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Historia de mujeres viudas *

La viuda si era joven, usaba luto hasta un año y se quedaba con los suegros. Y si tenía cuñado en esa casa, él se hacía responsable de los sobrinos y si no tenía cuñado, con uno de la familia cercano si la mujer era buena.

Si era maña la echaban, le quitaban los hijos.

Algunas viudas eran ancianas y los amaban a sus maridos. Cuando muere el marido usaban el luto hasta su muerte, tampoco se casaban más y hacían lamentos hasta su muerte. Cada vez que se acordaban, lloraban por su esposo.

Me contaba mi abuela que su costumbre era esta, que cuando moría algunas de las familias usaban luto hasta un año, cortaban cabellos y usaban ropas negras y pañuelos negros y lamentos, tampoco dejaban jugar a los niños. Si ellos jugaban dice que ya agarraban la mala costumbre de jugar y jugar, por eso respetaban ese día de velorio, ninguno salía de su casa.

El que se portaba mal ese día de velorio, ya le llegaban a la casa de ella cobrando, y si tenía animales se los quitaban, si no quería pagar los mataban, sea chico o adulto. Y también ese día no tenían que comer mucho para no ser tragón, no tenían que cazar, debían estar en su casa trabajando para ser guapa o guapo. No comían carnes de animales porque le hacían mal a la dentadura, no iban al monte porque el arco iris los perseguía, se cuidaban hasta tres meses, no se bañaban en las lagunas ni en los ríos.

Relato tomado de María Rojas y Jorgelina Jara ( Lantawos)

Mujeres con dos maridos

Mi abuela contaba que había una vez en una comunidad una mujer que tenía dos maridos. No eran amantes, eran sus maridos, vivían bajo el mismo techo. La mujer los atendía a los dos hombres, salían a trabajar. El hombre que dormía solo en la otra cama se levantaba muy temprano, hachaba la leña, atizaba el fuego, ponía la pava, tomaba el mate y luego se acomodaba, alzaba su escopeta, su tarro para traer miel y su yica y se iba a cazar. Dejaba la pava en el fuego para cuando se levanten la mujer y el otro marido y tomen el mate. Y si a él le toca dormir con la mujer, el otro hombre hace lo mismo que él. El que se queda con la mujer termina de tomar el mate y después se alista, alza su pala, la semilla y se va a sembrar y el que se fue a sembrar llega primero. La mujer lo atiende, le da de comer y luego descansa. Después de una o dos horas llega el que se fue a caza, trae corzuela y miel. La mujer se levanta y lo atiende, le da la comida que dejó para él. El que estaba descansando se levanta, afila el cuchillo y se encarga de sacar el cuero de la corzuela, termina, atiza el fuego, pone la leña, se encarga de hacer el asado y la mujer hace un rico estofado de corzuela. Cuando terminan de preparar todo, sirven el estofado y el asado y luego se sientan juntos los dos maridos y la mujer y sus hijos, todos juntos en la mesa. Uno cuenta cómo le fue en la siembra y el otro cuenta cómo le fue en el monte. Así es como vivía la mujer junto a sus dos maridos. Cuando sus hijos pequeños ven llegar a su papá salen corriendo diciendo ¡está llegando papá! Y cuando llega el otro marido hacen lo mismo. Al que llega primero corren diciendo ¡mamá, está llegando papá! Los chicos vivían felices mantenidos por los dos padres.

Relato tomado de Nancy López ( Wesnayek

*El anuncio de los Pájaros- Voces de la resistencia indígena- Memoria Étnica- El llamado de los pájaros, Pareja, cultura y matrimonio 1º edición Abril 2005.

Ministerio de Desarrollo Social de la Nación

Instituto Nacional de Asuntos Indígenas

Componente de Atención a la Población Indígena

Coordinación del taller de Memoria Etnica- Leda Kantor y Olga Silvera ARETEDE

FOTO: agenciapacourondo.com.ar