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Mujeres y trabajo: desandar un camino de inequidad

Las mujeres y el mundo laboral

Nota publicada en diciembre de 2005

Durante las últimas décadas el incremento de la participación de la mujer en el mercado de trabajo ha sido constante y a un ritmo sostenido. Pero la realidad de dificultades y desventajas respecto a los varones, no ha variado demasiado.

La gran mayoría de las mujeres trabajadoras acceden solo a puestos de escaso nivel de calificación, con salarios en promedio un 35% más bajos, sin seguridad social y con peores condiciones laborales. El 20% del trabajo de las mujeres se desarrolla en el servicio doméstico, que representa al sector más informalizado y peor pago.

Algunos datos de un estudio del INDEC de 2005 son bastante ilustrativos. Mientras que la tasa de actividad de los varones es del 73%, las mujeres están en una tasa del 48%. El desempleo femenino es del orden del 15%, cuatro puntos por encima del masculino y la subocupación está alrededor del 18% para las mujeres y 12% para los varones.

Del total de trabajadores precarios o informales del sector privado un 48% son varones y un 60% mujeres. Cuando de brecha salarial se trata, tenemos que el salario promedio para los varones es de 753 pesos y para las mujeres esta cifra ronda los 540 pesos, un 32% por debajo. Brecha que se agranda significativamente en los escalones de más altos ingresos, sectores profesionales y técnicos especialmente del sector privado.

Algunas causas:

La subordinación y discriminación en el mercado de trabajo para las mujeres se debe en gran parte a factores culturales. La desigualdad entre los sexos está presente como factor que estructura las relaciones de producción y la división del trabajo. Lo que llamamos la división sexual del trabajo: que destina a la mujer al desempeño de labores domésticas y familiares, no remuneradas ni valorizada en las cuentas públicas, lo cual disminuye la importancia de su papel económico. División que subsiste en el ingreso de las mujeres en el mercado laboral, dado que se le asignan trabajos que están ligados a este rol de cuidado y asistencia familiar. Las mujeres están sobre representadas en tareas de educación, salud y servicios. Lo que se conoce como segmentación del mercado laboral y que se refleja luego estadísticamente cuando analizamos las brechas entre varones y mujeres. A lo anterior se agrega la menor participación de las mujeres en las instancias de toma de decisiones, ejercicio del poder y en los puestos de mayor jerarquía.

Hoy se sigue considerando la inserción de la mujer en el mercado de trabajo como complementaria y transitoria, un adicional al ingreso familiar. Aunque en la práctica las mujeres desean y necesitan trabajar y en la actualidad son el principal sostén económico de un tercio de los hogares.

Qué hacer en la actualidad:

Pasada la crisis económica y social más aguda de que tengamos memoria y con un cambio de etapa abierta en la Argentina, que tiene que ver con la reconstrucción institucional, de derechos humanos, de derechos sexuales y reproductivos; con un proceso de crecimiento de la macro economía, de reducción de los peores índices de desocupación y pobreza. Aun la deuda social sigue siendo inmensa y la distribución de la riqueza la gran tarea pendiente. En este contexto es que sin dudas la construcción de un proyecto nacional de inclusión y justicia social, no puede obviar que la mitad de la población accede a una ciudadanía recortada. Como tampoco puede desconocer estos datos diferenciales frente a los problemas laborales que aquejan a varones y mujeres, tanto como las diferencias cuando hablamos del problema del empleo para los y las jóvenes.

Para continuar desandando un largo camino de injusticia hacia las mujeres y las jóvenes en lo que hace a su inserción laboral hacen falta políticas que tiendan a la conciliación la vida familiar y laboral. Las políticas de empleo deben tener en cuenta tanto los aspectos de la producción como la reproducción y el cuidado de la vida. Lo que implica impulsar medidas que brinden servicios para apoyar el cuidado de los/as hijos/as y promuevan la participación compartida de ambos padres. Además es necesario apoyar el ingreso al mercado de trabajo de las mujeres pobres, con la finalidad de derribar las barreras culturales que hoy subsisten, con políticas activas de generación de igualdad real de oportunidades y trato en la generación de empleos dignos y de calidad.

Quisiera cerrar este comentario compartiendo la definición que se desarrollara en la Plataforma Laboral de las Américas, realizada por el movimiento sindical del continente, en la que se define con precisión la necesidad de que todos los proyectos, políticas y leyes deben contener mecanismos que garanticen la inclusión de la perspectiva de género, así como garantizar la participación activa de las mujeres y el respeto de sus derechos como trabajadoras. A su vez se debe considerar alguna forma de medición del trabajo no remunerado del hogar y cuidado infantil; no con el sentido de mercantilizarlo, pero sí de tomar conciencia y compromiso social y del Estado del valor económico y productor de riqueza de éste tipo de trabajo.

Esto necesariamente deberá estar acompañado del desarrollo de políticas de prevención de la violencia contra la mujer, en cualquiera de sus formas y ámbitos, así como respetar los derechos sexuales y reproductivos.

Será necesario impulsar cambios a través de nuevas políticas sociales que modifiquen no sólo las estructuras económicas sino las estructuras de poder y autoridad para que a las mujeres se les reconozca su rol de agentes activos de los procesos sociales.

(1) Secretaria Nacional de Igualdad de Género y Oportunidades CTA 2003-2006.

FOTO: www.larazon.com