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El aborto: las nuevas fronteras

Un cambio fundamental se ha dado en Latinoamérica por el cual a la Iglesia Católica se le ha fracturado una dominación de tipo hegemónica. La construcción del género y la sexualidad como ?privadas? permitió que la Iglesia sostuviera, con el apoyo del Estado, el patriarcado de manera hegemónica como una forma de dominación de las mujeres.

Por un lado, el Estado basaba sus legislaciones sobre la doctrina católica dando fuerza legal a lo sostenido por la Iglesia. Familia nacional y familia católica eran consideradas como parte de la misma realidad y cualquier intento de modificar los principios católicos era considerado (lo es todavía por diversos sectores), como un atentado a la nación. Por otro lado, los siglos de influencia de la Iglesia Católica sobre la población latinoamericana generaron un proceso de ideologización donde el patriarcado y la heteronormatividad son presentadas y vivenciadas como las formas naturales. Esta influencia de la Iglesia sobre la población se manifiesta como un sistema de doble discurso entre las acciones privadas y las posiciones públicas que dificulta la vigencia de los derechos sexuales y reproductivos(1). Mientras que a nivel público se legitima una postura represiva y estricta, que responde a los principios de la doctrina católica, en las prácticas privadas los actores flexibilizan sus posturas sin guiarse por dichos principios.

Esta doble capacidad de la jerarquía eclesiástica de ejercer su poder sobre el Estado y de sentar los límites culturales y morales del debate a nivel poblacional, se manifiesta con especial virulencia en relación al aborto. Una estrategia en este sentido es presentar al aborto como contrario al derecho natural y a los intereses nacionales. El aborto es construido no sólo como un delito que debe ser penalizado sino también como un pecado cuya regulación escapa al derecho positivo. De este modo, el debate se sacraliza, se presenta en términos absolutos, que no permiten la existencia del disenso y el debate. El otro argumento de la Iglesia es considerar que todos los actores a favor de discutir el tema del aborto (particularmente el feminismo) son manifestaciones de un interés foráneo, anti-nacional, que se articulan con el objetivo de erosionar a la familia. Lo nacional y lo católico se colapsan para defender una manera de entender la sexualidad y el cuerpo, donde la reproducción es el mandato principal e inevitable de la mujer.

La población también contribuyó, y lo sigue haciendo, a que sea difícil modificar la penalización del aborto. Por años el aborto se construyó a los márgenes de la ley y de la moral; se aceptaba siempre que se practicara de manera silenciosa e invisible. No importaban la gran cantidad de abortos ilegales ni el elevado número de muertes y daños a la salud que se producían, la ilegalidad y la muerte eran el precio de un sistema de doble discurso que construía a nivel público al aborto como crimen mientras facilitaba maneras ilegales para su acceso a nivel privado (al menos para aquellos con poder adquisitivo).

El feminismo, entre otros factores, cuestionó este sistema hegemónico de dominación a través de politizar lo privado y disputar, material y simbólicamente, a la jerarquía de la Iglesia Católica. Frente a la construcción del aborto como delito / pecado, desde el feminismo no sólo se demanda su despenalización sino también el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo como parte de la autonomía que como sujetas del derecho les corresponde. Católicas por el Derecho a Decidir (CDD) sabe de esta lucha y de la necesidad de modificar no sólo los sistemas legales sino también impulsar cambios culturales que permitan a las mujeres empoderarse y ejercer sus derechos. Esta doble vertiente de CDD, movilizarse por cambios legales pero también por cambios éticos y religiosos, es lo que transforma a la organización en una instancia política única en la región.

Las sociedades latinoamericanas han comenzado a hablar del aborto como problemática. La manera hegemónica en que la Iglesia Católica dominaba las discusiones de políticas sexual, en general, y del aborto en particular se han fisurado dando lugar a un grado mayor de pluralismo y debate. El poder de la Iglesia de decidir los parámetros y límites de la política en temas sexuales se ha interrumpido, en gran medida gracias al trabajo que por años se ha venido haciendo desde la sociedad civil. Ha sido un largo proceso, con sus contramarchas, donde el establecimiento del divorcio, los planes de educación sexual, las sanciones de leyes nacionales y provinciales de salud sexual y reproductiva, entre otras reformas legales, representan hitos destacables.

Ampliar los márgenes de libertad para decidir -decidir qué tipo de familia se quiere formar, qué tipo de sexualidad ejercer, o, en caso de querer tener hijos, cuántos y cuándo- va formando parte, lentamente, del vademécum de derechos humanos. El aborto y sus consecuencias, su legalidad e inclusive su moralidad son parte de las temáticas que la sociedad empezó a discutir. Mas allá del lado en que uno se ubique en este debate (o inclusive mas allá de la capacidad de ubicarse en algún lado), el que se pueda discutir el tema de manera abierta era una deuda del proceso de democratización iniciado hace años en diversos países. No es que el aborto sea una novedad, interrupciones de embarazo se han producido en distintas sociedades y momentos históricos. Lo que ha cambiado son las fronteras legales y morales en relación al aborto: ni necesariamente delito ni irremediablemente pecado. Cambiar el régimen legal sobre el aborto es ya parte de las agendas debido a la presión de distintos grupos sociales que ven en su despenalización la posibilidad de acercarse a una sociedad más justa y menos hipócrita.

