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Griselda Liliana Ayala

El maltrato infantil y abuso sexual no se vinculan con la pobreza y la marginalidad

En Formosa son cada vez más los casos que afectan a niños de entre 3 y 12 años.maltrato

El abuso y el maltrato infantil son problemáticas que cada día ocupan las planas informativas, y Formosa no escapa a esta realidad. Cada día se conocen nuevos casos, algunos incluso después de años de sucedidos. Lo más notable es que estos delitos se presentan en todas las clases sociales; en Formosa son cada vez más los casos que afectan a niños de entre 3 y 12 años. Es por eso que los expertos recuerdan que los docentes y profesionales médicos “tienen la obligación de denunciar en caso de tener la sospecha de que un menor sufre de abuso o maltrato”
En ese sentido, la licenciada en Psicopedagogía y magister en Desarrollo Social Griselda Liliana Ayala detalló a La Mañana que ser víctima de abuso sexual deja traumas como: temor, culpa, desvalorización, repulsión, aislamiento, vergüenza, ansiedad, depresión y dificultades en relaciones sexuales futuras y sentirse “diferente”.
Estos sujetos deben ser derivados para su tratamiento psicoterapéutico para que logren elaborar estas situaciones traumáticas.
“Los signos exteriores de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, inclusive el abuso sexual, se pueden advertir mediante: cicatrices, hematomas, contusiones inexplicables, marcas de quemaduras, mordeduras, problemas con la alimentación, insomnio, irritabilidad, ataques de enojo, respuesta de alarma exagerada, vergüenza, comportamientos fóbicos, síntomas de depresión, trastornos en la autoestima, síntomas de ansiedad, temblores, intranquilidad, exagerada necesidad de ganar o sobresalir”, señaló la magister.
Detalló que en los abusos de niños, generalmente sirven como indicadores de mayor relevancia: la ausencia escolar; la llegada tarde o la retirada temprana; el llanto fácil sin motivo aparente; la conducta agresiva y destructiva; el retraimiento; la depresión crónica; el tener conocimiento sexual y conductas inapropiadas para la edad; la conducta excesivamente sumisa; el temor al contacto físico generalmente expresado en gestos concretos; la irritación; el dolor o la lesión de la zona genital; la fuga del hogar y el miedo a quedarse solo con algunas personas.
“En presencia de lo social, la violencia es ocultada y el victimario suele verse como una persona seductora y sociable. En cualquiera de los casos de maltrato infantil, el médico, el maestro, la preceptora, la directora del jardín maternal o de infantes tienen la obligación de realizar la denuncia correspondiente ante la defensoría de menores e incapaces, porque la víctima de alguna manera ha podido romper el secreto de su padecimiento. Por supuesto que se debe acudir a profesionales especializados en estos temas (psicólogos, psicopedagogos, abogados, trabajadores sociales, etc) para poder orientar su labor en el ámbito educacional porque esta situación excede las cuestiones profesionales y debe intervenir la Justicia”, dijo Ayala.

Clases sociales

El maltrato infantil no se vincula con la pobreza y la marginalidad; dicha vinculación es una falacia que oculta la verdadera dimensión del fenómeno, ya que se extiende de modo general a todas las clases sociales. “Es un grave error pensar que es una patología que aparece en las clases sociales bajas. Se descubre y más fácilmente se denuncia la escena violenta en los servicios públicos de salud, respecto de las instituciones de salud privadas. Las clases altas encubren con facilidad estos hechos, ya que la asistencia privada garantizaría que no se haga la denuncia”, expresó la experta.
Así también, señaló que “si bien la pobreza y la indigencia son factores de riesgo, no son los únicos, ya que hay otros vinculados con las características personales y de la dinámica familiar, así como también los modelos de educación familiar de los padres violentos”.
Ayala comentó que generalmente se asocia que el secreto y ocultamiento de los actos prohibidos es el denominador común en todos los casos, al igual que la falta de búsqueda de ayuda para resolver el problema. De manera tal que la sospecha es la que permitirá realizar un abordaje, diagnóstico y tratamiento ante el maltrato en cuestión, privilegiando el resguardo de la integridad del niño.
“El trabajo interdisciplinario con la familia en el caso de maltrato y el establecimiento de políticas de Estado para ofrecer maneras de prevención son las garantías que resguardan al niño de esta problemática”, acentuó.

Maltrato

El maltrato infantil está vinculado con la violencia familiar. La experta indicó que se define como violencia familiar a “cualquier acción u omisión, directa o indirecta, mediante la cual se causa sufrimiento físico, psicológico, sexual o moral a cualquiera de los miembros del grupo familiar”.
La característica de la violencia es que el que causa el daño aparece enmascarado y no le permite a la víctima comprender la amenaza contenida en la situación ni prevenirse contra ella. “La víctima, además de la agresión, anida la vergüenza de no saber defenderse y la culpa de creer que es causante de la ira del agresor. Las situaciones pueden ser periódicas, permanentes o crónicas”, explicó.
La violencia en la familia se manifiesta a través del maltrato corporal o el abuso sexual; y/o se expresa en la palabra y el afecto, bajo diferentes modalidades discursivas. La violencia del discurso, no por sutil y aun a veces casi inadvertida, resulta tener la misma eficacia o muchas veces mayor poder devastador que el maltrato corporal.
El efecto violento se halla tanto en el contenido semántico del discurso como en la organización misma, y en aquello implícito que conllevan las enunciaciones manifiestas.
“Se considera maltrato físico a los niños todo daño no accidental que se le provoque en el cuerpo o la salud. No es necesario que se produzcan contusiones u otras secuelas, ya que la sola producción de dolor es una forma de maltrato físico. El golpe, la quemadura, las lesiones físicas en el cuerpo del niño, el abuso sexual y la violencia discursiva producen daño psíquico que pueden llevar al sujeto a neurosis, enfermedades psicosomáticas, psicosis o suicidios”, finalizó Ayala.

 

Imagen : josselynraquela.blogspot.com