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Prostitución: ¿trabajo o explotación?

Entre la autodeterminación sexual y la violencia de género

Semanas atrás se desató la polémica a raíz de una reunión que mantuvo el ministro de Salud de Entre Ríos, Ariel de la Rosa, con representantes provinciales de Ammar (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina). La Red Alerta emitió un comunicado crítico respecto a la aceptación de la prostitución como “trabajo sexual” por parte del funcionario y luego de un cruce mediático de declaraciones entre el ministro y la ONG, la discusión se perdió en el laberinto de las intransigencias.prostitucion e rios

Esta nota es un intento -en principio fallido- de ahondar en el asunto, que pronostica tener su rebrote el próximo 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Sentarse a una mesa y charlar, explicitando y profundizando en las diversas actitudes. Esa era la idea inicial para encarar el tema de la prostitución desde los disímiles puntos de vista. Pero hay cuestiones demasiado ásperas que a veces tornan improbable juntar a los actores involucrados. Con el diálogo roto, la opción fue reconstruir las posturas en cada ámbito para que las voces estuvieran presentes, si bien no en torno a una mesa común, al menos entre estas líneas de tinta.

AMMAR.

El pasto está crecido en la Plaza Martín Fierro. En las veredas aún se acumulan ramas quebradas por el gran temporal de la semana anterior. Por la tarde, como en el resto del día y de la noche, hay mucha actividad detrás de la Terminal de Ómnibus. Gente que cruza en diagonal para acortar distancias, una familia que parece estar esperando el horario de su micro, algún linyera durmiendo en un banco, y las mujeres paradas en las esquinas o caminando por las veredas atentas a la posibilidad de entablar conversación con los automovilistas que las observan desde el anonimato de un vidrio polarizado. Marcela, Cecilia y Norma conversan con EL DIARIO en la esquina de Antártida Argentina y Remedios de Escalada.
Norma Torres acarrea un bolso repleto de profilácticos, que anda repartiendo entre sus colegas. Ella es la referente provincial de Ammar que se reunió con Ariel de la Rosa en enero pasado. “Nosotras trabajamos con prevención, y haciéndoles llegar a las compañeras todo lo que el Estado nos facilita. El año pasado tuvimos la posibilidad de ingresar 20 compañeras al programa Ellas Hacen, del Ministerio de Desarrollo Social, que es una ayuda de 2.600 pesos por mes para capacitarse. Algunas están aprendiendo costura, otras terminando la escuela primaria o secundaria. También acompañamos en cuestiones legales, problemas con la documentación o con algún hijo a cargo. Vamos ayudando para que todas puedan crecer a nivel personal”, explica Norma sobre el rol de la Asociación que se creó en 1994 y que está presente en 12 provincias.
“Fuimos a reunirnos con el ministro para que conociera nuestra organización, contarle lo que nosotras hacemos y pedirle, si estaba a su alcance, que nos diera dos veces por mes un camión sanitario para hacerle un control a las compañeras. Porque no solamente en la zona de la terminal trabajamos, hay algunas sobre la ruta y en diferentes horarios”, expone la mujer.

TRABAJADORAS SEXUALES.

“Nosotras consideramos que lo que hacemos es un trabajo. Queremos ser reconocidas como trabajadoras sexuales, trabajamos con nuestros genitales. No estamos mintiendo, ni matando, ni robando; estamos haciendo un trabajo. Quiero, al igual que la mayoría de mis compañeras, jubilarme el día de mañana como trabajadora sexual. ¿Por qué tenemos que seguir ocultas bajo la alfombra, si en el 2003 logramos sacar los edictos policiales con los que nos llevaban presas y tuvimos a la sociedad a favor porque todos veían cómo nos maltrataban, nos humillaban, nos violaban, nos pegaban ahí adentro? Nosotras somos mamás, sostén de familia, y todas mayores de edad que estamos paradas en una esquina trabajando”, afirma Torres, que ejerce la prostitución desde hace 27 años, a veces en la plaza, otras en la ruta o en localidades del interior de Entre Ríos. “Si la Red Alerta opina que hay proxenetas, si ellas los ven, que interfieran, que actúen. Yo me gano la vida, no tenemos que dar muchas explicaciones, ya nos conocen y a nuestra organización también”, agrega. “Nosotras trabajamos por nuestros hijos”, interviene Cecilia. “Se tiene que considerar un trabajo, yo lo tomo así: me arreglo y digo “me voy a trabajar”. Por supuesto que no estamos de acuerdo en que haya criaturas que agarren la cartera y salgan a la calle, somos grandes, algunas tenemos nietos”, comenta Marcela, que lleva 25 años en esto. “No sé lo que es tener un tipo atrás, no permitiría que venga alguien a vivirme; lo que gano es para mí y para mi familia, y si me sobra una moneda será un regalo para mis hijos. Yo no estoy para mantener a nadie”, añade.