Sin embargo, la ruptura del poder hegemónico de la Iglesia no implica que su jerarquía y sectores aliados sean menos poderosos. Por el contrario, la derecha religiosa y la derecha política (muchas veces indistinguibles) se han adaptado para seguir siendo influyente en temas de política sexual. En los distintos países la jerarquía de la Iglesia Católica, sectores de la sociedad civil y de la sociedad política han logrado alianzas (más o menos explícita), además es posible afirmar que estos acuerdos tienen una fuerte dimensión transnacional. Paradójicamente el avance del feminismo ha generado una rearticulación de los sectores de derecha que en común oposición a los derechos sexuales y reproductivos generan nuevas alianzas y estrategias para la intervención política. A mayor avance y legitimidad de las demandas del feminismo mayor es el intento de los sectores reactivos a politizarse y defender públicamente un modelo único de familia y de sexualidad basado en el patriarcado.

El aborto se ha repolitizado como la nueva frontera a defender por parte de los sectores conservadores que condensan en la posibilidad de su despenalización el germen y la consecuencia de todos los males contemporáneos(2). Frente al avance de los movimientos feministas y por la diversidad sexual, la derecha religiosa ha desarrollado nuevas estrategias para oponerse a los derechos sexuales y reproductivos considerando al aborto como el límite moral y social en la defensa de una concepción única de familia. A los obispos se les unen líderes de las sociedades civiles y políticas en la defensa de un modelo único de familia. Junto a los discursos religiosos basados en la Biblia o en la doctrina oficial de la Iglesia Católica se escuchan, cada vez más, justificaciones científicas y legales para defender una forma única y autoritaria de entender la sexualidad en el mundo contemporáneo.

El avance del feminismo en la región (por supuesto con fuertes diferencias en distintos contextos) ha generado un doble desafío. En primer lugar, una vez politizado el tema y abierto el contexto para el diálogo y el antagonismo se vuelve imperante intensificar el activismo para lograr las reformas legales necesarias. El feminismo ha logrado quebrar el poder hegemónico de la Iglesia y, de este modo, iniciar un camino hacia las modificaciones necesarias para desmantelar al patriarcado como sistema de dominación. Estas fisuras abiertas desde el feminismo representan también un desafío ya que en un contexto post-hegemónico se vuelven urgentes acciones de los sectores progresistas para garantizar la vigencia de los derechos sexuales y reproductivos.

En segundo lugar, la politización de los sectores de derecha requiere de estrategias y alianzas para evitar un retroceso en la situación existente en los diversos contextos. El haber logrado visualizar un sistema de dominación e interrumpir la manera hegemónica de control ha implicado, como se dijo, la reacción conservadora que intenta recrudecer el sistema vigente y trazar las fronteras aún más atrás. Prueba de ello es que mientras el feminismo politiza al aborto, la derecha religiosa ataca la anticoncepción bajo el argumento de considerar estos mecanismos como abortivos(3). El quiebre del poder hegemónico de la Iglesia ha reforzado, desde diversos lugares, el dogmatismo de ciertos sectores que creen que el avance del pluralismo implica la destrucción de su forma de entender al mundo.

2. La derecha religiosa en Latinoamérica. Niveles para su análisis

La complejidad y velocidad en las formas en que la derecha religiosa se adapta a los nuevos escenarios políticos hacen necesario la confección de nuevos análisis y estrategias. Los sectores religiosos conservadores continúan siendo el principal obstáculo para la sanción y a la efectiva vigencia de los derechos sexuales y reproductivos en Latinoamérica, razón por la cual es prioritario entender las formas en que intervienen para, así, garantizar un cambio legal y cultural que posibilite una sociedad más justa.

Un paso importante para captar la complejidad de lo religioso es distinguir las diversas formas en que actores y discursos operan políticamente en las sociedades contemporáneas. A los fines analíticos se diferencian tres niveles interconectados de influencia por parte de los sectores católicos conservadores sobre el proceso de legislación y aplicación de políticas públicas: a) Estado e iglesia; b) gobierno y jerarquía; c) sociedad civil y organizaciones religiosas. Aunque en las prácticas concretas estos niveles se interconectan es importante diferenciarlos a los fines de tener un entendimiento más acabado de las estrategias y mecanismos de acción política por parte de los sectores de la derecha religiosa. La importancia de distinguir estos niveles radica en ofrecer un análisis más completo sobre las complejas formas en que los sectores religiosos influencian la arena política.

a. Estado e Iglesia

El tema de la separación Estado / iglesia sigue siendo una dimensión importante en los procesos de democratización latinoamericanos. La fuerte influencia histórica y cultural de la Iglesia en el surgimiento de las naciones latinoamericanas se ha plasmado en la escasa separación institucional entre los Estados y la iglesia Católica. La Iglesia tuvo un tratamiento privilegiado que se plasmó, en muchos casos, en las mismas constituciones que sentaban los principios rectores de los Estados nacientes.

