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Escapar de una red de trata y vivir para contarlo

Desde la sanción de la Ley 23.364 en 2008 fueron rescatadas más de 9 mil víctimas, en el 85% de los casos se trata de mujeres y niñas. Organizaciones sociales denuncian falta de asistencia a las jóvenes que son rescatadas. Dos historias que muestran la combinación de miedo y desidia estatal de quienes logran escapar.trata escapar

En las últimas semanas la problemática de la trata volvió estar en el foco mediático luego de la seguidilla de desapariciones de jóvenes de capital y gran Buenos Aires. Casos como el de Layla Sainz Fernández, Melina Santomé y Camila Ibarra, llenaron minutos televisivos e hicieron correr ríos de tinta en los diarios. La movilización de sus familiares y la presión social colaboró a que los tres tuvieran una buena resolución con la aparición de las chicas. Sin embargo, el interrogante sigue abierto ¿Qué pasó con ellas los días en que estuvieron cautivas y quiénes son los responsables?

El número de raptos o captación de mujeres para la explotación sexual es abrumante. Según el Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, sólo en el mes de septiembre se rescataron 330 víctimas, a un promedio de 11 mujeres por día. En tanto, desde 2008 a la actualidad fueron un total de 9.355. En aquel año se sancionó la ley nacional 26.364 que establece las sanciones contra este tipo de delitos.

Las estadísticas de trata.

Las estadísticas de trata.

Según denuncian organizaciones sociales, lo más difícil cuando una mujer es rescatada o logra escapar de un prostíbulo es continuar la denuncia ya que no hay dónde ubicar a la víctima para que se sienta segura.

“Mami, me tienen secuestrada”

Rocío tiene 15 años y estuvo cautiva durante cuatro meses en una red de trata. La secuestraron en un supermercado Carrefour en la zona de Quilmes, Provincia de Buenos Aires. Ella había llegado con una amiga para hacer tiempo antes de ver una película. Era agosto y su mamá, Silvina, le había dicho que vuelva antes de las seis de la tarde porque oscurecía temprano. Además, era un martes y tenía que prepararse para ir al colegio al otro día.

Rocío no apareció a la hora pactada y su madre empezó a llamarla. Le pareció raro que el celular dé apagado, pero como ella ya la había desobedecido en otras oportunidades no creció su preocupación hasta entrada la noche. Fue entonces que hizo la denuncia y comenzó a buscarla.

Las semanas pasaban, ya era septiembre y todavía no tenía noticias de su hija. Un familiar le recomendó se acerque a la Asociación de Madres Víctimas de Trata. Allí Silvina contó que meses atrás Rocío se había escapado con un novio, pero que cuando volvió tuvieron una larga charla donde ella juro que no lo iba a volver a hacer. Silvina fue determinante: “Si te querés ir, ándate. Pero decime así yo no me preocupo”. En la asociación pensaron que tal vez se trataba sólo de una cosa de jóvenes. Sin embargo, en octubre Silvina recibió el peor mensaje: “Mami, me tienen secuestrada con otras chicas. No avises a la policía porque quiero salir viva. Me van a matar”.

La lucha de una mamá.

La lucha de una mamá.

La madre corrió a la UFI 1 de Berazategui, a cargo del fiscal Daniel Ichazo, para presentar las pruebas de que su hija estaba secuestrada. Ya había mostrado mensajes anteriores que llegaban por Facebook y a ella le parecían raros. A su hija la llevaron con celular, SUBE y llaves encima. Sabían dónde vivía y le hacían escribir mensajes falsos a su madre. Cuatro días después llegó una nueva comunicación: “Mami, me siento muy mal, me duele el cuerpo, tengo que escapar”.

Una tarde de noviembre logró escapar del cautiverio en la villa 1-11-14. Se acercó hasta una remisería donde contó lo que le estaba pasando. Un hombre se apiadó de su situación y la llevó desde Retiro hasta su casa en provincia. Su madre la encontró destrozada: tenía todo el cuerpo golpeado, con marcas quemaduras de cigarrillos, no comía hace semanas y no paraba de llorar.
Pero ahí no terminó su martirio. A pesar de que fue revisada por un médico clínico, no le dieron los remedios suficientes como para contener la infección que llevaba por dentro. Durante varios días estuvo con fiebre y perdía el conocimiento.

Una noche la madre la llevó de urgencia al hospital porque ella no podía ni hacer pis del dolor. Cuando volvieron al otro día su casa la imagen fue devastadora: habían entrado y revolvieron todo. Según dijeron sus vecinos, fue un grupode hombres que descendieron de Mercedez Benz gris. Comenzó la odisea para ver dónde reubicarlas.

