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Género y adicciones

ELLAS TAMBIÉN: Mujeres Adictas Expulsadas Del Sistema

En octubre del 2015 APA! publicó un informe audiovisual para denunciar y visibilizar la problemática de género y adicciones en los barrios vulnerables de Tucumán. Hasta la fecha nada cambió. Las mujeres continúan siendo víctimas de la doble opresión “mujer pobre”, siguen sin contar con un centro de atención específico para ellas como “Las Moritas”, y peor aún, en ocasiones son expulsadas del único lugar al que pueden acudir en busca de atención al problema del consumo: el Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora del Carmen. El 10 de diciembre del 2015, la HERMANDAD DEL BARRIOS entregó un petitorio al Ministro de Desarrollo Social y al Secretario de Estado en Adicciones, reclamando en el punto Nº 4  la creación de centros de internación para mujeres. Hasta el momento ninguna autoridad realizó anuncios al respecto.drogas mujeres

En el marco de una sociedad donde las problemáticas de las mujeres suelen invisibilizarse y las instituciones suelen dar la espalda a sus urgencias, en Tucumán la mujer adicta de los barrios vulnerables sufre consecuencias que van más allá, y comienzan mucho antes, del flagelo de la droga. La doble opresión las convierte en víctimas por ser mujer y por ser pobre. Mientras desde los estamentos oficiales afirman que el porcentaje de mujeres que consumen es bastante menor en relación a los hombres que lo hacen, desde los barrios las mujeres advierten que la cifra crece día a día. Además, se desatienden aquellas cuestiones específicas de género por las cuales las mujeres resultan más vulnerables que los hombres. Al no tener sus necesidades básicas satisfechas, la droga es el resultado de una condición, no la causa de una conducta. Con el Hospital del Carmen como único lugar público para mujeres adictas, ellas sueñan con un “Moritas” que no sea sólo para varones. Mientras desde el Siprosa advierten que aumentaron las prestaciones debido a que mejoró la capacidad de resolución del sistema, los barrios suman nombres a la lista de aquellos que ya no están, sin importar el género. ¿La solución?: tomar una real decisión política sanitaria en cuanto al abordaje de la problemática, reconocer la adicción como una enfermedad y hacerse cargo del problema,  destinar presupuesto para la infraestructura necesaria para hacer frente a la “epidemia” del paco, y cortar el negocio de la venta de droga en la provincia. Solo resta esperar y ver, quien será más diablo en este infiero. Para ello APA! elaboró un informe audiovisual en un intento por abordar el problema, indagar las causas y denunciar la inacción de quien corresponde.genero y adicciones 1

Se define “consumo problemático” a aquel consumo de sustancias legales e ilegales (alcohol, tabaco, marihuana, etc), el cual va generando modificaciones en los hábitos de las personas, afectando sus relaciones de la vida diaria: en la casa, en el trabajo, en la escuela, en la familia, provocando de esta manera algún inconveniente en su desarrollo. Sucede que en los barrios más vulnerables esas áreas de la vida daría se encuentran desmembradas de antemano.  En barrios donde las necesidades básicas se encuentran insatisfechas, lo peor es que la droga se consigue fácil, pues la venden en cada esquina. En Tucumán ya todos conocen la figura del “transa”, eslabón de la cadena del narcomenudeo, parte última y necesaria en el montaje del narcotráfico. “Bagullo” de marihuana, “alita de mosca” (dosis de cocaína), papelitos de base (paco), todo cuanto se busque en los bolsillos del sicario ambulante, el joven adicto lo encontrará. Tan barato como irresistible para quien cayó preso del consumo, en algunos lugares el papelito de base cuesta $10, e incluso hay barrios donde se consigue a $5.

Bajo la sábana blanca

Y allí, en medio de la invisibilidad de la sociedad machista y el acecho de la muerte del consumo, aparecen “ellas también”. Aquellas de las que no se habla, aquellas a quienes no se tienen en cuenta, a quienes se trata como si no existieran, a quienes se oprimen, a quienes se trata con desprecio: las mujeres adictas. Mujeres de los barrios vulnerables que sufren la doble opresión: por ser mujer y por ser pobre.

Mientras en algunos servicios de adicciones en la provincia afirman que no existe un tratamiento específico, diferenciado, según el género de los pacientes, a diferencia de los hombres las mujeres adictas suelen ser víctimas de violencia, abuso sexual, violación, prostitución. No solo sufren la marginación de sus familiares y amigos, sino también del Estado, del sistema. Pero como afirma Irma Monroy, referente de la lucha contra la droga en el barrio el Sifón: “Todo está tapado bajo la sábana blanca”.