DESIGUALDADES.

Estas mujeres aspiran a ser sus propias voceras: “que no venga un tercero a opinar, porque somos nosotras las trabajadoras”. Al indagar en sus historias personales, el elemento común detrás de esta elección de vida es la marginación, la desigualdad y la falta de oportunidades. “La sociedad nos empujó a esto”, reconoce Marcela. Y ninguna desea para sus hijas que sigan por el mismo camino. “Tengo un hermoso diálogo con mis nietas, tanto ellas como mis hijas saben en lo que trabajo. A mí me gusta que estudien, que tengan la fortuna que no tuvimos nosotras, pero si la decisión de ellas el día de mañana es ser trabajadoras sexuales, quisiera que estén reconocidas y que puedan tener todos los beneficios que yo no tengo. Porque a mí me gustaría irme de vacaciones, decir que tengo un recibo de sueldo y poder anotarme para tener una vivienda mejor, o conseguir una jubilación… no tenemos nada”, relata Norma. “Cuando se clausuraron los cabarets, las compañeras tuvieron que salir a la calle. Antes estaban resguardadas adentro trabajando, pero se les cerró la fuente de trabajo y esas compañeras tienen que pagar alquiler y comprarles remedios a sus padres… no les dieron ninguna alternativa, ¿o vos viste alguna fábrica que se haya abierto para nosotras?”, se lamenta la dirigente.
Para las integrantes de Ammar, que el Estado las reconozca como trabajadoras les permitiría poder aportar para jubilarse el día de mañana. “Tampoco queremos que el Estado nos diga que nos va a jubilar como peluqueras o como empleadas domésticas, la realidad de nosotras es esta”, sostienen. “Siempre se la agarran con la parte más débil y marginada de la sociedad: vamos a atacar a las putas… pero ¿Por qué no se arriman y preguntan qué necesitan, qué opinan, qué sienten? Somos mamás que llevamos a nuestros hijos a la escuela, lloramos, gritamos, soñamos, hacemos los mandados… ¿Por qué Red Alerta no nos convoca a un diálogo, a un debate? No nos vamos a esconder, estamos dispuestas”, concluye Norma Torres.

REDES.

La oficina de la Red Alerta en la que nos atiende Silvina Calveyra, a pocos metros de la Casa Gris, está adornado por fotos de líderes políticos como el Che Guevara o Eva Perón. “Siempre decidimos por mayoría, y como ya tenemos postura tomada respecto a la prostitución no queremos volver a exponernos a situaciones de violencia por no coincidir con las compañeras de Ammar”, se justifica la presidenta de la Asociación Civil ante la (im)posibilidad de un debate. Pero hay algo más, y es que para la Red Alerta, en la mayoría de los casos de prostitución siempre hay un proxeneta o una red mafiosa detrás, por lo cual consideran que las posturas que asume Ammar encubren a estos fiolos.
“Para nosotros no es trabajo porque hay una fuerte vinculación entre lo que es el capitalismo, lo que hace a la explotación económica poniéndole un precio o valor al cuerpo de una mujer, y la unión más violenta que se expresa con el patriarcado en el tema de la violencia de género. No olvidemos los hechos aberrantes que padecen estas mujeres que están en situación de prostitución, y que incluso muchas de ellas han sido asesinadas. No podemos decir que estamos hablando de trabajo cuando también hay una fuerte asimetría de poder entre el varón y la mujer cuando el varón paga por sexo. No está enmarcado en el derecho laboral ni en ninguna normativa laboral de nuestro país. La prostitución va mucho más allá de una cuestión de la sexualidad: la base está en la desigualdad”, expresa Calveyra.
Para Red Alerta, entre la prostitución y la trata de personas hay un hilo muy fino, y el caldo de cultivo es la unión entre pobreza y género, que es tan perversa como conveniente al patriarcado machista. “Se utiliza el cuerpo de una mujer como una mercancía, como ir a comprar un paquete de fideos a una despensa”, argumenta. “Holanda quiso reglamentar la prostitución y no se llegó a buen puerto: cada vez son más las víctimas de trata. Por el contrario, Suecia la combate desde el lugar del prostituyente -mal llamado cliente-, ubicando a la persona que ejerce la prostitución como una víctima de este sistema de opresión, y con una política de Estado acorde a darle respuestas a esas víctimas. Coincidimos totalmente con esto, de eso se trata el abolicionismo: no es una cuestión de discriminar a las compañeras ni perseguirlas, porque son mujeres que tienen derechos humanos que hay que garantizarles, como educación, vivienda, salud, y fundamentalmente un trabajo digno”, dice Calveyra. Según Red Alerta, el Estado debería proporcionarles otra salida laboral.

