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Caso Julieta Mónica Arias

Leyes que no bastan

Además de que la Justicia resultó insuficiente para preservar la vida de Julieta Mónica Arias, fue igualmente lenta para hallar su cadáver, ya que la búsqueda se concretó a partir de la insistencia de su madre, Berta Bautista.

Sobre esto, cabría preguntarse ¿hasta dónde las leyes bastan cuando las fallas provocadas por errores humanos derivan en la pérdida de una vida? O tal vez, ¿si es el Estado capaz de preservar física y mentalmente a quiénes son víctimas de violencia de género? ¿Hasta qué punto se estigmatiza a la mujer que desaparece o es acaso el femicidio el desenlace en el que inevitablemente acaba la reproducción del sistema patriarcal? Todas las respuestas apuntan a un mismo lugar: la violencia ejercida históricamente hacia la mujer encuentra su espacio predilecto de reproducción en el hogar, con muertes que en la generalidad se producen en manos de sus maridos, concubinos, amantes o ex parejas.

Para entender mejor las complicidades y falencias de las instituciones que deben resguardar a las víctimas, basta citar lo relatado por Marcos Agudo, quien el último tiempo habría mantenido una relación amorosa con Arias, asegurando a la familia de ésta que al intentar denunciar su desaparición, desde la Comisaría Décima le respondieron que sólo correspondía a los familiares de la mujer, efectuar la misma.

Acerca de estos sucesos, Bautista agrega que el expediente sobre la desaparición de su hija que fue denunciada por su ex esposo Francisco Arias, progenitor de la víctima, y más tarde por ella, reposaba en la Ciudad Judicial, cuando solicitaron a la Brigada de Investigaciones que efectúe la búsqueda.

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Como lo expresa la familia, desde el 3 de agosto, la policía no había hecho demasiado por encontrar a la joven, cuyo cuerpo yacía en el patio de la casa que compartió con su victimario, Ariel Delgado. La madre refiere que con ?mentiras? se evitaba proseguir con la investigación y que en una ocasión, personal policial de la comisaría citada anteriormente ingresó al patio de ese domicilio sin percatarse de que en aquel abandonado lugar podía hallarse el cadáver de Arias.

Después de treinta y tres días de desaparición, el cuerpo sin vida de Julieta fue hallado por personal de la Brigada de Investigaciones, en el mismo lugar en el que antes no se buscó con minuciosidad.

El final esperado

Julieta Arias, la joven de 32 años que fue ahorcada por su marido y enterrada en el patio de la casa en la que convivieron hasta abril de este año, fue víctima de maltrato físico y verbal durante gran parte de la relación, situación que la mujer mantuvo en reserva y que se agudizó entre 2007 y 2008, momento en que éstos hechos se judicializaron.

Según fuentes judiciales desde el pasado año, las denuncias radicadas en la Comisaría Décima de la capital salteña fueron cruzadas, es decir que tanto Julieta como su homicida manifestaron haber sido agredidos por el otro. Con el antecedente de una serie de actas procesales a las que más tarde se sumaron denuncias, se logró la exclusión del hogar de Ariel Delgado, pero los hechos siguieron el mismo curso y para evitar la ira de su concubino, Arias decidió abandonar el hogar en abril, dejando a las niñas al cuidado de su padre.

Sobre este círculo de agresiones en que vivía la pareja, Berta Bautista, refiere desconocer si sus nietas de 6 y 12 años, víctimas sobrevivientes de esta tragedia, sufrieron algún tipo de maltrato, recordando que fue hace alrededor de cinco años cuando por primera vez Julieta se atrevió a denunciar al hombre que acabaría con su vida.