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MÁS DE CUARENTA Y CUATRO AÑOS DEL SECUESTRO Y DESAPARICIÓN DEL »NEGRITO»FLOREAL AVELLANEDA

A más de 44 años del secuestro de su hijo, de por entonces de 15 años, Iris Pereyra de Avellaneda, ex detenida, desaparecida y sobreviviente del centro clandestino de detención de Campo de Mayo, y madre de Floreal Edgardo “Negrito” Avellaneda, aún desaparecido, recordó el tormento que vivió su familia.

Imagen: El Digital

Recordando a su hijo, Pereyra recordó que al igual que su esposo, militante y sindicalista, el “Negrito” militaba en el colegio secundario. “Él quería ser técnico de Aviación, lo anotamos en la Escuela de Mecánica de la Armada, estuvo menos de un mes porque le dieron de baja porque no tenía actitudes militares”, indicó.

Además, subrayó: “Desde el año ‘37 mi suegra fue cofundadora del Partido Comunista en Vicente López y cofundadora de Socorro Rojo, que ahora es Liga Argentina por los Derechos Humanos. Toda una familia de militantes. Cuando conocí a mi marido en el año ‘57 me ganó mi suegra, le debo mucho porque fue la que me ganó y lo que soy hoy es gracias a ella”.

“En el ‘76, en el golpe cívico militar eclesiástico, que hubo tantos desaparecidos, entraron a casa el 15 de abril del ‘76 buscando a mi marido, que era militante de una comisión interna de la fábrica de discos Tensa, discos de freno. Como se pudo escapar por los techos nos apresaron y nos llevaron a los dos, al Negrito y a mí- relató recordando los hechos ocurridos hace 44 años-. La primera estadía que tuvimos, fue tremendo lo que pasamos en la comisaría de Villa Martelli, donde fueron las primeras torturas, los primeros golpes. La casa fue baleada, fue robada, se llevaron de todo”.

“En un momento me lo traen al Negrito haciendo un careo. ‘Mami, decí que papi se escapó’. Esas fueron las últimas palabras que escuché de mi hijo durante el golpe de Estado del ’76, fue el 15 de abril- continuó Pereyra-. Ahí me sacan y me llevan a Campo de Mayo, que fue el lugar donde estuve 15 días desaparecida. Después de ahí, de haber tenido hasta simulacro de fusilamiento, picana eléctrica, de todo, me llevan a la cárcel de Olmos. Yo pregunto cuáles son las razones para ir a la cárcel, y el director del penal me dijo ‘Señora, usted está acusada de comunista montonera’. Aparte tenía una conjuntivitis tremenda que no veía nada. Por suerte me tocó una médica en el penal que cada 12 horas venía al lugar donde estaba y me ponía gotitas, así fue que recuperé un poco la vista”.

Y agregó: “Cuando fui recibida por mis compañeras, que éramos muchas presas políticas, me apodaron la bizca, porque llegué con una mugre espantosa, una debilidad tremenda, porque 15 días sin comer y sin tomar agua, porque por la picana no te daban agua ni te daban de comer, a los golpes nada más. Ahí estuve hasta el 17 de noviembre, que hubo una orden por los militares de que todo preso político pasaba a Devoto. En Villa Devoto nos tuvieron todo el día, fue un traslado tremendo, hasta helicóptero, perros, tanques, de todo. Éramos delincuentes, llegamos a Villa Devoto y ahí nos tuvieron todo el día bajo el rayo del sol hasta que nos dieron el lugar para poder acomodarnos”.

Siguiendo con su relato, señaló: “Yo salgo en libertad el 19 de julio del ’78, cuando salgo en libertad ya había mandado desde Olmos y desde Devotos cartas a todos lados para averiguar dónde estaba el Negrito, porque la preocupación mía era él, porque nos sacaron a los dos de la casa. Una viene de estar secuestrada, torturada, maltratada, y después llegar a una cárcel sin saber dónde estaba tu hijo, era desesperante. Nadie me contestó las cartas que yo escribí”.

“En el ’78, cuando salgo en libertad, salí decidida a todo, y cuando mi cuñada me fue a buscar yo veía que daba vueltas y no me quería decir nada. Recién al tercer día me entero de que el Negrito había aparecido con los vuelos de la muerte a Uruguay.

