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Alejandro Fara/Puntal.com.ar

LA DENUNCIA POR ABUSO EN LA IGLESIA SALPICA AL OBISPADO DE RÍO CUARTO

El actual obispo relativizó el testimonio de Mauricio Ruybal porque no quiso firmar el acta de denuncia. Una investigación de Puntal deja al descubierto que el argumento es endeble: hay 4 sacerdotes que pueden atestiguar la declaración del “chico del campanario”

Imagen : Cultura Colectiva News

Señor Ruybal, jura por Dios decir la verdad de todo lo que se pregunte y guardar discreción?

El hombre esmirriado, de un metro ochenta, acababa de hacer 241 kilómetros desde Venado Tuerto para dialogar con el obispo Eduardo Eliseo Martín. Semanas atrás le había enviado una carta adelantándole el motivo de su visita y Martín había aceptado escucharlo.

Mauricio Ruybal -o “El chico del campanario” para quienes conocieron su historia en la edición dominical de Puntal- estaba a punto de contarle el abuso que habría sufrido en mayo de 2012, cuando era ayudante de la parroquia San Roque de Corral de Bustos. Pero el escenario que imaginó se hizo trizas cuando le abrieron la puerta de hierro negra, y una vez que ingresó, echaron llave.

En lugar de la audiencia privada con la máxima cabeza de la Diócesis de Río Cuarto, lo que Mauricio Ruybal encontró la tarde del 9 de abril de 2013 fue aquella pregunta inicial, pronunciada por la voz grave de un notario que durante tres horas y media reproduciría sus palabras en un acta.

También le preguntaron si era católico y si era practicante de la religión: Mauricio Daniel Ruybal, en estado de conmoción, iba a ser sometido a la puesta en escena de un tribunal eclesiástico.

Junto al entonces obispo Martín, estaba el vicario judicial de la Diócesis de Córdoba, Dante Simón, que había viajado para la ocasión; el vicario general Julio Lorenzo Estrada y el sacerdote que cumplía la función de notario.

Ese fue el método que eligieron las autoridades eclesiásticas para tomar nota de las comprometedoras palabras de Ruybal; y para asegurarse de que nada de lo que dijera saliera de ese lugar.

“Mauricio, serenate, pensá bien. Sos consciente de lo que son los medios de prensa, vos sabés que si esto sale de acá, no está únicamente en juego el padre, sino toda la Iglesia. Si te largás a hablar a los medios, el único responsable vas a ser vos”, le advirtió Martín con tono paternalista, apenas Ruybal anticipó que si no obtenía respuesta de la Iglesia hablaría con los medios de prensa.

La indagación que permitió a este diario recrear lo que pasó ese día clave pone en crisis el argumento que usó la Diócesis de la Villa de la Concepción para descomprimir la preocupación y el malestar que generó en la comunidad la noticia de que uno de los sacerdotes que imparte misa cada domingo en una parroquia de Río Cuarto está sospechado de abuso sexual.

Un comunicado “desmemoriado”

El comunicado del actual obispo Adolfo Uriona hizo suyo el argumento que ya había ensayado el vicario judicial en la entrevista telefónica que concedió a este diario: afirmó que cuando a Ruybal se le pidió que firmara el acta de lo que se había hablado en el obispado, “el joven se negó a firmarla”.

El vicario judicial Simón lo dijo en forma más contundente: “Ruybal no quiso firmar lo que decía el acta, no se hizo cargo de lo que él mismo decía y eso es grave: si yo no me hago cargo de lo que digo, no puede prosperar la denuncia”.

La frase de Simón empieza con un dato certero, pero su conclusión es al menos cuestionable. Es cierto que Ruybal se negó a firmar el acta que le querían hacer rubricar en el obispado, el propio denunciante lo reconoce hoy: “Querían que firmara a toda costa y me negué”.

Lo que el comunicado de la curia y el vicario judicial omitieron decir es que en esa maratónica audiencia que le tomaron, Ruybal de todas maneras ratificó cada una de sus palabras, frente a cuatro sacerdotes que estaban de testigos.

¿Hubo falta de memoria o pura estrategia a la hora de redactar el comunicado?.

Ni el obispado ni el vicario judicial mencionaron que ese día el denunciante fue informado de que su testimonio iba a ser válido aunque no firmara ningún acta y él lo aceptó sin protestar.

“Mire, señor Ruybal, me veo en la obligación de notificarle cómo funciona oficialmente esto: para el derecho canónico, cuando alguien se niega a firmar, y hay al menos dos testigos, es como si firmara lo mismo, ¿entiende?” -Lo acicateó el vicario, y la respuesta del muchacho lo desarmó.

-Bueno, hágalo valer así entonces.

A esa altura del simulacro de juicio (un juicio al que faltaba nada menos que el acusado), todos estaban exhaustos.

Ruybal, que había  acudido en reclamo de varios meses de sueldo que le adeudaban en la parroquia San Roque, no había logrado ninguna promesa de pago.

De entrada le dijeron que ese tema estaba en manos de los abogados y nada podían resolver allí.

Los sacerdotes, por su parte, no lograban generar un clima de confianza para que “El chico del campanario” -como se lo empezó a llamar por las tareas que le encomendaban en la parroquia- les confiara el secreto que tenía.

Hasta que, finalmente hizo catarsis y ya nada lo detuvo.

Entre llantos, por momentos, y preso de los nervios, Ruybal contó el presunto abuso que sufrió.

Dijo que estaba muy angustiado cuando el sacerdote lo lleva a su habitación, le da algo para tomar con la promesa de que eso lo relajaría y pierde la consciencia.

“Me despierto desnudo, todo sucio de crema. No entendía dónde estaba. Él también estaba desnudo, intento levantarme y no puedo. Pregunto qué me está pasando y me dice que me hizo una cura de sueño”.

Es uno de los pocos tramos en los que el relato de Ruybal fluye sin que sus interlocutores lo interrumpan con preguntas. Ruybal agrega que el cura lo lleva a la ducha, le pone sal en la cabeza y luego permaneció un día completo encerrado en una habitación.

“Al otro día me siento en la mesa frente al cura y no me salió ninguna pregunta de por qué me hizo eso”, dice y mirando al obispo se quiebra: “¿Me pregunto si usted conoce a los sacerdotes que tiene?, ¡esto me está matando!”.

La frase con la que el obispado de la Villa de la Concepción cerró el comunicado que hizo público en las últimas horas es una invitación a la reflexión, que podría aplicarse para estos días tanto como para aquella penosa jornada de abril de 2013.

“Apelamos a que quienes participamos en diversos grados y modos de este tipo de dolorosas circunstancias no olvidemos nunca de actuar con la delicadeza y el respeto que toda persona exige por el sólo hecho de ser hijo de Dios”. -Se lee en el escrito.

Que así sea.

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