Al igual que los hombres, cuando una mujer pobre cae presa de la adicción a la pasta base lo pierde todo: objetos personales, electrodomésticos, muebles, ropa, casa, amigos. Pero a diferencia de los hombres, lo único que no pierde son sus hijos. Aún con poca conciencia de la gravedad de la situación, estas mujeres continúan tratando de hacerse cargo de sus hijos, mientras en situaciones similares el hombre se va de la casa.genero y adicciones 2

Con ganas de escapar del infierno, aquellas que buscan resolver el problema del consumo, se encuentran con una trampa: el sistema no da abasto. Sucede que en Tucumán hay un sólo lugar público al que pueden dirigirse las mujeres adictas: el Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora del Carmen. Pero como bien lo dice su nombre se trata de un psiquiátrico, no de un centro específico para el tratamiento de dicciones. Es el único lugar público de Tucumán a donde pueden acudir las mujeres para internarse. El hospital ofrece tratamiento para mujeres y en algunos casos realiza desintoxicaciones ambulatorias para adolescentes. El servicio de emergencia cuenta con apenas ocho camas, y no hay una separación del espacio físico entre la problemática del consumo de sustancias y otro tipo de problemáticas de salud mental.

Incluso aquella que se anima a acudir en busca de ayuda, aquella a quien luego de analizar su situación le corresponde internarse, incluso aquella mujer que logró hacerse fuerte en la sobriedad se encuentra con otra traba: la figura del acompañante. Pese a que no necesariamente deben tener un acompañante, depende quien las atienda en ocasiones no las dejan internarse por no tener algún cuidador.

En todo caso, tener un “acompañante” es un DERECHO, no una OBLIGACIÓN. Así de claro lo expresa laLEY NACIONAL DE SALUD MENTAL Nº 26.657, en su Capítulo IV, ARTICULO 7°, Punto e): “Derecho a ser acompañado antes, durante y luego del tratamiento por sus familiares, otros afectos o a quien la persona con padecimiento mental designe”.

Sólo basta con la manifiesta intención voluntaria de la paciente de querer internarse. Pero en la realidad esto no se aplica. Una vez más aquí no es tenida en cuenta la cuestión de género de acuerdo al tipo de paciente con quien se trata. Las mujeres que acuden en buscar de internación suelen ser madres, por lo tanto difícilmente posean acompañante ya que quien pudiera acompañarlas es la única persona que puede quedarse cuidando sus hijos.

El mecanismo es el siguiente: las mujeres suelen dirigirse a la guardia del hospital, una vez que las reciben se las evalúa y se realiza un diagnóstico de su estado. Luego, de acuerdo a cada situación, suelen ser derivadas a desintoxicación, y es allí donde les solicitan la presencia de un acompañante. De acuerdo al relato de las mujeres es una lotería pues dependiendo del o la profesional que les toque, pueden ingresar, o no, sin acompañante.

En ocasiones la internación les resulta tan esquiva, y según ellas tan necesaria, que llegan a soñar con un “Moritas para mujeres”.

Las Moritas (Centro Residencial de Rehabilitación y Reinserción Social para Adictos) abrió sus puertas en agosto del 2009, convirtiéndose en el primer centro estatal de internación en la provincia. Es un predio de ocho hectáreas ubicado camino a La Aguadita. El predio funciona como un sistema cerrado, custodiado y alambrado. Tiene espacio para que los residentes puedan hacer una huerta, también cuentan con televisión, metegoles y una mesa de ping pong. Dentro de las actividades terapéuticas se encarguen de la limpieza de la casa, del mantenimiento de los espacios verdes y de la comida. Tiene un gimnasio, aulas para la finalización de los estudios primarios y secundarios de los pacientes (Programa FINES del Ministerio de Educación), un salón de usos múltiples para talleres de música, murga y teatro con una pantalla para cine, talleres de carpintería, de herrería y una lavandería. Actualmente cuenta con 48 cupos, y cada tratamiento dura aproximadamente (según cada paciente) entre seis meses y un año.adicciones las moritas

El problema ante lo que pareciera ser un centro ideal, es que es sólo para varones. En todo Tucumán no existe otro lugar estatal de este estilo para mujeres. Es por ello que desesperadas, en busca de internación y de escapar del contexto que no hace más que alimentar su adicción, las mujeres viajan a otras provincias para internarse. Con todo lo que eso implica: dinero que no tienen, desarraigo y dejar a sus hijos al cuidado de algún cercano. Claro que no resisten y al poco tiempo regresan.

Mientras tanto, crece el “negocio” de los centros privados. Hace poco tiempo atrás el Ministro de Salud de Tucumán, Pablo Yedlin, recordaba que el sistema público de salud invierte cerca de 5 millones de pesos anuales en convenios con centros de internación de adultos privados, para que recepcionen pacientes sin cobertura social. No obstante, Yedlin marcaba que la mayoría de los pacientes adictos no requieren de internación ya que hay varios tipos de dispositivos de tratamiento ambulatorios (tal como lo establece la nueva Ley de Salud Mental), y que además existen pacientes que necesitan de un proceso de desintoxicación y luego el correspondiente tratamiento en Hospital de Día.

