Latinoamérica: Violencia en la ciudad, contra las mujeres

México, septiembre.- Las ciudades de México, Bogotá y San Salvador se han convertido en un espacio peligroso y violento para las mujeres, llenándolas de miedo y cercenando sus derechos ciudadanos, mientras que, en Santiago de Chile, ellas transitan un camino que va de la violencia privada a la pública, y viceversa.

Sólo en el Distrito Federal, en México, una de las capitales más grandes del mundo, 20 por ciento de las mujeres que salen a trabajar o a estudiar han recibido agresiones que van del hostigamiento y el abuso, a la violación sexual en la calles o en el trabajo, en el transporte o en la escuela.

Se trata de más de un millón de jóvenes y adultas que viven violencia de género, según la estadística oficial. Y ello sin considerar que hasta 48 por ciento de ellas son víctimas de violencia en sus respectivas casas.

Datos del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal confirman que esta ciudad ocupa el primer lugar en lo que se denomina violencia comunitaria, o sea, la de espacios públicos. Cifras similares se viven en Bogotá y empiezan a crecer en Río de Janeiro y Brasil, según expertas.

“La criminalidad no surge en forma espontánea. Es el resultado de una sociedad desigual y exclusiva y de la falta de control institucional y social”, sostiene Liliana Rainero, de la Red Mujer y Hábitat.

Explicó que hay ciudades totalmente segmentadas, con espacios grandes y solitarios, donde ellas arriesgan todo. “Las ciudades, su equipamiento urbano, la manera como se planeó el transporte, no fueron pensadas para las mujeres”, comentó.

Como afirmó a SEMlac la peruana Diana Miloslavich Túpac, la creciente migración del campo a la ciudad, la incorporación de ellas a la educación, al trabajo, a la vida comunitaria, sorprendió al modo como se estructuraron las ciudades y estas resultan hostiles a este sector de la población.

Según la arquitecta Ana Falú, presidenta del Fondo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) en el Cono Sur, este problema crece y se multiplica, por lo cual preocupa a gobiernos y ciudadanas de América Latina.

Por su parte, Giulia Tamayo, responsable de la Campaña sobre la Violencia contra las Mujeres, de Amnistía Internacional en España, advirtió que, en los espacios públicos no podrá pararse la violencia que afecta material y simbólicamente a millones de mujeres, si no se conjugan medidas de seguridad con la democracia y programas emergentes que enfrenten la desigualdad y la pobreza.

Rainero explicó a SEMlac que en 2030 se calcula que dos terceras partes de la humanidad vivirán en ciudades en todo el mundo. “Es una nueva era urbana de riesgo y criminalidad que afecta diferenciadamente a hombres y mujeres”, advirtió.

Rosa Emilia Salamanca, de la Corporación de Investigación y Acción social y Económica de Bogotá, afirmó que si bien la criminalidad y el narcotráfico han convertido a las ciudades en un peligro para todos, las mujeres ?habitantes recientes del espacio público, que consiguieron sus derechos al trabajo y a la escuela? no van a participar en política, porque viven con miedo.

En San Salvador, a juicio de la ingeniera y concejala de San Salvador, Gema Chacón, las cifras de violencia afectan a una de cada tres mujeres, por lo que las medidas tradicionales de atención y procuración de justicia empiezan a ser insuficientes.

Programa

El programa de ciudades seguras para las mujeres nació por iniciativa de la Red Hábitat y desde hace tres años se promueve entre gobiernos y organizaciones civiles por UNIFEM, con fondos de la cooperación española. En él participan las ciudades de Rosario, Argentina, Santiago de Chile, Bogotá, Colombia y, recientemente, ingresaron Ciudad de México y San Salvador.

“El proceso de globalización afecta y cambia la vida de las grandes ciudades. En ellas conviven la diversidad, la inequidad, la segregación, la fragmentación social y el temor”, asegura Falú.

En las ciudades hay un conjunto complejo de dimensiones que “nos confronta”, resultan espacios cada día más violentos y, si bien es un hecho que afecta a hombres y a mujeres, ellas viven la urbanidad de manera diferente.

La consejala comentó a SEMlac que a la violencia tradicional de hurtos, robos, asaltos y violaciones sexuales, se suman la percepción y el miedo, que en las mujeres significa dejar de participar en política, en las acciones comunitarias e incluso, puede determinar el abandono de la escuela.

En América Latina se trata de una emergencia, dice Rainero, al indicar que 82 por ciento es población urbana, que vive en ciudades marcadas por fuertes desigualdades entre hombres y mujeres, limitadas estas últimas en sus derechos de ciudadanas.

“Este problema, ahora visible, no puede dejarse sólo en manos de medidas policiales o aumento de penalidades; no puede dejarse en manos de los gobiernos; las mujeres hoy tienen que actuar también en este campo”, dijo Ximena Machicao, de la Paz, Bolivia.

Ciudades seguras para las mujeres

La apuesta por ciudades más democráticas y de mejor convivencia lleva implícita, como condición sustancial, la erradicación de la violencia de género así como el empoderamiento de ellas para la promoción de su ciudadanía y el pleno ejercicio de sus derechos humanos, afirmó Malú Micher, directora del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México.

Micher identificó que la violencia ya no solamente es grave en los espacios privados, sino en los públicos, como la calle, los lugares de trabajo, educativos, de recreación y de socialización en general.

No es exclusiva de un tipo de mujer, por su edad, sus características físicas, su condición económica y cultural, por su identidad social o preferencia sexual y tiene impacto en sus vidas, por sufrir un daño físico, psicoemocional, patrimonial; que se da por el hecho de ser mujeres y que puede llevar hasta la muerte.

Explicó que por el Distrito Federal transitan cada día más de 15,7 millones de personas que residen, trabajan y la visitan. De estas, al menos más de la mitad son usuarias de los servicios y equipamientos urbanos, por lo que se instauró el Programa Viajemos Seguras, a fin de prevenir, atender y sancionar la violencia sexual cometida contra las que viajan en transporte público.

Para este proyecto se ha tomado en cuenta que, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica en los Hogares 2006, cerca de un millón de mujeres declaró haber sufrido uno o más tipos de violencia comunitaria.

“Uno de los objetivos del programa es, precisamente, reflexionar y convencer a los gobiernos de actuar con una perspectiva diferente”, dijo finalmente Falú.