?En memoria de Rosana, Rocío, y Nahuel Alderete, asesinados el 28 de agosto de 2004?

?Querida hermana:

No te veo, hace ya ocho años que no te veo. Ni a vos, ni a tus dos pequeños hijitos. El hombre que habías elegido para que sea tu compañero y protector acabó con tu vida y la de dos de tus niños. Tal vez te extrañe que hoy me dirija a ti que ya no puedes oírme ni leer esta carta. Pero por favor, permíteme unos minutos para explicártelo.

No todos los hombres somos iguales. Unos cobardes que insultan, desprecian y llegan a matar a sus compañeras porque tienen miedo de enfrentarse a la vida y a desarrollarse como personas, estableciendo lazos y relaciones verdaderas.

Seguramente juraba que te amaba. Pero era incapaz de apoyar tu desarrollo, no toleraba que salieras ni aun llevando a tus hijos, ni menos que quisieras formarte y tener un trabajo. Tenía celos incluso de la relación con nosotros, tu familia. Tenía miedo a la vida y tú, por ser mujer capaz de dar vida, eras la demostración viviente de su fracaso. Y como era cobardemente incapaz de enfrentarse a su propia muerte, eligió darte muerte a ti.

Por desgracia nacemos en una cultura machista, que desde chicos nos crea falsos valores. Nos inculca que los hombres somos superiores y por consiguiente tenemos derecho a mandar e imponer nuestra voluntad?

También dicen que los hombres no lloran, que hacerlo nos hace débiles y vulnerables y tantos otros falsos valores?

Nadie está libre de culpa. Hombres y mujeres, en un momento u otro, hemos contribuido a mantener esos valores. Trasmitiéndolos, consciente o inconscientemente a nuestros hijos…

Y también lo hacemos cuando callamos ante actos de humillación a las mujeres, en el trabajo, en la calle, en la casa. Cuando oímos los gritos o los golpes en la casa de al lado y nos decimos: “Es una pelea doméstica, es cosa de ellos”. La violencia contra la mujer no es un asunto privado, es algo que está destrozando nuestra sociedad.

Cada vez que callamos, que miramos para otro lado, que no intervenimos, estamos siendo cómplices y, por tanto, culpables.

En Salta se ha dado un gran avance con leyes contra la violencia de género. Pero las leyes no resuelven los problemas cuando se publican en el Boletín Oficial, y mucho menos cuando quien las administra toma su café cómodamente sin importarle cuan necesitada esta la sociedad.

Puede que nos falte mucho llegar a incorporar estos patrones de conducta, tal vez más de una generación. Muchos estarán dispuestos a matar, como vos lo sabes en carne propia, por no perder unos privilegios que creen tener por derecho natural aunque la ley civil no se los reconozca.

Por eso, aunque no puedas leerla, te envío esta carta. Porque quiero hacer público el esfuerzo que realizaste al haberte enfrentado a tu matador, por haber luchado por tus hijos, por haber confiado en una justicia que hasta hoy no ha demostrado que existe, por que a pesar de todos los pedidos nadie te auxilió. Porque lo tuyo no era un asunto doméstico sino público.

También quiero reconocer mi culpa personal porque te dejé sola y por eso te pido perdón. Por haberte fallado, querida hermana.

Pero además queremos actuar y que esto cambie cuanto antes. Por eso, nos estamos uniendo, para decir a los maltratadores que son unos cobardes. Para promover acciones colectivas, empezando por nosotros mismos, para ayudar a crear ese estilo de actuación ciudadana que considera público todo acto de violencia de género se dé en el hogar, en el trabajo, en la calle o donde sea. Para exigir a nuestros representantes públicos que pongan los medios necesarios para cambiar esta cultura machista que nos impregna a todos.

Porque creemos en una sociedad más justa. En donde todos tendremos los mismos derechos, y que tanto el policía como el juez cumplirán sus funciones. En donde habrá responsabilidad y cada uno asumirá sus errores sin importar las consecuencias, en donde no habrá que esperar ocho años sin tener respuesta por que la maldita burocracia reinante ayuda a enmascarar a los cómplices de los muchos crímenes cometidos, encajonados, olvidados?

Porque todos podemos crecer como personas debemos ser más solidarios y enfrentarnos a la violencia de género en todo lugar y momento. Porque somos hombres, porque ya no nos callamos, porque ya no tenemos miedo, o lo superamos como tú también hiciste, mi querida hermana?.

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