Lucha contra la exclusión de género

El 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la mujer y este año se cumple el primer centenario de los acontecimientos que originaron esa fecha. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha escogido como tema oficial de la conmemoración ?La igualdad de acceso a la educación, la ciencia y la tecnología: camino hacia el trabajo decente para la mujer?. Es pues, una oportunidad más para conocer la realidad y los desafíos en materia de igualdad de género, así como para manifestar un reconocimiento a sus luchas pasadas y presentes orientadas a construir una sociedad incluyente.

A nivel mundial se reconoce que de las personas que viven en situación de pobreza ? un estimado de 1,700 millones – , más del 70% son mujeres. El concepto de feminización de la pobreza alude a este hecho, pero también a otros tres más: primero, el crecimiento de la proporción de las mujeres entre la población pobre es un proceso, y no simplemente un estado en un momento particular; segundo, mujeres y hombres tienen roles y posiciones diferentes en la sociedad, la incidencia de la pobreza varía según el rol que se desarrolle que, por lo general, es desventajoso para las mujeres; tercero, debido a los mayores niveles de inseguridad, precariedad y vulnerabilidad que sufren las mujeres, suelen ser el sector más expuesto a la pobreza. En consecuencia, feminización de la pobreza significa que las necesidades primordiales de un gran número de mujeres no están siendo satisfechas; por ejemplo: están excluidas de la educación, de la atención de salud, del acceso a la tierra, a los préstamos, a la herencia. Pero no sólo eso, tampoco se les reconoce ni recompensa su trabajo doméstico que si se contabilizara podría representar un alto porcentaje del Producto Interno Bruto.

La cumbre de la ONU sobre Objetivos de Desarrollo del Milenio (celebrada en septiembre del año 2000), concluyó con la adopción de un plan de acción mundial para alcanzar los ocho objetivos de lucha contra la pobreza (al menos en el año 2015). Entre sus principales compromisos se encuentran lograr el empleo pleno y productivo para todos, incluidas las mujeres, eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, y mejorar la salud materna. Nos estamos acercando al año 2015 y todo parece indicar que no se lograrán esos propósitos. El desafío continuará.

Según el Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2010, las mujeres son la mayoría de la población. Pese a ello, su vida se mira afectada por una serie de inequidades. Por ejemplo, sus tasas de participación en el mercado laboral continúan siendo bajas: apenas el 47% de las mujeres en edad de trabajar forman parte de la población económicamente activa, mientras que la participación de los hombres alcanza el 81%. En las zonas rurales la brecha se hace más honda: la tasa de participación de los hombres es del 87% versus el 35% para las mujeres. En lo que respecta a la educación, sin bien la brecha entre hombres y mujeres se ha ido reduciendo; la escolaridad promedio a nivel nacional apenas alcanza los 6 años. Esto es grave para hombres y mujeres si consideramos que la educación es considerada como de los instrumentos más poderosos para mejorar el bienestar de las personas, pues permite que la gente desarrolle sus habilidades, destrezas y capacidades, lo cual, además de ser un factor de realización personal, contribuye al logro de una mejor inserción en el mundo laboral.

De ahí que el Informe proponga como una de sus bases para un modelo de desarrollo centrado en la gente, la equidad, especialmente la equidad de género, no sólo por razones de justicia social, sino también porque la plena incorporación de las mujeres volvería más fácil el esfuerzo del desarrollo. Con los altos niveles de exclusión de las mujeres, el país se priva o desaprovecha los aportes de este sector mayoritario de la población.

Necesitamos pues, de una política y una economía justas, que incorporen los intereses y necesidades de las mujeres, que ofrezcan condiciones de desarrollo humano para la mujer. Recordemos que una niña con hambre pierde su capacidad cognoscitiva, una joven que no sepa leer y escribir tiene limitado su futuro, una mujer que no tenga acceso a las oportunidades de empleo no es libre, una mujer maltratada es violentada en su dignidad.

Pero el Día Internacional de la mujer, debe también llevarnos a reconocer su lucha necesaria y justa, porque al final de cuentas la equidad de género es un factor de redención de la humanidad. En sus gestas por participar en condiciones de igualdad con el hombre, se ha manifestado una fuerza de transformación de la que son portadoras. La actividad en los movimientos feministas, reivindicando sus derechos ciudadanos; su lucha por los derechos laborales y económicos; su trabajo por la justicia y la paz en la historia de los pueblos, descubren su fuerza crítica y creativa para cambiar las estructuras sociales y culturales, que ponen a las mujeres en inferioridad por la asimilación de una masculinidad marcada por la dominación, por el machismo y por la violencia. La liberación de la mujer lleva consigo un nuevo modo de vivir lo masculino y lo femenino, desde el reconocimiento de una común dignidad y derechos. En El Salvador una precursora de esa fuerza que reivindicó los derechos de la mujer fue Prudencia Ayala, mujer de sangre indígena, escritora y valiente activista que hizo sentir su voz exigiendo la vigencia de los derechos ciudadanos para las mujeres de su época.

-* Carlos Ayala Ramírez, director de radio YSUCA