El problema nuevamente aquí es la condición de “ser pobre”. Claro que las mujeres de escasos recursos no conocen estos lugares más allá de los convenios que puedan generarse, pues si no tienen para comer, mucho menos tendrán para costearse tratamientos privados.

La internación ¿es el problema?

No obstante, pese a que para las mujeres adictas de barrios vulnerables la posibilidad de internación resulta ser un problema, éste no es el problema real de la mujer adicta. Según la nueva Ley de Salud Mental la internación debe ser el último recurso tal como lo establece el Capítulo VII, Internaciones, ARTÍCULO 14: “La internación es considerada como un recurso terapéutico de carácter restrictivo, y sólo puede llevarse a cabo cuando aporte mayores beneficios terapéuticos que el resto de las intervenciones realizables en su entorno familiar, comunitario o social. Debe promoverse el mantenimiento de vínculos, contactos y comunicación de las personas internadas con sus familiares, allegados y con el entorno laboral y social, salvo en aquellas excepciones que por razones terapéuticas debidamente fundadas establezca el equipo de salud interviniente”.

Asimismo, en su ARTICULO 15 plantea: “La internación debe ser lo más breve posible, en función de criterios terapéuticos interdisciplinarios”.

El problema entonces no sería la internación, o no internación. Y así volvemos a la punta del ovillo. El problema es el contexto en el que se encuentran inmersas las mujeres, aquel en el que desarrollan su vida cotidiana, las necesidades básicas insatisfechas, la opresión de la que son víctimas a cada instante.

Cuando reciben el alta, vuelven al barrio… y consumen de nuevo. Resisten hasta el último día la tentación y la abstinencia. Pero ¿cómo escapar al fantasma de la droga que ronda silencioso por cada esquina? Caer nuevamente en el consumo no es su culpa, aunque toda una sociedad, aunque todo un sistema así lo diga. Y ahí de nuevo la punta del ovillo: nos encontramos con que no hay una decisión política de hacerle frente a esta problemática, pues por un lado no hay una decisión real de mejorar las condiciones concretas de existencia de las personas, hombres y mujeres de los barrios carenciados (agua potable, cloacas, pavimento, alumbrado público, asistencia sanitaria, etc), y por el otro no hay decisión real de combatir la venta de droga en los barrios, combatir el narcotráfico, terminar con el negocio de los poderosos. Mientras los de arriba ganan dinero, los de abajo pierden vidas. Ante ese panorama, ciertamente no habrá sistema de salud que pueda hacerle frente. Menos si no se reconoce la gravedad de la “epidemia”, tal como suele denominarla Irma Monroy.

Negar el problema

Es ante este panorama que resulta irrisorio que desde el Servicio de Adicciones del Hospital Avellaneda se sostenga que “la demanda sobre esta problemática aumentó en los últimos años, debido a la mejora en la capacidad de resolución por parte del Ministerio de Salud Pública”, tal lo manifestó a APA! el año pasado Matías Tolosa, actual Secretario de Estado en Asistencia y Prevención de las Adicciones. De acuerdo al relato de las mujeres de los barrios, dicha afirmación se equivoca en todo. La demanda no aumentó por una mejor respuesta del Sistema, aumentó porque aumentó la venta de sustancias legales e ilegales, a la par de que las condiciones de vida de las personas no mejoraron. La capacidad de resolución tampoco mejoró. Pero incluso en este análisis hay que detenerse con cuidado, pues no sirve de nada caerle al trabajador de la salud, en cambio sí resulta necesario interpelar a los estratos más elevados, aquellos que toman las decisiones, aquellos que deben dar las respuestas, aquellos a quienes les encanta salir a “aclarar la situación” y que tanto más la embarran.

En septiembre del 2015 la muerte de Horacio Zamorano, joven de 18 años, cubrió con un manto de tristeza al barrio el Sifón, y sacudió varios estamentos de la provincia. Nadie quiso hacerse cargo de la muerte, pero más de uno no pudo esquivar la bala.

Los números parecieran no coincidir con la realidad, y la presunta “mejora en la capacidad de resolución”pareciera escupir en la cara a la urgencia. Mientras el Hospital Obarrio reconoce recibir a 400 chicos adictos por mes y haber internado a otros 50, en el Servicio de Prevención y Asistencia de las Adicciones del Hospital Avellaneda informaron que durante el 2015 hubo un promedio de 920 pacientes por mes.

