Alrededor de un 10% de los niños sufre bullying de manera sistemática, que tiene consecuencias negativas para la víctima tales como ansiedad, depresión, soledad, baja autoestima y también genera dificultad para confiar en otras personas a lo largo de la vida. Con el objetivo de reducir el acoso escolar, la Universidad de Turku en Finlandia creó el programa KiVa. Este sistema ayuda a prevenir nuevos incidentes, minimiza los efectos negativos del acoso y mejora la convivencia escolar.

El nombre KiVa es una abreviatura de la palabra finesa “Kiusaamista vastaan”, que significa amable y agradable. El programa ya se implementó en el 90% de las escuelas finesas  y, según cifras de los expertos, en el 98% de los casos tratados en la fase piloto la víctima sintió que la situación había mejorado. El sistema está muy enfocado en trabajar en la prevención. La idea es actuar antes de que se produzca el problema. Por ello se aplica sobre todo en el jardín y la Primaria, y así los chicos aprenden desde bien pequeños los buenos códigos de conducta.

Este sistema educativo ya se ha exportado o está en proceso de implementación en otros países como España, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Italia, Estonia, Francia, Luxemburgo, México, Perú, Colombia, Nueva Zelanda, Países Bajos, Reino Unido, Sueca y Sudáfrica, entre otros. Los estudios a nivel internacional muestran resultados positivos significativos al aplicar el programa. En Argentina se empezará a implementar ahora también en la escuela Noordwijk Montessori de la ciudad bonaerense de Pilar. En el caso de que resulte exitoso se contempla la posibilidad de que el proyecto se haga extensivo a las escuelas públicas de la Provincia de Buenos Aires y de Capital Federal.

La directora de la escuela donde se hará la prueba piloto, Valeria Sen, indicó que este sistema busca dar una respuesta a la inestabilidad social que vive Argentina: “Yo creo que hoy por hoy los papás están preocupados por darles una sociedad mucho más KiVa a los niños, más amable. Y me parece que esto fue una bocanada de aire fresco“.

Tina Mäkelä, investigadora y Directora del Programa KiVa en los países de habla hispana, es la encargada de capacitar a docentes y todos los empleados del centro escolar. La experta explicó en declaraciones al diario Perfil que la implementación es posible en nuestro país al adaptar ciertas variables argentinas al programa: “Hay que hacer muy buena planificación. Aquí hay muchas diferencias y hay que entender sus realidades. Entonces, haríamos un análisis del contexto y qué necesidades específicas hay. No hay que ir demasiado de prisa, sino empezar con un número más pequeño de colegios, hacer la primera fase muy bien durante los primeros años, evaluar el programa y las necesidades de adaptación. Luego, cuando todo ya está claro y ya sabemos qué hay que considerar, se puede hacer una implementación a escala más grande”.

Mäkelä agregó que: “Nunca es copiar y pegar, por lo cual es siempre un diseño a la medida de cada país. No venimos a imponer, no es el objetivo ese. Venimos con este programa que funciona bien y luego diseñamos de manera local”. Tras la fase de implementación, se da un seguimiento a la distancia y se capacita a formadores para que enseñen las técnicas al resto del país.