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Mujeres revolucionarias

En estos años, estudios de la historia con perspectiva de género, rescatan la participación de la mujer en las luchas por la emancipación americana. Su entrega, inteligencia, coraje y decisión en defensa de la patria no había sido registrado en las páginas de la historia. El proceso de independencia permitió condiciones para que participaran en la guerra mujeres criollas, indias, y mestizas, ricas y pobres.

El ideal colectivo de independencia las llevó a ocupar lugares en el proceso revolucionario. Rompiendo con su rutina doméstica y social de la época colonial, adherir a la revolución representó una decisión personal y colectiva e incluyó la adecuación de sus vidas personales a la forma más extrema para el desarrollo de la guerra.

Testimonios de jefes españoles y jefes revolucionarios prueban que estas mujeres fueron un factor significativo en la definición de la guerra.

Algunos nombres y acciones: En 1806 y 1807 durante las invasiones inglesas se destacó Manuela Pedraza, declarada heroína y premiada con el grado militar de Alférez. Y Martina Céspedes nombrada Sargento Mayor, junto a sus tres hijas apresó a un general y a 12 soldados ingleses.

En las insurrecciones de fines del siglo XVIII de Tupac Amaru en Perú y Tupac Catari en el Alto Perú se destacaron Micaela Bastidas, Teresa Quispe, Bartolina Sisa y Gregoria Apaza entre otras anónimas que al mando de tropas o acompañando de diversas maneras participaron de los enfrentamientos. La condesa de Lizarazu encabezaba un grupo de apoyo y la Sra. Lemoine fue obligada a caminar a su destierro con sus 7 hijos, sin mantención ni abrigo; luego los patriotas victoriosos la sacaron de prisión llevándola a Chuquisaca vestida con traje militar.

El 25 de mayo de 1809 en la Audiencia de Charcas el pueblo amotinado se apoderó de la sala de armas y artillería. Pizarro tuvo que renunciar. Rechazaban los requerimientos de José Manuel Goyeneche. Se produjeron dos alzamientos en los que participaron numerosas mujeres que fueron brutalmente reprimidas igual que los varones, destacándose Vicenta Eguino, declarada líder de esas jornadas. La Sra. Lamoine fue nuevamente apresada y desterrada a Oruro. En el calabozo contrajo una cruel enfermedad.

En mayo de 1812 un grupo de mujeres salió a defender la ciudad de Cochabamba. Sacaron del arsenal cañones y fusiles y se fueron al cerro San Sebastián armadas también con palos y barrotes. Su lema: ‘Morir antes que rendirse’. Ese 27 de mayo Goyeneche mandó a matar a las 30 mujeres.

En 1825 Vicenta de Eguino fue declarada heroína por Bolívar. Ella, en secreto, en su casa, armó una fábrica de municiones donde trabajaron muchas criollas, mestizas e indígenas. Las mujeres dominaban el quechua y contactaban con los indios para lograr su incorporación a la lucha. Mujeres que la acompañaron en las acciones: Simona Manzaneda, Ursula Goizueta, Manuela Campos y Seminario de Lauza, María Dolores Mantilla, María Manuela Sagárnaga, Juana Manuela de la Sota y Parada, Manuela Durán, Tomasa Murillo Durán entre otras. Muchas sufrieron castigos, destierros y humillaciones por sus ideales.

En Potosí las hermanas Juana y Mercedes Cuiza fueron emisarias y correo del ejército patriota.

Juana Azurduy se incorporó a la lucha anticolonialista en calidad de soldado. Adiestraba a las mujeres en el manejo de armas y montaban a caballo. Única mujer que condujo caballería y estuvo al frente de tropa sin tener instrucción militar (se formó peleando junto a su esposo Manuel Atencio Padilla) y organizó un ejército de leales a la causa de la revolución. Formó sus escuadrones casi con 10.000 indígenas, gran parte mujeres. Perdió a sus 4 hijos en el campo de batalla y luego a su esposo. Sobrepuesta al dolor participó en Tarabuco (embarazada) donde arrebató un estandarte a un coronel enemigo; en 1816 fue declarada Teniente Coronel del Ejército de los Decididos del Perú por el gobierno del Río de la Plata. Murió en 1816 en Sucre en absoluta soledad.

Fundadoras de la Sociedad Patriótica: Teresa de Quintana, Remedios de Escalada, María de la Quintana, Ramona de Esquivel, María Sanchez de Thopson, Petrona Cárdenas, Rufina de Orma, Isabel Calbimonte de Agrelo, María de la Encarnación Andonaegui, Magdalena Castro, Angela Castelli de Igarzábal y Carmen Quintanilla que pertenecían a los grupos acomodados y procuraban dinero y otros apoyos para sostener la causa.

Ejército del Norte: junto a Belgrano pelearon en Salta, Tucumán y Éxodo Jujeño mujeres del pueblo que se unían a cada paso. Entre las más conocidas Martina Silvia Gurruchaga, María Elena Alurralde de Garmendia, María Remedios del Valle y Pascuala Balvás. Terminaron sus días en la absoluta pobreza.

Con Martín de Güemes participó su hermana Magdalena (Macacha), Carmen Puch su mujer, Isabel Araoz de Aguirre y Loreto Sánchez de Frias. Macacha comandó la sublevación del pobrerío junto a los gauchos. En el Ejército de San Martín se alistó Pascuala Meneses con nombre de varón, hasta ser descubierta cumplió tareas como el resto de la tropa.