El proceso de secularización, entendido como diferenciación de esferas, tuvo su propia dinámica en Latinoamérica y es posible afirmar que en un número importante de países la iglesia tiene, a nivel institucional, un estatus privilegiado. A nivel constitucional coexisten en la región diversas maneras de regular las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Un grupo minoritario de constituciones aún consideran al catolicismo como religión oficial acercándose a un sistema confesional. Estos son los casos de Bolivia, Costa Rica o El Salvador. La gran mayoría de las constituciones otorgan a la Iglesia Católica un reconocimiento especial que se manifiesta en garantizarle una personería jurídica especial y/o ayuda económica para su sostenimiento. Sirva como ejemplos, la constitución de Argentina que en su artículo 2 afirma que el ?Gobierno federal sostiene el culto católico, apostólico, romano? o el artículo 82 de la Constitución paraguaya que ?…reconoce el protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación?. Finalmente existen constituciones, como las de México o Uruguay, que son ejemplos de constituciones laicas que instituyen una clara separación entre Estado e iglesia y evitan reconocer un status especial a la Iglesia Católica. La Constitución uruguaya sostiene en su artículo 5 que ?todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay. El Estado no sostiene religión alguna?.

Aunque existe libertad de cultos en gran parte de los países no existe igualdad entre ellos ya que la Iglesia Católica tiene privilegios, tanto materiales como simbólicos, que no tienen las otras instituciones religiosas. La separación entre el Estado y la iglesia continúa siendo una dimensión política abierta. En cada país con sus particularidades es aún posible reformar los sistemas legales para intensificar la necesaria separación entre Estados e iglesias.

Si la Iglesia Católica pretende ser un actor de poder en las sociedades contemporáneas, el requisito básico es que lo sea desde un lugar de no privilegio. Una solución posible a esta problemática es entender a la iglesia como una institución que actúa de dos formas diferentes, aunque conectadas(4). Por un lado es una institución religiosa y, en este sentido, está regida por un marco legal cuyos ideales son la libertad y la igualdad de cultos, siendo este último aspecto una deuda en diversos contextos latinoamericanos. Pero la iglesia es, o pretende ser, un actor político que se moviliza en la defensa de una ideología en particular. La iglesia al intervenir políticamente se ?entrampa(5)? y abre una importante ventana de posibilidades ya que su mutación de institución religiosa en actor político implica una sumisión, voluntaria o no, a las reglas del juego democrático. Al inscribirse como actor político, la Iglesia pierde las prerrogativas que como institución religiosa aspira a mantener y debe someterse a las reglas jurídicas que privilegian el pluralismo y el anti-dogmatismo.

b. Gobierno y Jerarquía

Otra dimensión importante es el vínculo de los gobiernos específicos con las jerarquías eclesiásticas. Mientras el nivel anterior hace alusión, principalmente, a los diseños institucionales y marcos legales existentes, este nivel se concentra sobre las dinámicas políticas concretas e incluye a los actores políticos específicos: el gobierno de un lado y la jerarquía eclesiástica del otro. Aunque el sistema institucional pueda llegar a ser de completa separación Estado e iglesia (de alta laicidad para ponerlo en otros términos), aún los sectores religiosos pueden tener una fuerte influencia sobre las políticas del país. La necesidad de distinguir entre estos dos niveles lo evidencian los casos paradigmáticos de EEUU y el Reino Unido. Mientras que en los EEUU el diseño institucional/legal es de amplia separación entre Estado e iglesia, las dinámicas políticas concretas muestran el fuerte poder político de los sectores religiosos, situación evidenciada en las dos presidencias de Bush. El Reino Unido, al contrario, tiene un sistema institucional de mínima separación Estado e iglesia a pesar del cual el poder de los sectores religiosos es mucho menor que en los EEUU.

En Latinoamérica es también frecuente que los integrantes de los distintos poderes del Estado (gobernantes, legisladores y jueces) tengan en cuenta la opinión de la jerarquía eclesiástica al momento de tomar sus decisiones. Inclusive países como México o Uruguay donde existe una fuerte separación formal entre Estado e iglesia, la jerarquía continúa ejerciendo su poder sobre los gobiernos. Sea por motivos de identificación religiosa (gran parte de la población se sigue identificando como católica) y/o por necesidad de legitimidad política (los gobernantes requieren del apoyo de la Iglesia como institución) la jerarquía católica suele tener mucha influencia sobre los gobernantes latinoamericanos. Esta influencia se hace aún más manifiesta sobre los derechos sexuales y reproductivos ya que para la Iglesia continúan siendo una prioridad política, mientras que los gobiernos la utilizan como moneda de cambio por el apoyo de la jerarquía eclesiástica.

En la región latinoamericana, la relación gobiernos y jerarquía eclesiástica se manifiesta de diversas maneras. Por un lado, existe un grupo de países donde la presencia de gobiernos que, en principio, pueden considerarse como centro-izquierda podría abrir un contexto político favorable para las reformas en relación a los derechos sexuales y reproductivos (Argentina, Bolivia, Brasil, Venezuela y, más recientemente, Ecuador). La izquierda latinoamericana no es necesariamente anti-patriarcado pero, sin dudas, es una alternativa con más posibilidad de autonomía de la Iglesia Católica razón por la cual gobiernos de izquierdas pueden, en principio, presentar una ventana de posibilidades más amplias para reformas legales en relación a género y sexualidad.

Este viraje a posiciones mas progresistas en algunos gobiernos latinoamericanos se puso en evidencia en la posición asumida por los gobiernos de Brasil y Argentina en la conformación de sus delegaciones oficiales al incorporar las organizaciones que representan la diversidad sexual, las feministas y las que nuclean a representantes de las /os trabajadoras /es sexuales de ambos países, reconociendo el importante papel que tienen en la lucha por el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de todos /as y en la lucha contra el VIH / SIDA. Tal vez Argentina sea un caso paradigmático en este sentido, ya que en la década pasada durante la presidencia de Carlos Menem la posición oficial del país fue la de alinearse con el Vaticano en cuestiones conectadas a los derechos sexuales y reproductivos.