Pocos días después de la muerte de Horacio, el Obarrio prometió un nuevo servicio especializado en tratamiento de adicciones (el servicio de la Sala 5), el cual contaría con 16 habitaciones de dos, incrementando el espacio físico para la internación de 32 pacientes.  De los cuales 12 serían para tratamientos de desintoxicación inicial con una duración de 48 a 72 horas. Mientras las otras 20 camas estarían destinadas a pacientes que requieran una desintoxicación más prolongada.  Por su parte el Carmen creó en julio del año pasado la “Casa de Conviviencia”, un dispositivo de externación creado en el marco de la nueva Ley de Salud Mental, por la que se busca la paulatina supresión de los neuropsiquiátricos y las internaciones prolongadas de enfermos mentales. No obstante, esta propuesta hoy por hoy no está relacionada directamente con pacientes adictas.

“No se ha pensado en la epidemia (del paco)”, dice Irma, y no hay nada que pueda quitarle razón.  “No es que no los quieran atender, no hay camas”, agrega en clara referencia a la falta de políticas serias que aborden la problemática de los adictos, apuntando especialmente al paco.

No hay cifras oficiales sobre población en consumo. No hay capacidad para atender a tantas consultas. No hay capacidad para hacer frente a tantas internaciones.  “Uno siempre tiene la sensación de que va por detrás”, manifestó en septiembre del año pasado Ivan Mariani (subdirector del Hospital Obarrio) tras la muerte de Horacio. Y pareciera tener razón.

En junio del 2013 el gobernador José Alperovich había manifestado: “Trabajamos fuerte pero la droga nos está ganando”, dejando en claro la nulidad de las políticas públicas. Tiempo después solo atinó a esquivarle al tema, y acuñar su frase de cabecera “seguimos trabajado fuerte”.

Mucho antes, la senadora Bety Rojkés ya había manifestado una de sus tantas barrabasadas: “Al menos ahora, Dora, vas a dormir tranquila, porque tu hijo no está más en la calle”, frase que le manifestó a Dora Ibañez, integrante de Madres del Pañuelo Negro, luego de que muriera su hijo en junio de 2010, víctima del consumo.

Esto demuestra que la problemática de la mujer adicta ante la doble opresión (mujer pobre), lejos estaría de resolverse sin pensarse en una cuestión más de fondo. Todos los días, en cada esquina, a cualquier hora, la droga consume cuerpos y mentes sin distinción de género.

Sin respuestas al petitorio de la Hermandad de los Barrios

El 10 de diciembre del 2015, Día de los Derechos Humanos, la HERMANDAD DE LOS BARRIOS peregrinó desde plaza Urquiza hasta plaza Independencia, con velas y carteles, acompañados por la imagen de la Virgen en la cabecera de la marcha. El objetivo de la procesión fue visibilizar el flagelo de la droga y exigir políticas públicas concretas para hacer frente a la problemática de las adicciones.

Aquella noche el Ministro de Desarrollo Social, Gabriel Yedlín, y el Secretario de Estado en Asistencia y Prevención de las Adicciones, Matías Tolosa, recibieron en Casa de Gobierno a una delegación de representantes de cada barrio. Allí los vecinos entregaron un petitorio donde explicaron el padecimiento de los jóvenes adictos y sus familiares, y reclamaron la planificación y ejecución de políticas estatales que aborden la problemática.estudiantes-en-tucuman

El punto Nª 4 del petitorio fue “pedimos centros de internación para mujeres”. ¿Cuál fue la respuesta de los funcionarios?: “Mañana nos vamos a juntar con otro organismos del Estado para ver de ajustar aquellas cosas que no estén bien y profundizar la planificación y las tareas que venimos haciendo”. Pero hasta el momento ese punto, ni los restantes reclamos, fueron escuchados.

Irma sabe cuál es la solución: hacer más centros especializados de atención para adictos. Destinar el presupuesto que corresponde, tomar la problemática con la gravedad que merece, dejar de beneficiarse con el negocio de la venta, terminar con el narcotráfico, tener como real objetivo curar a los jóvenes. Desde esta perspectiva, haría falta atacar realmente la problemática del consumo en general, y a partir de allí abordarla en su especificidad de género, pensando en aquello que afecta puntualmente a las mujeres.

“Este es el infiero y tenes que sonreír”, afirma Irma con lágrimas en los ojos. A ella la muerte de los jóvenes adictos de su barrio le ha enseñado de urgencias, y lejos de quitarle fuerzas, cada nueva pérdida ha incrementado el coraje de reclamarle a quien corresponde se haga cargo de las muertes, se haga cargo del fin de la venta de drogas, se haga cargo de comenzar a salvar la vida de los jóvenes adictos.

Ella hace rato que perdió el miedo y en este infierno es más pícara que el diablo, por eso no tiene problema en exigir a los políticos que salven la vida de los chicos y la de “ELLAS TAMBIÉN”.

 

Imagen :apaprensa/diario360.com.ar/msptucuman.gov.ar