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Mujeres obreras ponen fin al mito de acarrear mala suerte

Ochenta y nueve mujeres obreras demuestran que están muy lejos de acarrear mala suerte, tal como solía creerse, por tradición, en obras constructivas.

Al contrario, su labor en el Proyecto Hidroeléctrico Reventazón –desde el 2010– es impecable, responsable y preciso, según coinciden algunos de sus 4.200 compañeros y jefes.

Son 300 las mujeres que laboran en esta planta, en Siquirres de Limón, lo cual representa un 8% de los contratos. De ellas, 89 se dedican a labores como el colocado de acero y el traslado de materiales pesados.

Dunia Herrero, de 30 años, labora   en la toma de aguas del Reventazón. En esa obra trabajan otras seis mujeres más.   | ALONSO TENORIO

Dunia Herrero, de 30 años, labora en la toma de aguas del Reventazón. En esa obra trabajan otras seis mujeres más. | ALONSO TENORIO

Este es el primer proyecto de generación eléctrica del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), en el que se impulsa a las damas a desempeñar labores pesadas, que tradicionalmente solo hacían los hombres.

Una de ellas es Dunia Herrero, quien tiene 30 años y trabaja en la toma de aguas hace año y medio. Desde que ingresó se dio cuenta de que, contrario a lo que pensaban otros, no les teme a las alturas ni es “delicada”.

“No me ha costado para nada acoplarme al trabajo con los hombres ni tampoco a una obra en las alturas. En este frente trabajan otras seis mujeres y a todas nos encanta. No es difícil, como suele pensarse”, apuntó.

Según Ángel Matamoros, técnico en la toma de aguas, él no tiene ninguna queja sobre la labor femenina en su área, debido a que es “impecable”.

Agregó que este tipo de trabajos resultan más complicados para las mujeres que tienen hijos debido a las largas jornadas y muchas deben ausentarse de sus casas y familias, por hasta 11 días seguidos.

Susana Chavarría se dedica a la vigilancia y la armería en el puesto 17, en la entrada al proyecto. Aunque no duerme en los campamentos, suele despertarse a las 2:30 a. m., para viajar por más de dos horas en bus, de La Suiza de Turrialba a Siquirres.

“En realidad, se me hace muy difícil, todo es un sacrificio. Tengo tres hijos (de 15, 12 y 9 años) y yo los mantengo y los cuido.

”El trabajar solo con hombres trato de manejarlo, porque uno no puede llegar a un ambiente así a cambiar cosas. Yo las evado y sigo adelante. Me acoplo a ellos pero dándome mi lugar”, declaró.