Por otro lado, particularmente en Centro América, se atraviesa desde hace ya algunos años una etapa de recrudecimiento en relación a la situación de las mujeres y las minorías sexuales. Nicaragua es un país paradigmático en este sentido. En el año 1992, la Asamblea Nacional de la República de Nicaragua aprobó diversas reformas al Código Penal en relación con delitos de carácter sexual. En el artículo 204, en su versión enmendada, se estableció entonces el delito de “sodomía”. Más recientemente, en octubre del 2006, se aprobó por unanimidad la derogación del Aborto Terapéutico del Código Penal, lo que constituye un bochornoso retroceso en los derechos humanos. Este retroceso ubica a Nicaragua junto a El Salvador y a Chile como los países con las legislaciones más restrictivas respecto al aborto.

El caso de Nicaragua sirve como ejemplo extremo de las complejas relaciones entre la izquierda y la Iglesia Católica en Latinoamérica. La derogación del aborto terapéutico en este país contó con el apoyo de la bancada Sandinista liderada por Daniel Ortega quién se acercó a la cúpula de la Iglesia como una forma de asegurar el éxito electoral evidenciando la complejidad de la izquierda latinoamericana respecto a los derechos sexuales y reproductivos. Otra situación que genera incertidumbres son los presidentes (o candidatos) que se identifican fuertemente con la Teología de la Liberación, como lo es el recientemente electo Presidente de Ecuador, Rafael Correa o Fernando Lugo, un ex-jesuita opositor al gobierno Paraguayo y con fuerte apoyo popular. Aunque la Teología de la Liberación se ha caracterizado por denunciar la pobreza y la exclusión social en Latinoamérica, no es necesariamente una corriente de pensamiento que haya incorporado la injusticia social sobre las mujeres.

Más allá del tipo de arreglo institucional y marco legal existente, o sea más allá de la separación formal entre Estado e iglesia, es importante reconocer que las dinámicas concretas que se dan entre los gobernantes y la jerarquía eclesiástica seguirán siendo una dimensión política fundamental en el futuro de los derechos sexuales y reproductivos. Sin dudas, la institucionalización de la separación entre Estado e iglesia es una dimensión fundamental, pero también lo es la existencia en el poder de gobiernos que estén dispuestos a confrontar con la Iglesia Católica. La posibilidad de los derechos sexuales y reproductivos, en particular de la despenalización / legalización del aborto, está dada por la existencia de gobernantes con autonomía moral, institucional y política de la Iglesia Católica.

c. Sociedad Civil y Organizaciones Religiosas

El tercer nivel analítico incorpora a la sociedad civil como una arena privilegiada del sistema democrático que está compuesta, de acuerdo con Cohen y Arato(6), principalmente por las asociaciones voluntarias, los movimientos sociales y las formas de comunicación pública. Este nivel de análisis permite incorporar una amplia gama de actores y estrategias que caracterizan al activismo religioso que se opone a los derechos sexuales y reproductivos. La sociedad civil es una arena democrática fundamental ya que es allí donde los movimientos sociales y las ONGs articulan sus demandas, instituyen nuevos sujetos e identidades y presionan al Estado a los fines de generar cambio social. Esto lo han aprendido también los sectores más conservadores que encuentran en la sociedad civil un espacio para el activismo religioso conservador.

En particular existen tres componentes de la sociedad civil sobre las cuales el activismo religioso ha venido ejerciendo una fuerte influencia. En primer lugar en los últimos años un creciente número de organizaciones no gubernamentales (ONGs) se han formado para defender la posición oficial de la Iglesia Católica. En segundo lugar, el activismo religioso lleva años influenciando la composición y el funcionamiento de los comités de bioética como una forma de institucionalizar una definición tradicional de género y sexualidad. En tercer lugar, los sectores religiosos conservadores han comprendido la importancia de los medios masivos de comunicación tanto para fines religiosos como políticos. A continuación se presentan estos tres componentes.

c. i. Organizaciones Pro Vida

Sección elaborada por Angélica Peñas Defagó(7)

Una de las principales estrategias de acción de la Derecha Católica se articula a través de las organizaciones pro vida. Este es uno de los pilares fundamentales de su accionar ya que por intermedio de su institucionalización en asociaciones u ONGs, abarcan diferentes ámbitos sociales a las vez que resulta ser el medio idóneo para plantear políticas acordes a sus objetivos. Las organizaciones pro vida se han convertido en un fenómeno que se multiplica a escala mundial. En el caso de Argentina existen un importante números de ellas que se desempeñan a lo largo de todo el país, ya sea a través de filiales en las provincias argentinas(8) o bien teniendo su sede en Buenos Aires, cuentan con diferentes sistemas de contacto (principalmente comunicaciones epistolares a modo de suscripción y páginas webs).

