Primera Dama de Argentina

Estilo Awada (o “el arte de acompañar”)

Juliana Awada es la esposa del presidente de la Nación o “primera dama”, título oficial que desde el siglo XIX adoptaron las consortes de los hombres del poder. Su nombre es una marca y, al mismo tiempo, una advertencia.

              Estilo Awada (o “el arte de acompañar”)             

“Ella domina como pocas el arte de acompañar”, dice un artículo de la revista Hola, sintetizando de forma impecable el rol -consciente- que juega Awada en el gobierno y el mensaje que transmite al conjunto de las mujeres.

Aunque viene del mundo empresarial, al casarse con Mauricio Macri ya vislumbraba su futuro. Se mueve como pez en el agua entre la nobleza europea y su estilo y moda siempre al día convocan a revistas de las llamadas “femeninas” a ponerla en tapa periódicamente.

PORTADA JULIO LATAM OK.inddAwada es la que deberíamos ser. Renunció a una carrera propia para cuidar a sus hijos (sobre todo a Antonia, la joya de la familia) y “aportar serenidad al presidente de los argentinos”, como dice Hola. Bastante precisa la definición de Vogue: “Una versión moderna de Jackie Kennedy”.

Su cuidadísima imagen, en tiempos que se plantea superar etapas de confrontación y grietas, viene a reemplazar a aquellas como Cristina Fernández o Dilma Rousseff, entre otras, cuya identidad como mujeres era atacada y bastardeada en los medios de comunicación expresando altísimos niveles de violencia simbólica de género (basta recordar las tapas de revista Noticias o de la brasileña Istoé) como medio para horadar sus proyectos políticos.

Pero no se trata sólo de la afinidad del proyecto político que expresan las Awada con los intereses de los grandes medios lo que hace que tengan más simpatía con su figura. Awada, como otras mujeres del PRO, también propone un modelo de mujer que intenta clausurar simbólicamente el gran cuestionamiento social que atraviesa el mundo en esta nueva ola del feminismo.

Al decir de Victoria Freire, socióloga y referente feminista: “Un feminismo bajas calorías, que reivindica el lugar de las mujeres en la política pero más parecido al de las damas de beneficencia que al de Juana Azurduy”.

“Apostar al amor y la familia es lo más lindo”, dijo una vez la primera dama a Vogue. “Además de que hoy en día en el mundo que vivimos muchas mujeres dividen la vida laboral de la familiar, creen que no pueden convivir cuando no tienen por qué escoger entre lo familiar y lo laboral”, agregaba, aunque en sus redes sociales e imagen pública lo segundo dejó de ocupar todo lugar hace años.

A esta altura del siglo XXI y Ni Una Menos de por medio, la actual avanzada conservadora no puede ignorar la presencia de peso de mujeres en la vida pública y política. De hecho son ellas quienes mejor imagen positiva tienen. Son las Awada y las Vidal las que miden en todas las encuestas infinitamente mejor que sus colegas varones. Y aunque la primera dama no esté legitimada por los votos, su mera presencia le sirve al gobierno para sentar posición.

Su destacada presencia en tapas de revistas hablando de moda, familia, afectos y como “intenta llevar a cabo una vida normal” mientras “le devuelve a Olivos la calidez de un hogar” nos dice, en realidad, que esas son las mujeres que quieren que seamos. Que trabajemos, claro, pero que renunciemos a la vida profesional para cuidar hijos. Que mostremos cuánto nos importa el prójimo haciendo un aporte solidario a una fundación u ONG. Pero que la política, en definitiva, es cosa de machos. Para las mujeres queda solo la vocación de servicio extendida. Como mucho seremos la misericordiosa y débil -en apariencia claro está- María Eugenia Vidal.

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