DEL LIBRO MUJERES DE SALTA TESTIMONIOS DE VIDA

Dora Maldonado Barrio Las Palmeras zona oeste- Salta(1)

Anda por la vida con los ojos muy abiertos. Soñando despierta con un país sin pobres. Su mayor anhelo no cristalizado, fue el de llegar a ser Asistente Social o Abogada, para defender los derechos, no sólo de las empleadas domésticas, sino de todos los trabajadores.

Derechos que le fueron negados a ella, como a tantos niños en este país, cuando a corta edad escolar, debía levantarse al alba para vender diarios, en Villa Luján, San Miguel de Tucumán, donde nació.

Sus días transcurrieron trabajando por la mañana, asistiendo a clases por la tarde y memorizando tablas de multiplicar junto a la historia de la gesta de San Martín y Belgrano, por las noches. En una familia humilde de siete hermanos, compartiendo necesidades de todo tipo con su madre, ama de casa y su padre canillita.

Fallecido su padre, cuando aún no había cumplido los doce años, le confirieron la responsabilidad de ?mayor?junto a dos hermanas de más edad y con su madre, partió a trabajar al campo. Cosechar cítricos, habas y arvejas fue su trabajo diario, aterida de frío, caminando kilómetros y kilómetros de ida y vuelta para llegar a la finca. Vencida por el cansancio porque ?era muy flaquita, no tenía fuerzas y poníamos la bolsa acá (en la cintura) para llenarlas de arvejas. Me sentía muy cansada?recuerda

Disfrutó de un alivio momentáneo cuando dejó el campo para regresar a la ciudad como empleada doméstica Con un rictus de amargura y rabia evoca ?como empleada doméstica dormía en cualquier lado, donde me ponía la patrona, era muy duro todo, si ahora es terrible la marginación, antes en la catrera, en un colchón viejo y había cualquier cantidad de cosas viejas donde te tiraban a dormir y aparte maltrato, cosas terribles?y mal pago y con los pesitos que pagaba la patrona, tenía que ayudar a mi mamá?

Quedó viuda muy joven, después de un breve matrimonio y dos hijos. Situación que la trajo a Salta, donde residía una hermana, a clasificar porotos primero, y a continuar trabajando como empleada doméstica hasta el día de hoy.

Querría haber estudiado, pero se lo impidieron Las humillaciones y violencia que padecían entonces las empleadas domésticas incluían comer sobras lejos de la mesa del patrón, rasquetear y encerar el piso con un pesado cepillo de hierro, que se les rapara el pelo y se las vistiera de criadas y sufrir el encierro arbitrario cuando servían cama adentro.?El encierro que teníamos no podíamos salir, permanentemente atendiendo al patrón, si ahora nomás ir a la escuela?no sabés? ahí nomás te quedás, por eso las chicas, las cama adentro, no tienen permiso necesario, yo les creo cuando ellas dicen no podemos estudiar, no podemos hacer nada porque tenemos que estar pendientes de la casa de la patrona?asegura.

En algún momento sintió que debía comenzar a luchar para que se le realizaran los aportes provisionales, que se cumplieran las leyes laborales y solicitó su libreta de trabajo. Comenzó así, una larga y comprometida batalla por los derechos de las empleadas domésticas. Hoy sueña con poder realizar cursos de capacitación sindical para mujeres, porque los sindicatos son manejados generalmente por hombres. Y en algún sitio, aunque sin título, Dorita emerge como la asistente social, como la abogada de las empleadas domésticas para las que busca, incansablemente, reconocimiento y justicia.(2)

Con el advenimiento de la democracia y luego de varios intentos fallidos se constituyó en Salta, la Unión Sindical de Empleadas Domésticas de la que Dorita fue Secretaria de Prensa. Asumió como una obligación el tomar cursos de capacitación en cuestiones gremiales que le permitieron organizar y dirigir como Secretaria General, el Sindicato de Empleadas Domésticas de la Provincia de Salta, desde donde logró la Personería Jurídica e inscripción gremial para el mismo.

Con el esfuerzo compartido con las compañeras de la Comisión Directiva pasó de asesorar y efectuar afiliaciones sobre un cajón de manzanas en una calle peatonal, a ocupar un espacio físico en el edificio donde funciona la Confederación General del Trabajo.?Allí empezamos el trabajo-asegura-a convocar a todos los empleadores, a capacitar, a concienciar. Seguíamos saliendo a la Peatonal, porque era un punto muy estratégico, en el sentido que la empleada doméstica y la empleadora iban juntas al mercado y allí era donde les hacíamos conocer la escala salarial?

Con el tiempo, en esta Confederación cumplió funciones de Secretaria Arbitral y Revisora de Cuentas, situación que la expuso a las amenazas y agresiones de quienes conducían la casa de los trabajadores/as

Expulsada injustamente del sindicato, esto no le impide continuar trabajando como autoconvocada por una escala salarial justa y un proyecto que revea el Decreto Ley 326 de 1956, prácticamente, la única norma legal que rige al sector.

Dorita anda por la vida con su figura menuda y los ojos abiertos, para ver el día en que un sector tan postergado como el de las empleadas domésticas, puedan disfrutar de todos los derechos, la dignidad y la justicia.(3)
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(1)Las Palmeras es un barrio de la zona oeste de la ciudad. Lentamente se está alejando de su condición de asentamiento, dado que, en la actualidad, se lo está dotando de energía eléctrica, red de agua potable, servicios sanitarios y telefonía. Se ingresa él por la calle Zacarías Yanci. Según Dora Maldonado, la mayoría de las mujeres que residen en este barrio se desempeñan como empleadas domésticas.

(2) Dado que el 30 de Marzo se celebra el Día Internacional de la Empleada Doméstica, Dora Maldonado, se encuentra trabajando desde 2005, para poder erigir, en el ejido de la ciudad de Salta, un Monumento a la Empleada Doméstica y en la organización de la Asociación de Trabajadoras del Hogar en Casas de Familia.

(3)?Para combatir la informalidad histórica del sector, la Administración Federal de Ingresos Públicos, envió (a principios del año 2006) 200.000 cartas a contribuyentes que cobran más de cuatro mil pesos y no tienen declarada ninguna trabajadora doméstica en su hogar.?Diario Clarín,18/01/06

?Las proyecciones estiman que son poco menos de un millón en todo el país. De ellas, solo 50.000 existen en los registros oficiales, lo cual significa que son las únicas habilitadas para, en el futuro, cobrar una jubilación, aunque la Ley que lo prevé existe en los papeles desde 1956 .Pero algunas empleadas domésticas temen que la regularización de su situación laboral termine, en realidad, perjudicando la relación con sus ?patronas?.Gimena Fuertes, Suplemento Las Doce, Diario Página /12, 27/01/06

FOTO: gs253.wordpress.com