Centrando el enfoque en Latinoamérica, observamos que entre las diferentes organizaciones pro vida, se detaca Human Life Internacional (HLI) tanto por su presencia en la mayoría de los países de la región, como por ser en muchos casos precursora de políticas y lineamientos de acción para el resto de los organizaciones pro vida. HLI es una coalición de grupos pro vida de varios países, impulsada por poderosas fuerzas conservadoras en lo político y apoyada por la jerarquía católica de diversos países de Latinoamérica. Se puede mencionar entre las estrategias de acción, la referida a la realización de denuncias públicas de autoridades, personajes políticos, grupos civiles y fundaciones a quienes HLI identifica como liberales, feministas o defensores del laicismo. Al llevar a cabo esta labor, se esfuerza en utilizar una argumentación hostil contra sus adversarios y trata de perjudicarlos en terrenos vitales para el funcionamiento de los mismos como lo son los legales o financieros. Entre los principales blancos de los ataques figuran la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas en inglés), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Catholics For a Free Choice y Católicas por el Derecho a Decidir.

Realizando un análisis comparativo entre las diversas estrategias de acción desplegadas por los organismos pro vida, nacionales e internacionales, observamos un paralelismo en su modo de actuar, los cuales los podemos clasificar del siguiente manera: a) Asistencialismo, b) Protestas Públicas, c) Supervisión de contenidos televisivos y prensa gráfica, d) Asesoramiento e Información de Interés, e) Activismo dedicado particularmente a Jóvenes y Adolescentes, f) y muy especialmente, encontramos una convergencia entre sus propuestas de acción a la temática referida a Campañas Antiabortos.

Un aspecto llamativo de estas organizaciones pro vida es la celebración de Conferencias, Congresos, y Encuentros en torno de diferentes temáticas que le son de interés. Este tipo de actividades es de utilidad estratégica para la derecha religiosa por los siguientes motivos:

1) Actuar Coordinado entre las Diferentes Organizaciones Regionales e Internacionales

La celebración de congresos o encuentros les posibilita articular acciones en común logrando aunar esfuerzos, entre diferentes organizaciones pro vida regionales o internacionales, haciendo extensivo su mensaje y logrando una agenda común más allá de los ámbitos locales en los que se desenvuelven cada uno de ellos. Claro ejemplo de ello lo constituyen los Congresos Internacionales por la Vida y la Familia, los que se presentan como una de las principales estrategias de Human Life Internacional. La realización de los mismos lo hace en coordinación con sus afiliadas locales. Otro ejemplo son los Encuentros Mundiales para la Familia, éstos cuentan con la particularidad de ser considerados como reuniones periódicas del Papa con las familias de todo el mundo para impulsar los aspectos de la evangelización que más confluyen en la familia. Este último tiene la particularidad de que es el propio Papa quien marca las temáticas y lineamientos a seguir, ello a partir de que al comienzo del evento realiza en persona el discurso inaugural. Entre los temas que de un modo recurrente figuran en los índices de estos encuentros se destacan:?La cultura de la muerte (Aborto, Anticoncepción, Eutanasia, Congelamiento de Embriones)? el fortalecimiento del concepto de ?La Familia Natural?, ?Homosexualidad, como desviación cultural?, ?Educación Sexual?, ?Sida? ?Políticas Públicas?.

2) Elaboración de Cartas y Documentos

Otro punto donde les resulta fructífera la organización de congresos y encuentros es la elaboración de Cartas o Declaraciones de Principios donde se incluyen las conclusiones. Estos documentos, por diversos medios, se les hacen llegar a los poderes públicos, para que sean tenidos en consideración para las políticas públicas. Los mismos son utilizados para presionar a los gobernantes y legisladores de los distintos países a fines de evitar reformas legislativas favorables a los derechos sexuales y reproductivos.

3) Posibilidad de Diálogo Interreligioso

En la organización y realización de este tipo de eventos, se ha dado en más de una oportunidad, diálogos a niveles interreligiosos. Caso paradigmático al respecto es el Congreso Mundial de la Familia, que a la fecha cuentan en su haber con tres congresos realizado en diferentes lugares del mundo, y donde se reúnen no sólo representantes del catolicismo sino de las principales religiones. La derecha religiosa ha dejado de lado sus divisiones, y la constitución del feminismo como enemigo común le ha permitido una reacción conservadora de tipo ecuménica. En este aspecto se observa no sólo lo fructífero que puede resultar a nivel de acción las alianzas de grupos pro vida de diferentes religiones, en el orden de coordinar agendas comunes, sino que resulta además ser éste un lugar de fortalecimiento y cooperación de ONGs pro vida, de diferentes partes del mundo.

4) Estrategias de Elección de las Sedes de los Congresos

Luego de observar el desenvolvimiento de los encuentros y congreso organizados por sectores pro vida y pro familia, vemos que la sede de realización de los mismos, no surge de un modo inocente, sino que es utilizado de un modo estratégico a niveles de política de influencia. Como ejemplo de ello encontramos Primer Congreso Internacional en Defensa de la Vida y la Familia, que se llevó a cabo en Panamá en el año 1996. En dicha oportunidad, fue elegida como sede Panamá ya que desde la organización del Congreso se consideró que dicho país tiene una ambigua y peligrosa ley sobre el aborto, la cual potencialmente permite este crimen a petición, pues autoriza el aborto en caso de violación y por causas graves de salud. También México ha sido sede de estos congresos, particularmente por su ubicación estratégica en relación a los EEUU y al resto de Latinoamérica.

c. ii. Comités de Bioética

Otro aspecto a destacar del activismo religioso a nivel de la sociedad civil son los Institutos y Comités de Bioética en América Latina. Históricamente dichas Instituciones encuentran sus orígenes de manos seculares a fines de los años 60, concebidas como un proceso humanizador de la medicina. Los pioneros en la región fueron Argentina, Colombia, Uruguay, México, Cuba y Chile.

