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Mientras desactivan los argumentos de la oposición

Macri prepara un fuerte ajuste para después de las elecciones

El gobierno de Mauricio Macri prepara una batería de medidas para después de las elecciones. Reforma tributaria para bajarles impuestos a los empresarios, reforma previsional para aumentar la edad de jubilación; reforma política en el financiamiento de campaña para perjudicar a la oposición; cambios en los organismos de control y en el Poder Judicial para perseguir al cristinismo, son algunas de las modificaciones que Macri imagina imponer luego de superado el “obstáculo electoral” que representa derrotar en las urnas al peronismo.

Imagen : Diario Plaza de Mayo

Es decir, si gana la derecha macrista, intentarán un cambio del sistema tributario que beneficiará a los ricos; una alteración de los derechos y condiciones laborales, en contra de los trabajadores, que pondrían en pie de guerra a los gremios; una revisión del esquema previsional que encendería una amplia reacción social, y una reforma política que sacudiría a todos los partidos.

Para llevar adelante semejante desafío, los estrategas de la alianza Cambiemos juegan distintas partidas. La más maquiavélica de todas es la referida al ajuste neoliberal post-electoral. Porque si bien lo niegan o minimizan en público, al punto de pretender sacarlo de la agenda, en privado reconocen que intentarán hacerlo.

“No hay que agitar ni temer fantasmas de grandes ajustes”, afirmó Marcos Peña en el Senado, durante su segundo informe sobre el rumbo del gobierno. La frase apuntó a desactivar uno de los argumentos más usados por la oposición, tanto la kirchnerista, como la massista, la randazzista y la de la izquierda. “Van a tratar de corrernos por ahí, pero la gente está entendiendo que es la única forma de salir seriamente. Es doloroso, pero es la única salida que hay, con el desastre que nos dejaron los K”, reconoce un alto dirigente macrista.

En el gobierno de Macri ven amenazas que podrían poner en peligro esta estrategia electoral: que se desnaturalice la campaña por las protestas de grupos K y/o de la izquierda; que las CGTs se movilicen con apoyo de las CTAs; que se instale la idea de que se viene el ajustazo; que por la polarización, Cristina crezca demasiado; y que esté sobreestimada la capacidad de trasladar la imagen de María Eugenia Vidal a sus ignotos candidatos bonaerenses.

Sin logros económicos a la vista, sin “brotes verdes” ni “lluvia de inversiones” por ninguna parte, y con un endeudamiento feroz, el macrismo busca renovar el apoyo del electorado, en especial con esa porción, o al menos una parte, que le prestó el voto en el ballottage.

Hace 2 años que están en el poder y no han cumplido con sus promesas. Tienen una franja de sus votantes del ballottage (y algunos de la primera vuelta) que están desilusionados: ante los errores repetidos, las “realizaciones” económicas del neoliberalismo y las denuncias de corrupción. Hasta el año pasado, les resultaba efectivo el pedido de paciencia. Hoy, ese recurso ya no resulta creíble.