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La prevención ausente

La salud de las mujeres y los factores ambientales

Factores motivados en la contaminación ambiental se han convertido en los nuevos enemigos de la salud. En la mujer, muchos de estos agentes han potenciado la morbilidad de enfermedades como la infertilidad, el cáncer y las infecciones. Verónica Odriozola, Coordinadora para América Latina de ?Salud sin Daño?, una coalición internacional de profesionales de la salud, grupos de la comunidad, sindicatos y organizaciones ambientalistas, se refiere a un tema casi desconocido por la mayoría de las mujeres e ignorado por la gran industria de los ?tratamientos?.

Algunas enfermedades crónicas están en aumento y sabemos que los factores ambientales pueden estar influyendo en ese crecimiento:

– Según la Organización Mundial de la Salud, el 25% de la carga mundial de enfermedades tiene su origen en factores ambientales.

– Hoy se sabe que hay patologías crónicas como el cáncer, el Parkinson o el asma que están en aumento y que hay factores ambientales que pueden estar contribuyendo a este hecho.

– Dosis increíblemente bajas de contaminantes ambientales pueden afectar el sistema hormonal y los procesos que éste regula, lo que puede provocar problemas de fertilidad, entre otros.

– Si bien antes creíamos que el útero materno era un sitio perfectamente seguro para el crecimiento del bebé, hoy sabemos que durante el embarazo, los fetos en desarrollo están expuestos a una gran variedad de sustancias químicas: los estudios de cordón umbilical de bebés de distintos lugares del planeta muestran la presencia de un promedio de 200 sustancias químicas industriales y plaguicidas, entre otros contaminantes, con impactos aún desconocidos.

– La crisis en cámara lenta provocada por el cambio climático va a intensificar las pandemias y las muertes por golpe de calor; elevar la incidencia de trastornos respiratorios y a provocar la expansión geográfica de algunas enfermedades infecciosas.

La respuesta dada por las políticas públicas y sanitarias ha sido, en el mejor de los casos, mayores inversiones en costosos tratamientos para paliar los padecimientos de quienes tienen estas enfermedades. Algunos de esos tratamientos ni siquiera son de fácil acceso para parte de la población más vulnerable del planeta.

Sin embargo, casi nada se ha hecho para lo que debería ser uno de los focos principales de la salud y es la prevención. De hecho, algunos procedimientos recomendados hoy como el papanicolau o la mamografía, aunque necesarios, no son realmente métodos de prevención, sino de diagnóstico temprano.

La verdadera prevención debería estar orientada a evitar directamente la exposición a sustancias químicas que afectan el sistema endocrino, son tóxicas o cancerígenas, dañan la reproducción o presentan características que puedan dar lugar a una preocupación similar, aún cuando la relación causa-efecto no haya podido aún ser demostrada ni descartada por completo. Esa es la verdadera prevención, al igual que las políticas orientadas a mitigar los efectos del cambio climático.

Si este tipo de medidas no se ponen en marcha, seguirá desarrollándose la industria de los tratamientos de las enfermedades y la humanidad seguirá perdiendo la carrera contra ellas.

*Coordinadora para América Latina de Salud sin Daño

www.saludsindanio.org