La intervención que efectúa la Iglesia Católica en ámbitos bioéticos se observa de diferentes modos. Una de ellas es la imperante necesidad que ha tenido que enfrentar la Iglesia para adaptarse a avances científicos y tecnológicos, muchos de los cuales llegan a replantear hasta la condición misma del ser humano en cuanto a su origen y vulnerabilidad. Piénsese en las investigaciones realizadas sobre clonación, genoma humano, reproducción asistida, métodos de contraconcepción, inicio y fin de la vida entre otras. Surge así la necesidad por parte de la Iglesia Católica de adaptarse a dichos cambios y basar sus fundamentaciones no ya de un modo puramente teológico cimentado exclusivamente en la doctrina de la fe sino tomando consideraciones éticas y morales.

Por estas razones la Iglesia tuvo en cuenta la importancia de las Comisiones e Institutos de Bioética, en cuanto que a través de ellas puede extender su discurso doctrinal y así fundamentar bajo la doctrina de la fe y la moral católica los avances científicos y tecnológicos que se suceden en nuestros días. El artilugio argumentativo usado para fundamentar las cuestiones a ellos sometidos, giraba alrededor del principio de ?santidad e inviolabilidad de la vida humana? consagrado por el Derecho Natural.

La importancia de la instauración de Institutos de Bioética que funcionen en el seno de las Universidades Católicas, la dejó plasmada expresamente Juan Pablo II, cuando a través de la Constitución Apostólica, ex Corde Ecclesiae sobre las Universidades Católicas, en 1990, recomendó a las Universidades Católicas profundizar, con estudios apropiados, el impacto de la tecnología moderna.

Otro punto importante de análisis es cómo la Iglesia Católica en conjunción con otros organismos de derecha religiosa han utilizado los comités de bioética como un modo de recuperar terreno perdido en el ámbito político, en cuanto a lo que es la relación Estado- Iglesia se refiere. Véase sino cómo en diversos fallos judiciales, o proyectos de leyes en temáticas como aborto, anticoncepción, educación sexual, se han expedido informes o desarrollado conferencias por parte de diferentes Comités Bioéticos, en coordinación con instituciones católicas en repudio a cualquier tipo de política pluralista. De esta manera la Iglesia se asegura un amplio espectro de influencia, el que no se conforma solamente con llegar a los sectores que tradicionalmente fueron considerados ?católicos? sino que interviene y enfatiza cada vez más su accionar en otros ámbitos que exceden lo que podríamos considerar antaño como ?estrictamente religioso?.

Así en el II Congreso Mundial de Bioética celebrado en España, Gijón, en el año 2002 se dejó patente, por parte de los latinoamericanos, que la Iglesia Católica tiene el predominio de la bioética en cuanto a instituciones e iniciativas a llevarse adelante. De modo tal que puede hipotetizarse que en América Latina las discusiones y principales decisiones en el área bioética se toman en base a un ?ethos? heredado y basado en la teoría moral católica.

c.iii. Medios de Comunicación de Masa

Sección elaborada por María José Franco(9)

En esta sección pretendemos realizar un primer reconocimiento y formular algunas hipótesis sobre los medios masivos de comunicación, las tecnologías de la información y algunas instituciones religiosas como los Pentecostales, la iglesia universal y, particularmente, el catolicismo(10). El análisis de los medios de comunicación se concentra en Argentina pero es nuestro objetivo extenderlo a nivel regional para proponer una lectura a nivel Latinoamericano. Hipotetizamos que dentro de las políticas culturales y específicamente comunicacionales que diseñan los sectores religiosos, apelan al uso de medios y tecnologías como disputa política por el establecimiento de la visión legítima de ciertas clasificaciones del mundo, en la lucha por la construcción y reconstrucción de representaciones sociales, identidades, normas, valores en torno a lo “natural? y lo ?cultural?, a la familia, la sexualidad, la mujer, entre otros. También el uso de los medios de comunicación puede considerarse como parte de distintos tipos de intervenciones: política de evangelización, de interpelación a los fieles, de reproducción y socialización de sus doctrinas y de información vinculada con la institución; como una política de intervención en el espacio público y, más específicamente, en la opinión pública, en un momento y espacio específico.

Si bien las religiones, y especialmente la católica, históricamente vienen haciendo uso de diversos medios de comunicación como una forma de disputa política, en un contexto como el actual en que el catolicismo habría perdido poder hegemónico dominante en los campos religioso y político en América Latina en comparación con otros momentos históricos,(11) la necesidad de acceso y uso de los medios y tecnologías de la comunicación se estaría intensificando en el contexto de una sociedad mediatizada. Asimismo, podemos conjeturar ? aunque tendría que ser tema de una próxima investigación – que son diferentes las competencias y el uso que estas tres religiones hacen de estos medios. La Iglesia Católica parecería utilizar los medios no sólo con un objetivo evangelizador, como forma de interpelación a los fieles y de disputa dentro del campo religioso como parecería ser el caso de la Iglesia Universal y de los Pentecostales en general, sino también como medio de producción y circulación de información sobre la realidad nacional e internacional para intervenir en la construcción de opinión pública en el campo político.

