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Córdoba

Mujeres que cosen por la ley y el futuro

Agrupadas en la Cooperativa La Barranquita, produjeron 750 mochilas y cartucheras para chicos de escuelas públicas. La iniciativase da en el marco de la Campaña por la Digna Educación.mujeres_1

Ocho mujeres que integran la Cooperativa La Barranquita de barrio Maldonado cumplieron un anhelo que consiguieron a fuerza de lucha: coser mochilas y cartucheras para los alumnos de escuelas públicas de barrios populares. En palabras de ellas, esto les dio una doble satisfacción: lograr que estos chicos cuenten con elementos básicos para ir a la escuela y tener un trabajo remunerado al menos durante un mes, algo que muchas no tienen hace años.

Como parte de la Campaña de la Digna Educación que impulsa el Encuentro de Organizaciones (tal como dice el nombre, es una agrupación que reúne organizaciones sociales y políticas), una de las propuestas realizadas al Ministerio de Educación fue que cooperativas puedan producir 3.100 mochilas y cartucheras para los alumnos de escuelas de barrios populares de Córdoba para este año.

Con marchas y protestas de por medio, las cooperativas lograron que el Ministerio de Educación les subsidie la elaboración de 1.500 mochilas y cartucheras. Ese total fue repartido entre dos cooperativas: La Barranquita de barrio Maldonado y la cooperativa del Movimiento Teresa Rodríguez de Müller.

La Cooperativa La Barranquita funciona en un saloncito de barrio Maldonado construido por ellos mismos a pulmón, frente a una canchita. En ese mismo espacio, ofrecen la copa de leche para los chicos del barrio, apoyo escolar y funciona el taller de serigrafía y costura con la ayuda de tres máquinas de coser. El resto del espacio cuenta con caballetes y tablones que se convierten en mesas de moldes y cortes y algunas estanterías dan color.

El lunes pasado, a las 7 de la mañana, entró el primer turno del grupo de las ocho mujeres que durante enero y febrero cosieron las mochilas y cartucheras que el Ministerio de Educación entregaría a los alumnos de las escuelas públicas más pobres de la Ciudad.

Felicidad

Verónica Monjes era el último eslabón en la cadena de producción revisando las costuras y cortando los hilos faltantes. Estaba feliz, ese día al mediodía entregarían la pila de mochilas negras (para nivel medio) y azules (más pequeñas para nivel inicial) y las cartucheras.

“Me siento feliz porque estoy trabajando, hace 10 años que no tengo trabajo. Hace mucho trabajaba en casa de familia pero ahora que sé coser me siento muy bien”, dice orgullosa mientras muestra las mochilas terminadas.

“Ya le dije a mi hijo: ‘Papi, si se te rompe la mochila, te hago una’, al precio que están ahora que sé cómo se confeccionan se la puedo hacer”, agrega entusiasmada Verónica que es mamá de dos niños y llega bien temprano a trabajar desde Campo La Rivera.

“Me encantaría seguir trabajando, no depender del sueldo de mi marido y tener lo mío”, anhela Verónica junto a sus compañeras
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El Ministerio de Educación le paga a las cooperativas 40 pesos por cada mochila y 7,50 pesos por cada cartuchera terminada. Durante el resto del año, cosen a pedido de organizaciones, comercios o colegios que solicitan sus servicios.

Georgina Córdoba es una de las integrantes más antiguas del grupo, prácticamente desde que la Cooperativa hace dos años empezó a funcionar.

“Yo trabajaba en una fábrica textil, en el momento en que empezaron a echar a todo el mundo por la crisis, a mí también me tocó. Cosía en mi casa ropita para vender en el barrio y en el super, las chicas me invitaron a trabajar con ellas y empecé a venir más seguido no sólo para trabajar sino para colaborar con todas las demás actividades que hacen con los chicos”, cuenta Georgina quien tiene tres niños y asegura que estos trabajos si bien “no son seguidos” ayudan mucho a su economía familiar.

Un trabajo estable

“Yo sueño con que haya más laburo, con este proyecto yo pude invitar a Andrea, que es mi amiga y la invité a trabajar acá. Yo me imagino que ya que armamos un grupito lindo podemos con parte de lo que ganemos comprar unas telas y hacer algo lindo para ir vendiendo”, proyecta Georgina.

Por lo pronto, la Cooperativa tiene pensado construir otro saloncito al lado de 5×8 para poder allí hacer todas las actividades de la organización y que el salón actual quede sólo para el taller de costura. Para ello, materiales de construcción son bienvenidos por La Barranquita. Además, para ampliar la producción del taller y poder sumar más gente necesitan máquinas de corte y bordado.

Imagen : La Voz.com