Noticias Destacadas

Agricultura familiar

El campo que no se ve

Se definen como el “otro campo”, aquel que much@s prefieren “desconocer u ocultar”. Son hombres y mujeres que representan el 59% del empleo rural en Salta y que viven y trabajan sus tierras, un número reducido de hectáreas que alcanza sólo el 12% de la superficie productiva provincial, en donde el agua escasea, el uso de agroquímicos es evitado y las condiciones de infraestructura productiva son mínimas, con dificultades en electrificación, comunicación y en el acceso a los servicios de salud, educación y vivienda.

Ést@s pequeñ@s productores/as agropecuarios, campesin@s, criollos e indígenas viven extensas jornadas laborales que se alternan con las ventas en ferias al menos una vez a la semana.

La tecnología que utilizan consiste en maquinaria de tracción a sangre con arados de palos tirados a través de caballos o pequeños tractores. Las cosechas son manuales, preservando en muchas actividades la manera ancestral en el trabajo rural.

Nora Cuellar, quien pertenece a la comunidad de Zanja Honda, a 7 kilómetros de Tartagal, participa por tercera vez de las actividades organizadas por la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar-Delegación Salta, llevadas a cabo con motivo del mes de la Agricultura Familiar. A través de su experiencia Nora relata que además de ser ésta una oportunidad para mostrar y vender sus productos fuera del radio en el que lo hacen habitualmente, les permite hacer conocer su vivencia y ese otro sector del campo opacado por los grandes terratenientes. En Zanja Honda, comenta que cultivan caña dulce a través de la cual se produce la miel de caña, la jalea y la chancaca, así como también las plantas aromáticas (romero, orégano, menta, cedrón) y las plantas de citrus. Dice que lo único que les falta es el agua y que por ello tratan de reservar este recurso vital en tanques para regar a goteo, que es además un método económico. “Cada familia cultiva su producto”, agrega, al tiempo que cuenta que esta tradición ancestral proviene de sus tatarabuelos y que sus padres, aún en actividad, cultivan caña dulce, maíz amarillo, maíz blanco y maní. “Vendemos esto en el centro. La jornada laboral empieza a la mañana para cultivar y regar temprano antes de las 14 porque sino se secan la plantas”, dice. Manifiesta también que a pesar del sacrificio que constituye el trabajo en el campo, ella se las arregla bien, al ser una actividad que conoció desde niña y en la que su hija también colabora.

Por su parte, Dominica Porcel de Aguaray, expresa que junto a su esposo y sus hij@s forman parte de una feria campesina conformada por 23 familias desde hace 9 años, a través de la cual se comercializa el maíz, maní, mandioca, batata, chanchos, gallinas, cabritos y corderitos, y productos artesanales como el queso de cabra, queso de vaca, quesillo, la cuajada y tamales. La familia de Dominica está conformada por 4 personas y un ayudante para desarrollar el trabajo de siembra que se efectúa en 8 hectáreas, más el cuidado de los animales. En su relato, expresa que sus abuelos ya se dedicaban a esto, que es un trabajo muy sacrificado, que requiere de un esfuerzo diario, además de la necesidad de “feriar los sábados de 8 a 13”. “En tiempo de lluvia se siembra y en tiempo de helada se cosecha para guardar. Debe helar para que este seco el maíz sino se arde”, explica. “Las mujeres hacen las cosas de cocina y el trabajo más liviano y los hombres lo más pesado”, añade al ser consultada sobre como es el reparto de tareas.

Román Canchi de la comunidad kolla de Finca Santiago, ubicada en el departamento de Iruya, a 50 kilómetros de Orán, refiere que en su lugar de orígen, gran parte de la gente se dedica a la artesanía en madera, porque su riqueza está constituída por las 125.000 hectáreas en las que viven y trabajan. Canchi, detalla que todo el trabajo es manual, con aplicaciones de alpaca, tiento y astas y que un árbol representa para un artesano medio año de trabajo aproximadamente. “No somos grandes destructores, además de estar reforestando”, agrega. “Somos como 60 familias que trabajamos en esto. En la artesanía todos tenemos alguna actividad, desde l@s niñ@s, que además de estudiar, ayudan en los tiempos libres y eso es también un aporte económico a la familia”, narra.

Bernabé Díaz de Campo Durán, realiza artesanía Chané desde los 7 años, cuando su hermano le enseñó de a poco su arte. Actualmente tiene 52 años y transmite su conocimiento a otr@s niñ@s. Las máscaras de animales que realiza Bernabé se hacen con madera de Palo Borracho. Como el Palo Borracho se esta terminando los 70 artesanos que desarrollan esta tarea tienen que adentrarse al monte. Las máscaras se pintan con piedras del río o del monte y arcilla blanca y resina del mismo árbol empleado.”Al ser una madera blanda, todo se hace a cuchillo”, relata. “Las mujeres hacen trabajos en cerámica, los cuecen y los pintan”, comenta sobre el resto de las actividades que se desarrollan en su comunidad.

“Posicionar a la agricultura familiar en la sociedad”

Para Ana Herrera, miembro del equipo técnico de la Subsecretaría de Desarrollo Rural en la delegación Salta, quien se desempeña además en el área de apoyo a la comercialización y comunicación, los objetivos de las actividades en torno al mes de la Agricultura Familiar pasan por la oportunidad de venta de artesan@s y productores/as, pero fundamentalmente por posicionar a la agricultura familiar en la sociedad, y “dar a conocer que existe otro campo que esta constituido con pequeñ@s productores/as agropecuarios, campesin@s e indígenas y otras formas de producir que tienen que ver con el cuidado de la naturaleza”.

La coordinadora de la feria y la radio abierta desarrollada en esta oportunidad, subraya que se le resta importancia a la actividad de los pequeñ@s productores/as y artesan@s, cuando a nivel país cuentan con 220.000 explotaciones y a nivel provincial se subvalúa la actividad conforme al censo agropecuario que al no considerar al sector indígena – con 11 pueblos originarios en Salta entre la etnia wichí, toba, chorote, chané, guaraní, tapiete, chulupí, kolla, diaguita-calchaquí, pueblo tastil y atacama- contabiliza 7.470 explotaciones. También explica que la agricultura familiar constituye un 66% de la produccción y a nivel provincial un 73%, a pesar de que dentro de la provincia se cuenta sólo con el 12% de la superficie de tierra en producción, ésta, sin embargo arroja el 11% del producto bruto interno.

Por otra parte, resalta que no hay un sólo cultivo ni que éste es extensivo, sino que la producción de alimentos y la elaboración de artesanías es diversificada, con la exclusión del uso de agroquímicos en la producción campesina que es más respetuosa del medioambiente.

Sobre la reiterada mención del problema del agua, Herrera explica que éste “es un derecho humano que se debe hacer cumplir”, por lo que actualmente se invierte “tanto en lo que se necesita para la producción como para consumo humano”.