En lo que respecta al uso de medios por parte de la iglesia católica en Argentina, es recién en la década del ?90, con las transformaciones en la legislación favorables de la mano del apoyo del poder de turno, que esta institución produjo grandes cambios en su política mediática solicitando una cantidad importante de medios masivos de comunicación. Desde el ?90 a la fecha, de acuerdo al relevamiento realizado, constatamos que la Iglesia Católica solicitó ante el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) 121 licencias radiales y 9 televisivas; además cuenta, en este momento, con productoras, agencias de noticias, asociaciones y redes informáticas, presentaciones digitales en internet y varias publicaciones periódicas. La mayor parte de los medios serían administrados por las diferentes diócesis y, a modo de hipótesis, probablemente haya un predominio de medios con perspectiva oficial.

La Iglesia posee una gran cantidad y diversidad de medios en Argentina – en algunos casos, en vinculación con medios internacionales como por ejemplo Radio María ?.La concentración de estos medios no parece de tipo geográfica ? encontramos medios en todas las provincias y más cantidad en aquellas más pobladas, aunque la distribución no sea totalmente simétrica ? aunque sí cierta concentración vertical ya que como institución posee medios masivos de distinto tipo-.

Si bien nominalmente, desde el punto de vista de la economía política la Iglesia podría ser pensada como un multimedios, a diferencia de las empresas de medios, parecería que el objetivo de los medios católicos no es el de la plusvalía y la reproducción cultural sino, fundamentalmente el de reproducción cultural. El periodista Washington Uranga, especializado en temas religiosos, destaca que ?desde el punto de vista conceptual, hay toda una postura de la Iglesia en favor de evangelizar a través de los medios de comunicación. Los obispos asumen esto, pero de ninguna manera saben cómo hacerlo. Lo que hay es un traslado del púlpito al medio de comunicación, sin adaptación del formato o del lenguaje? (D?Alessandro, 2002).

Para finalizar cabe mencionar que, además de los medios masivos, la disputa por los sentidos del orden social desde la Iglesia Católica también se da desde las agencias de noticias. Estas agencias, nacionales e internacionales, son empresas periodísticas que tienen como función relevar, receptar, almacenar, procesar y distribuir información entre sus abonados (medios, organizaciones, empresas, gobiernos, etc.), con el poder de construir y difundir noticias sobre distintas partes del mundo en el resto del mundo. En este sentido, entre las agencias de noticias y redes más referenciadas en los propios sitios de la Iglesia, podemos mencionar, en Argentina, la Agencia de Noticias Católicas de la Argentina (AICA), Signis Argentina; en América Latina, la Agencia Católica de Informaciones en América Latina (Aciprensa), la Red Informática de la Iglesia en América latina (RIIAL), la Unión Católica Latinoamericana de Prensa (UCLAP), la OCLACC, Adital, la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), entre otras; y, a nivel internacional, la Agencia Internacional Católica de Noticias (Zenit), el Vatican Information Service (VIS), la agencia FIDES, Panorama Católico Internacional, Catholic.net, la Federación Internacional de Agencias Católicas (FIAC), la Unión Católica Internacional de Prensa (UCIP), para enumerar algunas.

Los datos recopilados dan cuenta de una estrategia de la Iglesia por intervenir en esta disputa de sentidos y no de su impacto. Romacomunidades localesee la iglesia, rmaciEl relevamiento de medios realizados incluye algunos medios propios de la Iglesia que estarían funcionando y que forman parte de la Asociación de Radios Católicas Argentinas (ARCA) y otros de los que sólo podemos afirmar que han sido solicitados al COMFER y desconocemos si actualmente están operando o no. Asimismo, aún no hemos podido indagar sobre aspectos vinculados con la recepción de esta diversidad y cantidad de medios que posee la Iglesia Católica. Sin embargo, en relación a los medios que son de su propiedad, podríamos hipotetizar que, en general, parecería tratarse de espacios de consulta, de construcción de argumentos y sentidos por parte de fieles, allegados y abonados antes que de periodistas u otros actores políticos (una excepción tal vez podrían ser organizaciones como Radio María Internacional o las fuentes oficiales del Vaticano en Roma). Para llegar a públicos masivos, las secretarías de prensa de los distintos episcopados apelarían también, y fundamentalmente, al uso de otros medios de comunicación masivos.

3. Conclusiones

Los actores y discursos religiosos continúan siendo el principal obstáculo para la efectiva vigencia de los derechos sexuales y reproductivos. Esto no es ninguna novedad ya que uno de los objetivos fundamentales de las principales religiones es el control del cuerpo como una forma de ejercer el control social. Las religiones han sido, y continúan siendo, un sostenedor principal del patriarcado y de la heteronormatividad donde las mujeres y las minorías sexuales son marginadas. Para la jerarquía de la Iglesia Católica la reafirmación de una moral sexual única y tradicional se ha constituido en una de sus misiones fundamentales.

Pero las principales religiones han mutado en su defensa de una concepción moral única y dogmática(12). Entender estas mutaciones y, a través de ellas, la complejidad del fenómeno religioso en las sociedades contemporáneas es imprescindible para lograr una sociedad más pluralista e igualitaria. El ideal de la modernidad que diagnosticaba la paulatina privatización y/o desaparición de la religión sólo puede pensarse como verdadero en algunos países europeos (e inclusive esta afirmación es debatible). En el resto del mundo, la religión continúa siendo, inevitablemente, una de las dimensiones políticas y culturales más predominantes. La modernidad no implicó la debilitación de lo religioso que continúa siendo una dimensión fundamental aunque con importantes cambios. El desafío no es, o al menos no lo es solamente, profundizar la secularización y la laicidad del sistema sino también entender que lo religioso continúa siendo parte de los sistemas democráticos.