VIOLENCIA DE GÉNERO.

Reglamentar la prostitución, para Red Alerta, sería legalizar un negocio en el cual el proxeneta pasaría a ser el empresario de una industria silenciosa e invisible. Silvina Calveyra recuerda que hay unas 35 causas por explotación sexual y comercial en el Tribunal Federal, y que en la mayoría van de la mano del narcotráfico. “Hemos hecho denuncias de alquiler de departamentos luego de que se cierran los prostíbulos, porque estas redes tienen la facilidad de mutar y buscar otras alternativas”, apunta. De todas maneras, si no existiera el proxeneta, esta agrupación tampoco consideraría a la prostitución como un trabajo sino como violencia de género hacia las mujeres a las que se les coloca un precio a cambio de sexo. “Es una opción de vida, pero no una selección de vida frente a la ausencia de la capacidad de los Estados de dar una respuesta acorde. No es lo mismo un subsidio para una capacitación que tener un trabajo equiparable a cualquier trabajador de la actividad privada o del Estado”, revela Calveyra. “Normalmente la prostitución no es libre, siempre hay alguien atrás. Hay que ver hasta dónde las compañeras se van a animar a decir otra cosa. Existen amenazas y presiones, incluso de los mismos organismos sindicales que muchas veces están vinculados en el marco de negocios con fundaciones internacionales que manejan grandes flujos de dinero para prevención, como le dicen ellos”, apunta Calveyra, que integra la CTA Autónoma.
“El abolicionismo es un movimiento ético y político donde se brega por un país libre de prostitución pero donde los Estados tienen que ser los garantes de brindarles ayuda a las mujeres que están en esta situación. El cambio está en nosotros y en quienes nos representan, porque si no, nunca vamos a tener tolerancia social cero, por eso se naturaliza: nos educan en la masculinidad del varón todopoderoso y las mujeres en sumisión, con sus estereotipos de muñecas y color rosa. Hay que empezar a trabajar esas cuestiones básicas desde la educación como políticas de Estado”, remata.

