Guatemala: Transexuales, despreciados en la sociedad

Guatemala, julio.- Los ven despectivamente, son tratados con asco y reducidos a la categoría de personas sin derechos. No tienen acceso a hospitales, son objeto de burla y reciben golpes en las calles por transformar su cuerpo de hombre a mujer. Muchos, incluso, han muerto asesinados a sangre fría.

Así vive la comunidad transexual en Guatemala. Una descripción que, aunque cruel, ilustra la realidad de al menos unos 7.000 de ellos.

“Porque vivir en una sociedad cargada de machismo y discriminación, y dejar aflorar un comportamiento sexual distinto con el que se nace, es someterse a la burla, al rechazo y al desprecio”, asevera Johana Ramírez, quien dirige la Organización de Transexuales (Otrans) Reinas de la noche, en este país centroamericano.

En este país centroamericano, de 14 millones de habitantes, aún no termina de aceptarse la diversidad sexual. Según datos de la entidad Gente Positiva (Oasis), que brinda asistencia a quienes viven con VIH/sida, alrededor de 2.200 personas se identifican como “trans” (travestis, transexuales, transgénero).

De acuerdo con Oasis, 800 trabajan en la prostitución y 500 más reciben regalos a cambio de brindar placer sexual.

Oasis tiene 17 años de exigir públicamente los derechos de las personas trans y de las demás comunidades de la diversidad sexual. Dentro de su estructura se fundó, hace unos cinco años, lo que ahora se conoce como la Organización Trans Reinas de la Noche, un grupo de personas trans (travestis, transgénero y transexuales), trabajadoras sexuales centroamericanas, que abogan por mejores condiciones sociales.

Jorge López, director de Oasis, señaló a SEMlac que ser transexual en Guatemala es algo similar a ser mujer, indígena, joven, migrante o cualquier otra condición social que permita la expresión absurda de la discriminación.

Además, significa recibir todo el odio social acumulado y replicado a otras personas de condición social menos afortunada que la mayoría, aunque el sufrimiento y la vulnerabilidad son diferentes para los transexuales.

Quienes han construido el género tan marcadamente diferente al estereotipo no pueden ocultarse y, por ello, es mucho más probable que padezcan las más crueles formas de discriminación y tortura social. Ser trans en Guatemala significa no tener familia, trabajo, educación ni salud. No pocos enferman de cáncer, por los líquidos que se inyectan para transformar su cuerpo, pero no tienen ayuda médica porque son discriminados.

Reportes policíacos dan cuenta de que, entre 1996 y 2006, fueron asesinados 60 transexuales, 50 en la capital, la mayoría de un tiro en la cabeza o de herida con arma blanca.

De acuerdo con López, en el país más de la mitad de los crímenes de odio por orientación sexual o identidad de género se cometen contra personas trans. Se trata de asesinatos con agravantes, de alta crueldad, con miembros cercenados.

En su novena marcha por la capital guatemalteca, el pasado sábado 27 de junio, Día del orgullo gay, estuvieron ausentes por lo menos 15 transexuales asesinados hace dos años atrás.

López comparó a esa comunidad de Centroamérica con la de España: mientras esta última alza sus demandas exigiendo que su cambio de sexo no dependa de un diagnóstico psiquiátrico, los transexuales en Centroamérica se debaten entre la vida y la muerte, al ejercer el trabajo sexual como única opción de supervivencia o quizá muriendo de sida debido a la condición de vulnerabilidad ampliada en la que, socialmente, son colocados.

El director de Oasis señaló que, en Centroamérica, Guatemala y Costa Rica son las naciones donde los transexuales pueden “medio sobrevivir”; el resto de los países de esa región están peor, lo que significa el extremo.

Los asesinatos de transexuales, según Otrans, los cometen personas intolerantes, incluidos policías, que se han convertido en sus principales acosadores. Ante esta realidad, incluso Amnistía Internacional ha movilizado personal en varias ocasiones para protegerlos.

“Esos asesinatos a sangre fría no son más que la última tragedia en Guatemala de una práctica sistemática de violencia mortal basada en la orientación sexual o identidad de género”, señaló en una oportunidad Jessica Stern, investigadora del Programa sobre Derechos de Lesbianas, Gay, Bisexuales y Transgénero de Human Rights Watch.

“La policía no ha hecho lo suficiente para proteger a personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero; y ahora existe la preocupación de que algunos policías pudieran ser responsables de algún asesinato”, aseveró entonces.

“El desprecio de numerosos sectores de la sociedad y la discriminación que sufren hacen que el trabajo sexual sea su única opción de sustento”, dijo Johana a SEMlac.

Diversos sectores de Derechos Humanos de Guatemala coincidieron en la necesidad de que el Congreso apruebe una Ley de Identidad de Género, para que los “trans” sean respetados en el país.

La propuesta de ley de la comunidad Transexual fue entregada a la diputada Delia Bac, presidenta de la Comisión de la Mujer. En el texto solicitan que se les permita cambiar el nombre masculino por uno de mujer, paso previo necesario para ser aceptados en los espacios laborales y tener los mismos beneficios que cualquier mujer.

Actualmente, señala Johana, los transexuales solo se ocupan en el trabajo de servicio sexual debido a la burla constante que despiertan por ir vestidas con ropas femeninas.

El 95 por ciento de los transexuales en este país centroamericano se ocupa en ese empleo y el cinco por ciento restante en salones estilistas; sin embargo, también estos últimos se ocupan clandestinamente en el mercado del sexo.

Según Jorge López, de Oasis, de cada 10 transexuales que trabajan en la prostitución en las calles de esta ciudad, seis son centroamericanos. Esa forma de ganarse la vida los expone, además, al VIH/sida.

Para Johana, exigir el condón se ha vuelto una pérdida, pues los clientes dictan las reglas y, ante las negativas de relaciones protegidas, buscan la atención de otra persona que supla esos servicios sexuales. Se estima que hay 70 clientes para 150 transexuales, que terminan expuestos a adquirir el VIH por ganar dinero para sobrevivir.