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DEL LIBRO MUJERES DE SALTA TESTIMONIOS DE VIDA

Gregoria Isabel Pacheco- El Divisadero- Cafayate(1)

Jamás supo, probablemente jamás sepa, acerca de Heidegger o Sartre, pero ha teñido su vida con pinceladas claramente existencialistas. La certidumbre de la muerte y la responsabilidad sobre su elección moral, son los pilares donde se construye a ella misma, día por día.

Tal vez incorporó la idea de la nada en Ovejería, Catamarca, el lugar donde nació y que describe como ?unas partes desiertas que no hay casi viviendas, hay puestos lejos, escaso de todo, ahí no hay médicos, no hay almacenes, kioscos, no hay nada, la escuelita queda como a diez kilómetros para andar?Distancia que recorrió a pie, durante casi tres años, los únicos años escolares que tuvo en su vida ,de septiembre a mayo, a razón de los intensos fríos de altura del lugar. En Jornadas que comenzaban a las seis de la mañana con un reconfortante plato de sopa, y su alforja con un trozo de pan casero y carne de llama o cordero para el almuerzo, pues el regreso se daba entre las cinco y la seis de la tarde y en la escuela no daban de comer. En el camino, sus escuálidos hombros cargaban el haz de leña para la lumbre de la casa.

Tal vez, supo qué era la nada, cuando su madre soltera y con varios hijos, fue prácticamente obligada a abandonar el lugar pues no había suficiente pastura para la hacienda de las demás familias. Pantanillo, próximo a Cafayate fue el lugar de paso por algún tiempo. Reiterando sus ritos de trashumante se trasladó junto a su familia y sus animalitos una y otra vez, hasta quedar al pie del cerro. Aquí la tierra le regaló la posibilidad de cosechar verduras, habas, papas, mientras pastoreaba la hacienda e hilaba y tejía ?lana de oveja o de llama, delgadito, como para poncho o chal, o grueso y más gordo para frazada?.

Tuvo dos hijos de amores efímeros y seis dentro del matrimonio y cuando recuerda lo dura que fue su vida aúlla como si un pesado martillo cayera sobre sus dedos. Con cierto pudor trata de explicar su embarazo de soltera:?cuando vivíamos al pie del cerro ya nos veníamos al pueblo, a las fiestas, como todo joven, ya empezábamos a tener amigos por ahí y en esas andanzas, ya ha visto usted, que ya uno lo que logra?es perjudicarse. Claro, uno se confía en el hombre y muchas veces el hombre la agarra de pícaro, se hace a la fuga después. Me dejó con un hijo y no sé más?

?Al principio era bueno, era excelente,-refiere de sus primeros años de matrimonio-yo tejía y veía mis animalitos, él trabajaba, bueno, después él empezó a tomar, tomaba, trabajaba, llegaba ?machado?(2), que una cosa que otra, yo decía hay que seguir y empezaron a llegar los hijos?.

Frente a la oposición de su esposo a las relaciones afectivas de sus hijos reclama?A vos quién te ha buscado novia, tenés que aceptar nos guste o no nos guste es cosa de ellos. Y pensar que los hijos no son para nosotros toda la vida. Ni tampoco yo para vos, ni vos para mí. Hoy estoy y mañana no estoy, uno tiene que pensar en la muerte?Y piensa en ella cuando habla con sus hijos?Yo les digo que nosotros no tenemos la vida eterna, nosotros no sabemos ni cómo ni cuándo ni a qué hora, entonces uno tiene que estar pendiente?

Abomina la dependencia, por ello luchó empecinadamente por un trabajo. Cuenta que? no quería tener muchos hijos porque no trabajábamos, él me decía yo trabajo y voy a alimentarlos y cuando no había plata él me preguntaba en qué gastaba tanto. Por eso siempre le pedía a Diosito que me dé un trabajo, para poder vivir, para tener mi casa, para mantenernos Por eso le digo, que yo he sufrido mucho, no he sufrido de alimentación, pero he sufrido en el trato, en el cariño?

Pasó de colaborar en la escuela albergue de El Divisadero por comida para sus hijos, a trabajadora efectiva como lavandera desde más de doce años, en el Hogar de Ancianos de Cafayate. Y de soportar la desvalorización de su trabajo como ama de casa, en épocas más oscuras, a constituirse en jefa de hogar luego que un accidente dejara a su esposo recluido en el hogar .Ahora cree que es tiempo que, así como ella no necesita ser servida en la casa, su compañero aprenda a compartir las tareas domésticas..

Tiene una vaga idea del bienestar que asocia a su independencia, a la posibilidad de decidir, de trabajar, de trasladarse de un lado a otro cuando quiere. Mientras viva. Porque hoy está aquí. Y después, nada.

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Gregoria es una trabajadora incansable.. El trabajo la conecta con la vida, tanto que no imagina vivir sin trabajar. Para la temporada, luego de su tarea en el Hogar de Ancianos de Cafayate, recoge frutas de una pequeña finca de su propiedad, y elabora dulces artesanales hasta altas horas de la madrugada. Los sábados y feriados siempre la espera una frazada a medio terminar en su telar.

No hace vínculos con los bienes materiales, su casa, que ganó con su trabajo y comparte con hijos casados porque cree que ?cuando uno se muere uno no va a llevar nada, lo que se lleva son las buenas obras que uno hace, a mí siempre me ha gustado compartir con amigos y vecinos?

Quizás porque caminó por tantos caminos desiertos de pequeña, sueña con un auto, para ?ponerlo al servicio de la comunidad, por ejemplo, si un vecino quiere trasladarse a un lado, o si hay algún enfermo, si hay alguna urgencia, yo estaba al servicio de ellos, trasladar la verdura que tenemos, venderla y traer otras cosas para compartir con otra gente necesitada?Sin saberlo, Gregoria va camino a encontrar el sentido a su increíble vida.

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(1) El Divisadero es un antiguo asentamiento Diaguita-Calchaquí distante a 7 kilómetros de la ciudad de Cafayate. Para llegar a él se asciende desde los 1.600 metros sobre el nivel del mar a los 1.800 metros sobre el nivel del mar. Es una zona de riqueza arqueológica muy visitada por los/ las investigadores/as. En ella se pueden encontrar a simple vista, altares religiosos, morteros, terrazas de cultivo, pinturas rupestres y utensilios empleados por sus antiguos habitantes.

(2) Regionalismo por ebrio, borracho.

FOTO: www.argentinatrip.com