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Buenos Aires

Equipo Argentino de Antropología Forense, 31 años buscando verdad y justicia

” La urgencia de nuestro trabajo tiene que ver con la angustia de cada familiar que no sabe qué pasó con su ser querido” resume Luis Fondebrider, Presidente del Equipo Argentino de antropología Forense ( EAAF) que hoy es modelo en el mundo y que hace más de 30 años trabaja para recuperar e identificar los restos de personas desaparecidas para restituirlas a sus familiares.antropologo

Cuerpos que hablan, ciencia que demuestra y un grupo unido que busca la verdad y la reparación a tanta violación de derechos humanos resumen la historia de este Equipo, compuesto por 65 personas, que se agrupó en los momentos más prematuros de la democracia argentina y hoy da clase en más de 50 países en cuanto a técnicas y metodologías para abordar casos en los que hubo violencia política, étnica o religiosa.

El reconocimiento es a nivel mundial: el EAAF es convocado por organismos, tribunales y particulares para resolver cuestiones dolorosas, y quizás para cerrar algún capítulo inconcluso en la historia de una persona o de una región.

“La evolución del equipo tiene que ver con diferentes factores; por un lado, habernos concentrado en la documentación científica de casos de violencia política, violencia étnica o religiosa ante la necesidad de los familiares que habían sufrido esas prácticas, en Argentina y luego en varias partes del mundo”, explica Fondebrider a Télam en la oficina donde funciona la sede de Buenos Aires. También tienen en Córdoba, Rosario, Tucumán, y en Estados Unidos (Nueva York), México y Sudáfrica.

“Se trata de contar con una opción científica que les diera confianza a los familiares, algo que no sucedía frecuentemente en muchos países. Cuando se empezaba a investigar este tipo de violencias, que normalmente lo hace el Estado a través de distintos mecanismos, sucedía que los familiares no confiaban en los especialistas locales y entonces ahí nos llamaban”, detalla.

Fondebrider repasa la historia de la institución en su escritorio decorado con recuerdos de investigaciones y delante de un telar que dice “Gracias” seguido de las siglas que representan al Equipo bajo la firma “Guatemala”. Define la tarea que realizan como un “modelo de hacer ciencia con la gente”.

“Desde el principio nos dimos cuenta que esto se hacía con los familiares haciendo un trabajo en forma trasparente con ellos, explicando los resultados y eso hizo que muchos grupos de familiares, víctimas de estos casos, se hayan volcado a solicitar nuestro trabajo”, comenta.

Otro de los puntos a rescatar es el del enfoque que utilizan, con distintas disciplinas científicas, no sólo lo forense o la genética. “Es necesario usar todo el arsenal que provee la ciencia para tratar de encontrar una respuesta, para saber cómo desaparece una persona, si está muerta, si está enterrada, cómo identificarla y muchos más interrogantes”, relata.

Las familias que buscan respuestas son para el EAAF la motivación principal de cada tarea que emprende; lo carga de más responsabilidad y al mismo tiempo empuja la búsqueda de verdad y de justicia.

“Los familiares son un motor en nuestro trabajo. En Argentina fueron cientos los que salieron a la calle a preguntar qué pasó con sus seres queridos, y los resultados no son mérito de ningún político ni juez ni nuestro, sino de esos familiares; sin ellos no se hubiera avanzado en nada ni acá ni en otras partes del mundo”, resume.

La institución inicia su trabajo cuando recibe una solicitud, que puede ser de un grupo de familiares, como fue el caso de Atyozinapa en México, o de alguna comisión de la ONU, como fue el caso de Darfur, en Sudán. “Al ser un organismo privado e independiente lo estudiamos, no tenemos la obligación de tomar todo lo que llega”, explica.

Para Fondebrider, la urgencia del trabajo “tiene que ver más que nada con lo que significa la angustia y el dolor de un familiar que no sabe que paso con su ser querido” y añade que tras 31 años de trabajo hoy hay mucha más experiencia para encarar cada investigación.

“Al trabajar en tantos sitios tuvimos que adaptarnos al contexto de cada lugar; cuestiones políticas, religiosas, forenses, hay que también ser abiertos para eso. En Argentina cuando empezamos fue un mundo nuevo, había una democracia frágil pero la fuerza de los familiares hizo que formáramos un scrum y empezáramos a crecer con la guía del DT Clyde Snow”, formador del Equipo que en 1985 le confirmó a Estela de Carlotto que su hija había dado a luz al analizar los restos de Laura.

Detrás de cada palabra de Fondebrider, que forma parte del grupo desde sus inicios, está la certeza de que el camino de la verdad es lento pero no imposible. La tarea del EAAF es acercarse todo lo que la ciencia permita para aliviar el dolor de cada historia individual y también para dar respuesta colectiva a muchas masacres que se viven en distintas regiones del mundo.

Pero no siempre se llegan a los resultados. “Muchas veces nos pasó de no poder dar con lo denunciado como fue en Timor Oriental, en Congo, o en varios lugares que trabajamos. Por eso las investigaciones toman tiempo”, explica.

Por ejemplo, hace 10 años están llevando actividades en lo que fue el centro clandestino de detención La Perla en el que aún no lograron encontrar nada, salvo un hallazgo el año pasado, por lo que, relata, se incorporó mucha tecnología a las búsquedas. “Tenemos un grupo de colegas de todo el mundo con el que nos actualizamos con todas las técnicas para hacer las búsquedas pero sería mucho más fácil si la gente hablara”.

“Se trata de sentarse con todos los datos y armar un rompecabezas pero cuando los espacios son muy grandes es mucho más complicada la búsqueda. A veces se parte de datos muy pequeñitos que hace más compleja la posibilidad de encontrar los cuerpos”, indica. Sólo en la Argentina, el EAAF recuperó los cuerpos de 1.500 personas, de las cuales fueron identificadas 670.

El objeto de trabajo es encontrar aquello que falta de cada historia, con la distancia que impone la ciencia, aunque impregnada por el compromiso. “No nos olvidamos que trabajamos con huesos pero fueron personas. Hemos logrado un equilibrio, las cosas que nos tocan hacer no impiden que las hagamos profesionalmente pero siendo conscientes de lo que representa”, dice y sintentiza: “Lo mejor que podemos dar es un alto nivel científico a los familiares, y nuestro trabajo es revisable por cualquier experto así que siempre hay que demostrar lo que decimos”.

 

Imagen : Télam