no refleja el peso del trabajo femenino?, afirma Román en su estudio, ya que se confunde la unidad productiva con la doméstica. Debido a que no se contrata personal, en este sector el trabajo es continuo y circula entre el ámbito doméstico y el productivo y las actividades de producción para el autoconsumo como para la venta.

En esas áreas rurales la gran mayoría de las ocupaciones de las mujeres corresponde a situaciones de baja calificación; resultan importantes las actividades de limpieza y las agropecuarias. Asimismo tienen condiciones de trabajo desventajosas: es menor la disponibilidad de obra social y es mayor la falta de aportes jubilatorios y la frecuencia de casos de trabajo sin remuneración.

Estos índices sumados a un análisis de actividades realizadas por organizaciones civiles y estatales con poblaciones rurales, demuestran que la pobreza significa sobre el trabajo de las mujeres campesinas una mayor carga laboral debido a la falta de herramientas y mayor esfuerzo físico para afrontar cargas pesadas; mayores distancias para el abastecimiento y para el traslado de las y los hijos a las escuelas por falta de transporte; menores posibilidades de regulación del trabajo y comercialización; menores posibilidades de atención frecuente de la salud; escasas oportunidades de capacitación y mayores posibilidades de exposición a contaminantes agroquímicos.