El Estado y sus vaivenes
Mónica Fassoni, referente del programa de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud provincial, explica que la Argentina fue “reglamentarista”, entre 1870 y 1936: “el Estado aplicaba una postura higienista a la prostituta, controlándola sanitariamente. No así al cliente. También señalaba los lugares donde se podía ejercer la prostitución y donde no. Esa postura tomaba a la prostituta como un reservorio de transmisión sexual”.
A partir de 1936, nuestro país pasó a ser “abolicionista”, con una ley que trabaja en la prevención y el control de las enfermedades de transmisión sexual, pero con el espíritu de abolir la explotación sexual de las mujeres. A la Ley Nº 12.331 (de 1936) se le suma la firma de convenios internacionales de lucha contra la trata de personas y toda forma de explotación en 1949, el Protocolo de Palermo y la Convención Contra todas las Formas de Discriminación hacia las Mujeres.
Respecto a la reunión de Ammar con el ministro Ariel de la Rosa, Fassoni declaró que “el Ministerio de Salud debe relacionarse con las trabajadores sexuales (les llamo así porque así se consideran ellas). Deben ser incluidas en todas las políticas sociales del Estado, en particular la sanitaria, no pensando en una mujer de riesgo a la que hay que hacerle un abordaje de control, que es individualista; sino que tenemos que hacerlo desde la perspectiva de la vulnerabilidad, como un sujeto de necesidades”.
“Ninguna reglamentación de nada puede obstaculizar el acceso de una persona a los servicios de salud. El Estado tiene que darles posibilidad de inserción laboral, pero no podemos vulnerar a la mujer que está en situación de prostitución. La postura abolicionista es contra la política de explotación, esto es en el campo social y político, pero dentro de la salud no se puede restringir el acceso; por eso no hay que mezclar el derecho a la salud con la postura abolicionista. Ninguna ley puede actuar como barrera de acceso a la salud. Ni el ministerio, ni el hospital ni los centros de salud son espacios de debate o ámbito de discusión acerca de la prostitución. Hay que atender las necesidades que una mujer en situación de prostitución presenta; sería inadmisible cerrarles la puerta. Por supuesto que hay que discutir qué se hace con la institución prostitución, con el poder que está detrás de la prostitución. Cómo nació, porqué se reproduce y se mantiene, a quien le conviene, etc. Es una discusión a fondo con la sociedad y todos los estamentos del Estado. Pero no se puede esperar que se defina esta discusión para atender a las mujeres; mientras tanto, hay que brindarle salud a todo el mundo”, indicó Fassano.

Ammar y la CTA
“Desde la CTA consideramos que se trata de un trabajo. Hay que vencer los prejuicios y aceptar que es una prestación de servicios a terceros como cualquier otra, y tiene que tener condiciones dignas de laburo. Tienen que estar habilitadas para facturar, tener una libreta sanitaria gratuita brindada por el Estado y un lugar de trabajo” declara Flavia Fuentes Copello, secretaria de Prensa de la CTA Entre Ríos (rama Hugo Yasky). “A nivel internacional, la CTA ha participado en distintos encuentros donde está planteando este cambio de paradigma. La vieja leyenda es que se trata de la profesión más vieja del mundo; y si es profesión es trabajo, entonces tiene que estar dignificado”, cuestiona Flavia.
“Cada mujer es libre con su cuerpo de hacer lo que quiere, por supuesto no hay coincidencia en ese sentido con el grupo feminista extremo, pero ahí está el trabajo de Ammar en querer ser autónomas, no tener jefes, trabajar en el lugar y horario que ellas quieren”, completa.

¿Qué pasa el 8 de marzo?
Para el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, Ammar tiene planeado presentar un proyecto de ley ante el gobierno de Entre Ríos, acompañadas por la CTA (Central de Trabajadores Argentinos). “Es un proyecto que se hizo a nivel nacional, que se presentó en otras provincias. Se lo vamos a dejar en mesa de entradas al gobernador para que lo estudie y nos llame al diálogo. Los fundamentos giran en torno a mejorar la calidad de vida de las compañeras: vivienda, aportes, recursos para prevención y otros temas que se conversarán ahí adentro”, le anticipó Norma Torres a esta HOJA.
La Red de Alerta, por su parte, invita al panel “Relatos de mujeres luchadoras”, para ese mismo día a las 19 en la Escuela Domingo Faustino Sarmiento (La Paz 45). De la mesa participará Sonia Sánchez, autora de los libros “Ninguna Mujer Nace para Puta” y “La Puta Esquina”, quien se autodefine como “sobreviviente de la prostitución”. Durante una visita del año pasado de esta integrante de la línea de Ammar que se opone a considerar la prostitución como trabajo, hubo algún intercambio de opiniones de tono elevado con sus compañeras locales.
En el encuentro previsto para este año también estarán María Lujan Rey, de la Asociación Víctimas de la Tragedia de Once; Ximena Rattoni, secretaria adjunta de la Asociación Personal Industria del Gas; Shirley Ramos, del Centro Industrial de Barracas; y Cristina Ojeda, luchadora contra el narcotráfico en Rosario.

 

Imagen : El Diario