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EL DERECHO NOS SUJETA

?? Las maldiciones que se escuchan sobre la ineficiencia de la justicia tienen
mucho que ver con responsabilidades del Poder Judicial. Pero también tienen que ver con el desconocimiento de los derechos tanto por parte de ciudadanos intachables como de los que se presume que son delincuentes.
El repudio a la libertad condicional de Omar Chabán, en el caso de la disco Cromañón, viene del desconocimiento de los derechos de Chabán, no importa cuáles hayan sido los crímenes que deberán serle probados en el juicio?; sostenía Beatriz Sarlo en un escrito sobre los maestros y los libros (2005).

En ese párrafo, la reconocida intelectual argentina explica de una manera muy concreta la importancia del conocimiento de los derechos ciudadanos. Se refería a los derechos de Chabán en aquel momento -hoy condenado con la máxima pena por la muerte de los 194 jóvenes de Cromañón-; a la actuación de la justicia, de sus responsabilidades y de las responsabilidades de los ciudadanos como sujetos de derecho. Todo en el marco de un análisis sobre el rol de la educación, el rol de los docentes en la formación de los chicos; y, principalmente, del rol de los medios y de la TV en dicha formación.

Sarlo es una intelectual lúcida y clarificadora pero, también, atravesada por una mirada y un lenguaje fuertemente sexista. Ella se refirió a los ciudadanos, a Chabán, a los chicos, a los maestros; dejando bien en claro que los hombres son los sujetos de derecho.

Y las mujeres, ¿somos sujetos de derecho? o ¿el derecho nos sujeta? Claro está -y no sólo en los escritos de Beatriz Sarlo- que el derecho aún nos sujeta, que el patriarcado persiste no sólo en la aplicación de las leyes, sino en la no aplicación de las mismas; como por ejemplo cuando se le niega a una mujer el derecho de decidir sobre su cuerpo. Cuando la justicia le niega el aborto a una niña que ha sido violada por su tío (como es el caso de la niña de Misiones), le está negando el derecho de practicar un aborto no punible, un derecho instituido para estos casos por el artículo 86, inciso 1 y 2, del Código Penal.

El lenguaje, las leyes, su aplicación, su no aplicación, los derechos, el imaginario colectivo, la comunicación, las y los intelectuales; todas las personas estamos atravesados por esta mirada y práctica desigual de los derechos de los otros y de las unas.

Esa mirada desigual que nos enmarca a hombres y mujeres en relaciones de dominación de los primeros sobre las segundas, es la mirada que hay que modificar. Fácil de decir y complejo de hacer en todos los ámbitos de nuestra vida diaria. Pero quienes tenemos una doble responsabilidad sobre estas cuestiones somos las y los comunicadores.

Si, mucha es la responsabilidad que tenemos las personas que trasladamos los mensajes para que otros los piensen, analicen y resignifiquen de acuerdo a sus vivencias. Por ejemplo, sostener un análisis del triunfo electoral de una presidente que fue votada por el 51 % de la población argentina diciendo que: ?encarnó una imagen de gran poder simbólico: la mujer fuerte, destrozada por el dolor, que se solloza y se recupera al mismo tiempo; que apela al muerto pero demuestra que puede reemplazarlo con ventaja; tocada por la desgracia pero indomable. El luto es emblema de una soledad espiritualmente fortalecida y no de desfallecimiento. La viudez de Cristina ha sido su escudo y su lanza. Hay que reconocer que supo usarlos y que su victoria no puede ser solamente atribuida a que la oposición no hizo bien sus tareas? (La Nación 2011). Es un análisis deliberadamente machista del triunfo de Cristina, ya que la única posibilidad de triunfo electoral de esta persona, que es una mujer, está dado por su estado civil, es decir, desde el vínculo con un hombre, su marido.

De allí la importancia de entender cuando el árbol tapa al bosque. El análisis de Beatriz Sarlo, en este caso, es el ejemplo de ello. Su escritura debiera, al menos, tratar de comprender al electorado, el gran poder simbólico de un electorado joven -y no tanto- que está participando políticamente para la construcción de un país más igualitario en sus miradas y más equilibrado en sus derechos.

FOTO: corrientes.in