Primero estuvo en un hogar de menores en La Plata, donde no aguantó. Era un espacio demasiado abierto y había riesgo de que la encuentren. Además, era el mismo hogar donde secuestraron a Dana Pecci, una joven asesinada por su proxeneta en 2007. Fue la propia madre de Dana, Adriana, quien rogó por teléfono la saquen de ese lugar de manera urgente.

La trasladaron a un pequeño cuarto en un hotel de Quilmes, donde no había lugar para cocinar ni para lavar la ropa. A los pocos días, la llevaron a la casa de un familiar. Pero este dijo que no podía darles asilo. Recién entrado los primeros días de diciembre y luego de la presentación de una denuncia por abandono de persona fueron llevadas a un hogar protegido donde ella se recupera hasta poder declarar lo que vivió en Cámara Gesell.

La pesadilla de Mili no termina

Una historia similar es la de Milagros, una adolescente que fue secuestrada el 16 de marzo de 2012. “Mili”, como la llaman, tenía 14 años en ese momento. Además, sufre de un retraso madurativo. Fue capturada en una iglesia evangélica donde asistía en su barrio, Burzaco, en el partido bonaerense de Almirante Brown.

La entregadora fue una amiga que había hecho en el lugar. Aquel día le dijo que pida permiso a su mamá para quedarse hasta un poco más tarde porque iban a hacer una fiesta. Se la llevó un hombre que asistía desde hacía tiempo a la iglesia y con el cual tenía cierta confianza. El espacio a los pocos días cerró.

La tuvieron secuestrada 15 días hasta que logró escaparse. Sin embargo, la pasearon por varios prostíbulos de capital y gran Buenos Aires. Ella recuerda las casillas en la villa 1-11-14 donde estuvo secuestrada y hasta pudo señalar nombres de sus captores.

La lucha de una mamá.

La lucha de una mamá.

Vio, por ejemplo, cómo ahorcaban a un bebé, hijo de otra de las chicas capturadas. La quisieron vender, a un alto precio porque era virgen, pero nadie la compró. Luego, la mantuvieron drogada con inyecciones, la golpearon y fue violada varias veces. Quisieron volver a rematarla en un galpón, sin éxito. El 25 de marzo de aquel año, aprovechó que la habían dejado sola y se escurrió en un espacio que dejaba una puerta de rejas cerrada con cadena. Corrió como nunca atravesando unos yuyales. Subió a un tren que no sabía hacía donde la llevaba.

Logró llegar hasta Burzaco, pero no se animó a ir a su casa. Fue un vecino quien la encontró deambulando por una plaza del barrio. Pero lo que vivió esos días la mantiene encerrada aún hoy. Al no lograr recuperarse de las heridas psicológicas, debió ser internada en un psiquiátrico donde es asistida por su madre, Silvia González, quien se convirtió en militante contra la trata y continúa la lucha para detener a quienes le arruinaron la vida a su hija.

Cada caso, más terrible

Desde fines de septiembre, funciona en Constitución la sede de “Asociación de madres de víctimas de trata”. La misma está conformada por cinco madres que buscan el cierre de todos los prostíbulos y que las causas por desapariciones no prescriban. Una de sus referentes, Margarita Meira, cuenta que lo más difícil es poder ubicar en un lugar seguro a las víctimas.

Una de las tantas manifestaciones.

Una de las tantas manifestaciones.

Meira es madre de Susana Beckett, desaparecida en 1991 y asesinada estando embarazada en 1992. “Cuando comencé a pelear por la libertad de mi hija no sabía ni lo que era la trata de personas”, dice repasando la historia de lucha y organización del grupo. “Susy”, como le decían, había caído en un red a través de un novio narcotraficante, quien la explotaba en algunos de los prostíbulos más conocidos de capital. Por eso, ellas exigen el cierre de todos los lugares.

En esa época, buscó ayuda en la justicia, las fuerzas de seguridad y hasta tocó la puerta de laSIDE. Su propio marido estudió abogacía, pero nunca encontraron justicia. La causa terminó prescribiendo.

Ahora dedica su tiempo a ayudar a madres que estén pasando por situaciones similares. En el último año ya trataron más de 10 casos. “A veces nos sobrepasa porque cada chica requiere mucho tiempo y trabajo”, señala. Entre los mayores problemas se encuentra el hecho de que si logran rescatar alguna víctima no saben cómo brindarle protección porque el Estado tarda demasiado. “Es que en muchos casos las chicas vienen de familias humildes y no es fácil que puedan dejar su hogar porque viven amenazados”, dice. Además, sostiene que las familias se derrumban:

Una chica desaparecida destruye a una familia. Uno no lo puede concebir, no lo puede soportar y empiezan peleas internas y las culpas porque es todo demasiado. He visto parejas separarse entre la tristeza, conflictos familiares por esta situación”.

Las mamás siguen ayudando para evitar nuevos casos.

Las mamás siguen ayudando para evitar nuevos casos.
Imagen : www.elpais.com.co / Infojus Noticias