Estábamos en golpe de Estado, hasta el ’83, que vino la democracia, recién pudimos empezar a hacer algo y no muy seguido todavía porque todavía estaba todo en el aire. Recién en el ’89 pudimos viajar al Uruguay a hacer las primeras querellas, pero los jueces se declararon incompetentes. Después viajamos nuevamente en el 2001, en el 2005, después nunca más porque desde el momento en que Uruguay tiene la ley de caducidad, que no podemos ir a reclamar ni hacer nada, para nosotros es doloroso”, remarcó.

“Yo, como madre del Negrito, quiero saber dónde está, qué hicieron con él, dónde lo enterraron, a dónde lo llevaron. Desgraciadamente, a 44 años del golpe tan tremendo que ha sido, no he tenido noticias de él ni sabemos. Nosotros nos hicimos el ADN porque van apareciendo cadáveres por todos lados, pero hasta la fecha no sé nada. No nos han dado certificación de nada. Y lo peor de todo es que no sabemos dónde está”, agregó a su relato.

Además, contó: “En el año ’76, cuando el Negrito cumplía los 16 años, que fue el 14 de mayo, aparece el cuerpo en el Uruguay por un barco pesquero que se estaba arrimando a la costa, había un matrimonio con un nenito, un fotógrafo sueco que sacó la máquina cuando vio que el barco se iba arrimando a la costa y veía algo negro que la misma oleada lo traía. Aparecieron 8 cadáveres y uno de esas bolsas, cuando abrieron, era el Negrito. Pero fue reconocido porque tenía en su brazo un corazón que decía FA, Floreal Avellaneda, igual que su papá, tenían el mismo tatuaje. Dicen que en el año ’79 fueron militares argentinos y se robaron algunos cadáveres, y entre esos cadáveres estaba el Negrito”.

“Cuando hicimos los trámites en el Uruguay con la Cancillería argentina, nos querían mandar un cadáver que no era el Negrito, era otra persona. Cuando pudimos viajar al Uruguay y hacer esa movida, en el cementerio norte del Uruguay, de Montevideo, en todos los cementerios hay un libro de actas donde se anotan todos los cadáveres día a día. Esa página, de ese día, estaba arrancada, o sea que fue hecho todo maliciosamente. Hasta la fecha, a 44 años, seguimos pidiendo justicia y el Negrito no aparece”, lamentó la mujer.

En cuanto a su esposo, con quien se comunicaba mediante cartas como si fuese su cuñado para evitar que lo capturaran, contó que falleció el 23 de junio de 2010, aunque destacó que, en 2009, al realizarse su juicio que duró tres meses y medio, su salud comenzó a deteriorarse. “Tuvo dos faltas a las audiencias porque no se sentía bien, después empezó a sentirse mal. Pero, por lo menos, falleció condenando a dos genocidas que fueron Santiago Omar Riveros y Osvaldo García, que eran la mano derecha de Campo de Mayo, porque se fueron a preparar a la Escuela de las Américas como todos los genocidas, para matar a su gente”, remarcó.

Además, recordó uno de los testimonios del juicio, confirmando que su hijo estuvo en Campo de Mayo. “Un militar dijo haber visto a un jovencito que estaba mordido por un perro y que lo tenían en un lugar cerrado, cuando entraban para darle de comer entraba una mujer y pensaba que era yo. ‘¿Sos vos mami? ¿Sos vos?’, le dijo a la mujer que entraba a cuidarlo. Esa fue la noticia tan triste que tuvimos en el juicio”, lamentó señalando también y dijo: “Ensañarse con una criatura de 14, 15 años, que cuando aparece en las costas del Uruguay aparece con las manos atadas y por empalamiento lo mataron, Fue un genocidio tremendo, es gente que ya nació para hacer eso, lo tienen en el alma”.

“Yo la sigo peleando a pesar de que soy grande de edad, pero chica de corazón, sigo pidiendo justicia, por el Negrito y por los 30 mil compañeros desaparecidos”, dijo cuestionando también que “en democracia, tener presos políticos, es una aberración”. “Estamos pidiendo ahora por una navidad sin presos políticos. A un año de este gobierno y no se hace cargo de los presos políticos que están injustamente presos”, cerró.

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