En este artículo se buscó presentar tres niveles diferentes que, aunque interconectados, aluden a distintos tipos de influencias políticas de las religiones. En primer lugar, la separación Estado/iglesia que continúa siendo un nivel problemático en diversos países latinoamericanos. Por diversos motivos, las instituciones legales en algunos países aún otorgan una serie de privilegios a la Iglesia Católica que fragilizan a la democracia como sistema. A este nivel, sigue siendo importante presionar desde los movimientos sociales para la existencia efectiva de un Estado laico que garantice su autonomía e independencia de las instituciones religiosas.

En segundo lugar, se consideró la relación gobiernos y jerarquía eclesial que busca captar las dinámicas políticas concretas que se dan en los diversos países. Más allá de la estructura legal existente, o sea más allá del diseño institucional en la relación Estado/iglesia, los diversos gobiernos establecen relaciones diferentes con la jerarquía eclesial. Aunque es correcto sostener que la mayoría de los gobiernos, y de los partidos políticos, tienden a alinearse en temas de moralidad sexual con la Iglesia Católica debe también rescatarse que sectores políticos progresistas tienen mas posibilidad de articular políticas de gobierno sin responder a las presiones de la jerarquía eclesiástica. Por ello, la existencia de gobiernos en Latinoamérica que pueden caracterizarse como centro-izquierda representa una ventana de oportunidades para la profundización de los derechos sexuales y reproductivos.

En tercer lugar, en este artículo se rescató a la sociedad civil como una arena democrática a la cual el activismo religioso ha priorizado en los últimos años. Junto a la jerarquía católica es posible observar a un importante número de organizaciones no gubernamentales que, con diversas estrategias, se movilizan por defender la institucionalización de la familia como una realidad única y de confrontar el pluralismo que encarnan los movimientos feministas y de minorías sexuales. A esto se le suma el papel que los sectores religiosos tienen en los Comités de Bioética, ya que son una instancia importante para discusiones supra legales sobre cuestiones de género y sexualidad. Finalmente, la Iglesia Católica, al igual que otras religiones, tiene también una política de medios ya que ha comprendido la importancia que los medios masivos de comunicación tienen para las sociedades contemporáneas.

La distinción entre estos niveles permite una comprensión más compleja de las formas en que las religiones influencian la toma de decisiones. Los actores y discursos religiosos conservadores tienen una presencia política que requiere de estrategias diversificadas. Presuponer que la influencia de lo religioso se reduce a un problema de incompleta separación entre Estado e iglesia implica descuidar las múltiples y efectivas maneras en que el fenómeno religioso impide el cambio social necesario para una sociedad más justa.
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(1) Ver Bonnie Shepard ?The Double Discourse on Sexual and Reproductive Rights in Latin America: The Chasm between Public Policy and Private Actions?. Marzo 2000

(2) Junto con el tema de las parejas del mismo sexo,

(3) En este sentido puede pensarse la fuerte reacción de sectores conservadores a la pastilla del día después que se la ha atacado en diversos contextos como abortiva a pesar que la OMS ha indicado que no lo son.

(4) Este argumento está extensamente desarrollado en Vaggione, Juan Marco ?Los Derechos Sexuales y Reproductivos y el Activismo Religioso. Nuevas estrategias para su efectivización en Latinoamérica?. Ensayo ganador del Concurso Regional de Ensayo sobre Mecanismos para la Garantía y Protección de los Derechos Sexuales y Reproductivos en Latinoamérica organizado por la Red Latinoamericana de Académicas/os del Derecho (Red Alas).

(5) La idea de entrampamiento está sacada del artículo de Guillermo Nugent ?De la Sociedad Doméstica a la Sociedad Civil: Una Narración de la Situación de los Derechos Sexuales y Reproductivos en Perú? en Diálogos Sur-Sur (op.cit.)

(6) A esto agregan la esfera íntima (la familia). Ver Cohen, Jean L. y Andrew Arato (1994) Civil Society and Political Theory, The MIT Press, Cambridge, Massachusets y Londres, Inglaterra.

(7) Tanto la síntesis como el informe de las organizaciones pro-vida y comités de bioética fueron realizados por Angélica Peñas Defagó. Se puede solicitar el Informe ?Derecha Religiosa en América Latina, Principales Estrategias de Acción? a CDD Córdoba donde se desarrolla in extenso este análisis.

(8) Ejemplo de ello lo constituye Pro familia quien cuenta en la actualidad con 16 filiales radicadas a lo largo del país.

(9) Tanto la síntesis como el informe de las organizaciones pro-vida y comités de bioética fueron realizados por María José Franco. Se puede solicitar un informe más extenso, basado particularmente en Argentina, a CDD Córdoba.

(10) En el caso de las religiones pentecostales y de la iglesia universal, las comparaciones se realizaron a partir del acceso a parte del trabajo de campo, aún sin publicar, de la tesis de maestría de Rubén Gelhorn.

(11) Esta afirmación no pretende en absoluto minimizar el poder actual de esta religión.

(12) Para un análisis detallado de estas mutaciones ver Vaggione, Juan Marco “?Los Roles Políticos de la Religión: Género y Sexualidad mas allá del Secularismo” en El Nombre de la Vida, Córdoba 2005.

Publicado por la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir – 2006

FOTO: blogs.clarin.com