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¡Hipólita y Matea al Panteón Nacional!

Es imperdonable, en el marco del Bicentenario de la Independencia de Venezuela, no recordar con dignidad a Matea e Hipólita, las dos filósofas de Simón Bolívar, y avocar por su justa ubicación con dignidad en el Panteón Nacional.

Matea Bolívar nació en San José de Tiznado, en 1783, e Hipólita en San Mateo, en 1763, como nos lo detalla el profesor Reynaldo Bolívar, en un ensayo editado hace unos años atrás. El profesor Bolívar abunda con sólidos argumentos en el rol desempeñado por Hipólita y Matea Bolívar en el proceso de construcción de la ética de quien más adelante sería el líder que logró articular el gran movimiento emancipador de cinco países del colonialismo español: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, mejor conocido como Simón Bolívar, El Libertador.

La ?esclavocracia? engendró la esperanza

Hipólita, estuvo sometida a la esclavitud en el ingenio azucarero de San Mateo, propiedad de los Bolívar. La unidad productiva caña de azúcar era de explotación intensiva, diferente a las unidades productivas Hato ganadero o Haciendas de cacao. En estas tres unidades productivas la familia Bolívar tenía una especie de red productiva con una gran cantidad de esclavizados y esclavizadas, de donde muchos se fugarían hacia los Cumbes, espacios liberados, donde se escondían los y las cimarronas. Esas haciendas, hatos e ingenios de los Bolívar estaban en San Mateo (estado Aragua), Macaira y San José de Tiznado (hoy estado Guárico), Yare y Capaya (estado Miranda) y Caracas. Las y los esclavizados eran unos de los mayores bienes de la colonia y la familia Bolívar al igual que los otros blancos peninsulares como Marcos Ribas, padre de José Félix Ribas, el Marqués del Toro, padre de María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, novia del joven Simón Bolívar, entre otros, se distinguían por pertenecer a la ?esclavocracia?. ¿Quién se iba a imaginar que de ese contexto de prácticas esclavistas dos mujeres, transformarían la mentalidad de un descendientes de esa esclavocracia para combatirla, dando el primer ejemplo de abolir la esclavitud, que era unas de sus mas grande herencia?

Ni ayas negras ni nodrizas, eran filósofas de la vida

No vamos a romantizar de que existían unos amos buenos y otros malos, pero sí vamos a destacar que la familia Bolívar tuvo un trato diferencial hacia estas dos esclavizadas. Hipólita y Matea fueron la excepción de la regla y la historia las colocó juntas donde por destino, y cumpliendo un mandato ancestral, coincidieron en el tiempo y el espacio, pues a Matea la trasladaron de San José de Tiznado a San Mateo donde ambas ejercerían un rol importante en la vida de Bolívar: una que lo amamantó (Hipólita) y otra que lo cuidó (Matea) en sus travesuras por cañaverales, en los talleres del gran ingenio azucarero y también, sin duda, le hicieron ver la explotación a la que eran sometidos los esclavizados bajo el látigo del mayoral. Repito ambas lograron transmitirles sus conocimiento ancestrales en el campo de los valores, de los sentimientos, que a la larga irían a generar un comportamiento humano, profundamente humano en el niño Simón.

Hipólita no fue una simple nodriza, al igual que Matea no fue simplemente una hermanita ?postiza? para jugar con Simoncito. Fueron unas maestras, ellas tenían depositada, a través de la tradición oral de sus padres y madres africanas, unos códigos provenientes de las civilizaciones africanas, donde lo humano es esencial. Su técnica de transmitir la ética es lo que llamamos pedagogía del cimarronaje. No dudamos de que ambas hayan escuchado la revuelta del valeroso pueblo haitiano en 1791 y el logro de su plena libertad alcanzada el 1 de enero de 1804. No descartamos que hayan escuchado la prohibición del tráfico negrero en 1810 en Venezuela. Los ojos de ambas vieron episodios traumáticos de la Guerra de Independencia, como la inmolación de Ricaurte en San Mateo (1814), así como el paso sangriento de Boves. ¿Qué no vieron esos cuatro ojos cargados de siglos, de llanto, tristeza, dolor y esperanzas? La historiografía oficial y colonialista las reduce a ?ayas (cuidadoras) negras?, a ?analfabetas? porque no sabían leer a la manera del idioma impuesto del colonizador, pero pudieron leer los corazones, supieron descifrar y humanizar los cantos de los pájaros con sus aleteos libertarios, tuvieron una intuición altamente desarrollada para saber que ese niño no sólo le garantizaría su libertad, sino la de todo un pueblo que gemía bajo el yugo español. Cuatro ojos ven más que dos, fueron visionarias. Por todo esto es que consideramos que aquella iniciativa lanzada por el Viceministerio para África con apoyo de los movimientos sociales Afro y el Ministerio de la Mujer, hoy debe ser una cuestión de honor en el marco del Bicentenario marcado por los blancos criollos como el 19 de abril de 1810. Por favor no repitamos el olvido mal intencionado que produjo el mantuanaje de aquel entonces, de excluir a los y las afro e indígenas del concepto de ciudadanía. La deuda es moral? Responde Hugo, responde María.