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Responsabilidad social del periodismo

La colaboración de los medios con el machismo

Micaela fue hallada sin vida el sábado 8 de abril, a unos kilómetros de la Ciudad de Gualeguay, Entre Ríos. El presunto femicida es Sebastián Wagner, quien ya había sido detenido e investigado a raíz de la movilización social que, en todo el país, exigió la búsqueda de la joven durante una semana.La colaboración de los medios con el machismo

El lunes siguiente, comenzó el esperado tratamiento del caso en los medios: desde la mañana a la noche abundaron las opiniones, debates y entrevistas. Pero ¿cuán fructífero fue todo para comprender estos casos y la violencia hacia las mujeres en general?

Desde hace años el movimiento feminista viene batallando contra ideas y prácticas que forman parte y fomentan la cultura machista en la que vivimos. Uno de sus logros, desde el primer “Ni Una Menos” en 2015, fue evidenciar al femicidio como una consecuencia (la peor) de una serie de maltratos y violencias fundadas en la concepción de las mujeres como objetos. Principalmente eso da cuenta del machismo como un sistema social y no como una “patología” que tal o cual persona puede tener. Eso demuestra que no existe una “naturaleza machista”, una “naturaleza de violador” o una “enfermedad”, que haga que las cosas sucedan inevitablemente.

Hoy, pese a esos avances, las estadísticas son cada vez más duras: una de nosotras muere asesinada en manos de un varón cada 18 horas. Sin embargo, los medios parecen insistir, una y otra vez, en desviarse de la responsabilidad que les compete.

Hacer y decir, sólo en apariencia

El 9 de abril Clarín publicó una nota criticando a Samuel “Chiche” Gelblung por haber dicho en el programa televisivo “Debo Decir”, del canal América, que “una chica a las 5.20 de la mañana no puede estar sola en la calle”. La crítica fue correcta, ya que es inaceptable poner el foco en la víctima y juzgarla por hacer lo que cualquier varón también hace, como salir a bailar, sin que le suceda lo mismo que a Micaela. Pero Clarín, al igual que la mayoría de los medios masivos, no parece tener muchas intenciones de poner en discusión el machismo. Tanto este medio como los demás se encargaron exclusivamente de reproducir a lo largo del día las entrevistas que realizaron a Maximiliano Wagner, hermano gemelo del acusado.

“Soy parecido, pero tengo otro corazón”, tituló también el “gran diario argentino” otra nota del lunes citando a Maximiliano. A su vez, Fernando Carnota en su programa matutino en A24, también le insistió al joven: “Es increíble el parecido que tenés, realmente es una pesadilla para vos”. “Vos sos padre (…) pensando en tu hijo, ¿qué les podes decir a los padres de Micaela?”

A partir de ese testimonio, llevaron todo por el camino pretendido: “Pido perdón por el hermano que tengo”, tituló más tarde TN citando nuevamente al joven y agregando que “son hermanos, pero uno trabaja y el otro estuvo preso y está acusado de matar a Micaela”. “Pido perdón por parecerme a mi hermano”, llegó a decir el entrevistado ante la insistencia por obtener datos innecesarios respecto del hecho en cuestión.

El plan mediático fue girar en torno a una comparación entre dos seres que, pese a ser hasta genéticamente idénticos, optaron por dos formas de vida distintas. Así, los medios en general, apostaron a no moverse de ese tipo de conclusiones: “Esto lo tiene que estudiar la ciencia”, se animó a sugerir Guillermo Favale (refiriéndose por supuesto a la biología y la genética) en su programa de C5N.

Todo apuntaba a indagar qué puede tener de “extraño”, de “diferente” el sospechoso. Esta búsqueda de algún “rasgo distintivo” en la persona es la que habilita nuevamente aquellas ideas que desde el feminismo ya se han superado. En la actualidad está más que claro que no son monstruos, no son enfermos, son un resultado de una sociedad que avala la violencia hacia las mujeres en todos los ámbitos y de un Estado que la legitima con la ausencia de políticas públicas para prevenirla y erradicarla.

El hecho de que Sebastián Wagner tuviera un hermano gemelo vino “como anillo al dedo” a los medios, que no dudaron en hacer un uso de ello, para definir al caso como algo “sorprendente” y “puntual”, como hacen cada vez que una de nosotras aparece muerta.

Y no parece haber escapatoria para el periodismo. Cuando no se utiliza el recurso de reducir todo a casos específicos, se apunta al “problema de los jueces garantistas” que, como expresó Luis Novaresio en una editorial, “creen que el derecho penal es un invento de los poderosos para castigar solamente a los pobres” y “ponen al victimario como víctima”. Entonces, el punto sería “endurecer las penas”, como si eso asegurara una solución. Se trata del desinterés en cuestionar el carácter machista de las instituciones de las que depende la vida de millones de mujeres.

Pero además subsiste otra manera de “esquivar” el asunto, tal como sucedió, por ejemplo, en la mañana del martes en “Arriba Argentinos”: a través de la publicación del hashtag “desamparados” y de la entrevista de Marcelo Bonelli al abogado Ricargo Gil Lavedra, se siguió abordando el caso de Micaela como un hecho más de inseguridad. “El problema es que la gente no vive tranquila”, se replicaba una y otra vez, sin jamás mencionar que se trata de diferentes tipos de violencia y que hay un hilo que une a los casos como el que pretendían tratar.

Un “karma” evitable

El problema para los grandes medios parece ser “El karma del hermano del asesino” (como tituló TN otra de sus notas), “los jueces garantistas” y “la inseguridad que sufrimos todos y todas en la calle”. ¿Cómo explican las estadísticas? ¿Cómo es que son hombres mayormente los propensos a “convertirse en monstruos”, a violar  y asesinar a causa de una “enfermedad”? ¿Cómo puede el “garantismo” ser la respuesta frente a los atropellos y humillaciones de las instituciones policiales y judiciales hacia tantas mujeres? ¿Cómo pueden asociarse los hechos de inseguridad generales con los femicidios?

Se podría decir que el “karma” son los medios cómplices con la violencia de género. Sabiendo que procuran solamente su beneficio privado, mientras las peores consecuencias las padecemos las mujeres, lesbianas, trans y travestis.

También se podría pensar, frente a la desesperanza, que la reacción de los medios es inevitable, al igual que lo es para ellos la violencia machista, por ser ejecutada por personas “extrañas”, “ajenas” al resto de la humanidad. Pero por suerte eso no será posible, porque el movimiento de mujeres sin descanso sigue revelando todo lo que se puede evitar y transformar mientras sigue exigiendo justicia por todas las que nos faltan.

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